Huracán George…

Por JOSE ANTONIO MATOS PEÑA

A los 24 años de su arribo destructivo a República Dominicana, recordamos hoy el anuncio, sobre todo en la mañana, de que nos interesaría la isla por la parte oriental, habidas cuentas de que mientras devastaba a Puerto Rico, que los meteorólogos de allí insistían en la inminente llegada a este territorio; además, autoridades fundamentales del área local, descartaban su paso por ésta. Los expertos como John Morales, si mal no recuerdo, desde Borinquen alertaban al pueblo dominicano, a prepararse, por la televisión posible, radio y llamadas telefónicas nos llenábamos de dudas e incertidumbre, mientras subían las hora de la mañana.

Las autoridades, según se filtró, lo negaban en aras de no provocar desasosiego en la población, la cual, junto a su escepticismo natural, hiso resistencia a desplazarse de lugares de peligro. En el sur, desde el valle de San Juan, visto que no se previno lo que venía, se perdió el tiempo de ejecutar lo más elemental, que lo constituía el desfogue de la presa de Sabana Yegua, tarde ya, se juntaron aguas abajo las lluvias y el monumental descargue de la presa, estimada en 10, 300(diez mil trescientos) metros cúbicos por segundo.

Juntos, estos dos caudales de muerte, empezó su terea de destrucción en Quijada Quieta, San Juan de la Maguana, siguiendo su curso de muerte y destrucción aguas abajo, pasando por Tamayo y localidades aledañas, Vicente Noble, los Menas, Uvilla, Bateyes de las tres provincias de este Valle de Neiba y provincia Independencia.

Quien suscribe, esperó y sufrió los embates de la tragedia de marras, que entre otros daños materiales, una finca ganadera, establecida en el mismo trayecto de las aguas hacia su destino inmediato, la Hoya de lago Enriquillo, allí, teníamos un ganado, cercano a las 194(ciento noventa y cuatro) unidades, de las cuales, propias eran alrededor de 120, las demás, de familiares y amigos, consumidas por una cerca terrenal que fue sedimentada , en lugares, hasta de cuatro pies de espesor; un lodo proveniente del fondo de la presa de Sabana Yegua y las cuencas medias y altas del Río Yaque del Sur (este sedimento, se asegura, hizo un fondo de alrededor de 5 metros de espesor en el lago Enriquillo). Mientras ocurría a todo esto, se produjo lo que llamamos las inundaciones del lago Enriquillo, que real y efectivamente se dieron a partir de día 23 de septiembre 1998 y duraron en mayor medida, alrededor de una semana, pero sus efectos de muerte perduraron por muchas, dada la ausencia de respuesta del estado; somos, un fiel espejo de aquella tragedia y abandono, al no recibir la mano solidaria del estado dominicano, y peor, sí, el despojo de parte importante de mi propiedad por el Banco agrícola de entonces, quien la ejecutó abusiva e ilegalmente, para adjudicárselas a manos, para mi hasta ahora, desconocidas.

Este artículo lo escribo, además de recordarlo como espejo de lo que no debiera volver a pasar, indignado por declaraciones de Rubén Toyota, alto dirigente del un partido político, y parte del gobierno al que le tocó la culpa de todos estos errores, cuando dijo, esta semana, que su gobierno previno y auxilió a los dominicanos en esas tragedias, sólo pregunto, yyy… en qué país lo hizo?.

 

POR JOSÉ ANTONIO MATOS PEÑA

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