Hora de la escuela

Por Manuel Hernández Villeta

La escuela dominicana necesita romper ataduras con el pasado. La obsolescencia se adueña de las aulas. Los profesores son burócratas que solo esperan cobrar el salario mensual, y para muchos lo principal no es la enseñanza, sino el desayuno y el almuerzo gratis.

Hay que renovar prácticamente  la mayoría de  los libros de texto de la educación básica. Modernizarlos. Que estén adecuados a las necesidades de la formación de los niños en un siglo 21 que avanza.

Hay tratados de historia que tienen que ser cambiados. Las nuevas investigaciones  han presentado realidades históricas y echado a un lado los mitos y los falsos heroísmos. Hay que tener compendios de historia que coloquen  la visión del pasado  en su real pedestal.

Así pasa con todos los renglones. Solo hay que poner un poco de atención a la actualización de los libros de textos, y dejar fuera a los que no van con los nuevos tiempos. Hay que tratar de unificar el pensum de la educación en los colegios y en las escuelas públicas.

En el papel se da esa unificación, pero se olvida que  el sistema educativo tiene reglas que alcanzan y deben ser  respetadas por todos los sectores. En la práctica no es así. Los colegios privados tienen sus propios reglamentos. En los colegios de élite no se sabe si el primer idioma es el inglés o el español.

A la escuela pública hay que darle un mayor impulso. Cuando se observan los exámenes finales de los estudiantes uno se llena de espanto. La formación es débil. Culpa de todos los gobiernos. Han dispuesto más para el litoral político, que para los planes pedagógicos.  El gremio que aglutina a los maestros  está conformado para conseguir mejores salarios y conquistas económicas. Muy poco hace en la mejoría de la docencia.

Hacen falta maestros para atender a las escuelas públicas. Las pruebas que se hacen para calificar a los que tendrán trabajo, son deficientes, y en ocasiones hay filtraciones que perjudican su credibilidad. En la crisis actual del magisterio, donde no hay vocación ni dedicación a la enseñanza, hay que agilizar los trámites para llenar las vacantes.

En los institutos donde se preparan a los maestros se tiene que   resaltar lo que es la vocación de enseñar. El maestro va pensando en el salario y en los préstamos, y lo demás no importa. Por la vía que sea, la escuela tiene que mejorar.

El futuro dominicano depende de que hoy se imparta una buena enseñanza en la escuela pública. Es un equilibrio del sistema. Magnifica educación en los colegios, y pésima en las escuelas. A todas luces es una brecha social que se ahonda y se torna insalvable.

A trabajar por un mejor magisterio, una mejor enseñanza, un mayor apego a lo que debe ser un sacerdocio. Que se espere el pago  los 25, pero que no sea lo principal a la hora de tomar la tiza y el borrador. A la escuela que llegó la hora de cumplir con nuestro deber. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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