Hombre y Fauna  en la obra sígnica de Antonio Guadalupe

Por María De las Nieves Fals Fors lunes 22 de julio, 2019

En la década del 40, en la lejana Moca más allá del tiempo, nació un niño y  vino al mundo lleno de curiosidad por el  entorno. La Moca de Jacobito de Lara, de Ramón Cáceres, y Horacio Vásquez, la Moca de Parques y de cabellos negros en piel color dorado, la de los de la Maza viriles y de pecho firme, era la cuna de un artista cuya obra podemos nuevamente disfrutar, esta vez en el  amable ambiente de la Quinta Dominica entre el 10 de julio y el 28 de agosto de 2019.

Con nuestra visita, tendremos el honor de navegar en las creaciones de ese maestro mocano y universal, niño-adulto-explorador-investigador acucioso, línea y color desbordado del tabique del dibujo, sensible y firme a la vez, llamado Antonio Guadalupe. Protegidos por sus artísticas sombrillas hechas de sol, fauna, agua y humanidad, nos diluiremos en el crepúsculo veraniego, en la magia de los signos con los que venimos a dialogar: pájaros-peces-soles, siluetas que rompen la relación figura fondo, dibujos que sacuden y nos llevan desde el ángulo más agudo hasta la línea de la ternura.

Es la fiesta de la Fauna, en la que el Hombre como especie y no como género, viene a sentir y a vivir la experiencia de la catarsis, de lo mágico, de la raíz ancestral parida en una trilogía de vida, de muerte, de dominio y de seducción en la que  el yelmo hispano hizo el amor con el tambor mientras  el cemí danzaba su último ritual de guerra.

De ahí entre sonidos de trompeta y fragores de vida salió el producto nuevo de la identidad dominicana en la que Guadalupe explora, rebusca para crear su otro yo, mezcla de cosmos y de semilla, mezcla de cálidos azules, de amarillos frescos como el oro y de gélidos rojos en una intensa y líquida unidad y lucha de contrarios.

Nos rondarán  en espíritu sus maestros y mentores Poncio Salcedo, Yoryi Morell, Philo Grinilli, Aida Cartagena, Máximo Avilés Blonda y Gilberto Hernández Ortega, los que supieron descubrir que los discípulos son la perpetuación y trascendencia de la magia del ser. Estarán acá sus compañeros de sueños, de creación y de vida, promotores culturales, galeristas, alumnos, artistas, amigos, coleccionistas y un público ávido de sentir y vivir al filo de las creaciones que se muestran en estas paredes antes vacías, ahora cubiertas de sentidos y de palabras pintadas.

La trayectoria artística y didáctica de este maestro de las artes y de la cultura nacional es bien conocida, desde su primera exposición individual en 1968, la creación de la academia Van Gogh, obra de sus esfuerzos  que dio origen a la  Academia de Bellas Artes en su ciudad natal,  sus murales que se agitan Señalando el Camino en las paredes de la Cámara de Diputados, haciendo un canto a la Alegría en la Escuela de Formación de Aduanas, mutando en un Reflejo de cristal en la Torre Caney y rompiendo los encierros en la búsqueda del Nuevo Lemba de la Libertad en el Museo del Hombre Dominicano.

También han destacado sus obras de caballete, su Cristo crucificado negro sobre blanco, vida sobre muerte, rompiendo en cuatro pedazos el infierno de la maledicencia y del dolor; o ese otro Cristo de  azules asimétricos sobre peces o pájaros o entes o todo o más.

Su toro de tres cabezas separadas, hijo de una tauromaquia confusa, perenne, fálica, manchada de ojos multiplicados e inquisitivos.  La naturaleza, los bohíos, el sol, la figura humana y sobre todo lo espontáneo, lo joven, lo que nunca va a morir.

Los premios recibidos por sus creaciones han sido varios. Entre ellos destacan el Primer Premio de pintura de la XVI Bienal de Artes Plásticas de 1993, Premio de la Galería Arawak, Mención de Honor en Francia en Cannes del Sur y premio en el concurso sobre la alimentación de la FAO (Naciones Unidas).

Según el  propio Guadalupe en entrevista a Leydy Vásquez en el 2018 el ser humano siempre tiene una asignatura pendiente, en su caso lo mueve la necesidad de expresarse para que los demás observen cosas. Es por eso que su obra de sentidos ancestrales, ha recorrido el mundo dialogando, portando la esencia de lo dominicano, de aquello que nos hace únicos, diferentes y por tanto universales.

Es el tronco de lo propio que lleva con sus cuadros flotando al viento a  la primavera de Nueva York, al centro de la Tierra en el centro Guayasamín en Ecuador, a la Municipalidad de Lima, la ciudad sin lluvia cargada de jardines, a la Bienal de Venecia, a la Francia de Van Gogh, el holandés eterno de los soles y los cuervos, a Santiago, a Moca.

En todo y en todos, en cada puerta o ventana que nos lleva al otro lado,  está el mensaje inmensamente sígnico, inmensamente perdurable del Maestro Guadalupe, reflejo de su necesidad de decir, de engendrar hijos-obras, de sembrar,  de vivir fuera y dentro de sí mismo a través de cosmos del arte y del quehacer.

Vayamos todos, Hombres, mujeres, fauna, estrellas y recuerdos a navegar sobre el espejo multicolor de este encuentro nuevo en la Quinta Dominica donde un Guadalupe insomne nos espera con el corazón abierto.

Por María de las Nieves Fals Fors.

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