Historia, regionalismo e inversión

Por Luis Eduardo Díaz Franjul jueves 2 de marzo, 2017

“Remodelación del Parque Independencia”, “El Conde sin calle”, La Puerta del Conde: turrón de jagua”, y “El Conde: guetto de buhoneros”, son los articulos que he escrito sobre la zona colonial de Santo Domingo. Por eso me llamó la atención la carta del señor Roger Mendietta dirigida al Presidente de la República, Lic. Danilo Medina (Diario Libre, 23/2/2017). Cito: “Con gran sorpresa leo que los encargados del proyecto de remodelación de la Zona Colonial recibirán millones de dólares para la segunda etapa, y no han terminado la primera. Señor Presidente quisiéramos los moradores del sector que usted girara una visita para que vea las condiciones de esta zona: cables eléctricos guindando por doquier, aceras rotas, fugas de agua, calle El Conde en decadencia total (Meriño y Católica) han sido mal intervenidas sin lograr soterrar cables en ambas”.

Esta carta me hizo recordar mi primer artículo publicado en 1976 en el desaparecido vespertino Ultima Hora con el título “Regionalización de la inversión” partiendo de una inversión de RD$80.0 millones anunciada por el gobierno del Dr. Joaquín Balaguer para remodelar la ciudad de Samaná. Con el préstamo de US$30.0 millones (RD$1,410 millones, al 47 X 1) otorgado por el BID a la República Dominicana se completaría la primera etapa de remodelación de la Ciudad Colonial. Según se ha publicado una segunda etapa costaría US$90.0 millones de dólares, para adornar con cifras la carta del señor Roger Mendietta.

En mi artículo de 1976 dije que en vez de invertir tanto dinero en Samaná era preferible invertir RD$25.0 millones en el “Complejo Industrial de la Zona Sur”, un proyecto industrial preparado por la desaparecida CORDE que consistía en la construcción de una fábrica de cemento en Barahona, la explotación de mármol y travertino en Canoa; la construcción de un muelle en Barranca, Bahía de Neiba y el traslado de las instalaciones de la estatal Sal y Yeso a Barranca. Ese proyecto nunca se realizó porque a diferencia del Estado de la Era de Trujillo el Estado Social y Democrático de Derecho dejó de ser la maquinaria productora del país.

En el artículo “La Moratoria” publicado por Joaquín Balaguer en el periódico La Evolución, en noviembre de 1931, él dijo que Estrella Ureña “gira de acuerdo con influencias provincianas, mientras que Trujillo era un enemigo jurado del provincionalismo” (en los tiempos que Trujillo llevaba una campaña tendente a aplacar, y aplastar, los sentimientos regionalistas, que si bien sabía, podían causarle daños irreversibles a su poder). Decía Trujillo que el regionalismo era como un banderín de discordia entre la familia dominicana; que solo creía “en la República Dominicana, en la Patria Cívica, madre común de todos los dominicanos, cuna, regozo y tumba de todos los patriotas que sueñan con la nación organizada, al amparo de al paz y el trabajo” (“Balaguer y Trujillo – Entre la espada y la palabra”. Francisco Rodríguez de León. 1996).

 

El veredicto de la historia todavía merodea la inversión pública (vista como “Común Denominador” de la historia) realizada en el Estado de la Era de Trujillo (1930-1961) y en los 22 años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer (1966-1978 / 1986-1996). En ambos casos las obras de infraestructura se hacían con fondos públicos no comprometidos, es decir, fondos del Presupuesto General del Estado provenientes de impuestos directos e indirectos donde el financiamiento internacional era nulo, como en el Estado de la Era de Trujillo, y mínimo o discreto en los 22 años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer. Es financiamiento externo en cualquier gobierno es también otro Común Denominador de la historia.

 

En el Estado de la Era de Trujillo, lo que se conoce como “pago redención total deuda externa bonos empréstitos 1922 y 1926”, según dispuso la ley 1481 del 18 de julio de 1947, no es más que el cheque No.263706 de fecha 19/7/1947 por valor de RD$9,271,855.00 según Acuerdo Trujillo-Hull de 1940. Ese cheque fue pagado por el Estado al Representante de los Tenedores de Bonos para saldar la deuda externa de la República Dominicana. Desde entonces, hasta la hora de su muerte, Trujillo dejó el país con “cero” endeudamiento externo aunque con muchas cruces en los cementerios. En sus últimos minutos Trujillo, al igual que Salvador Allende, defendió sus creencias con su propia sangre (“Libros sobre Trujillo”. Listín Diario. 12/11/2007).

 

En 1946 se crea por Ley del Congreso Nacional el Banco Central de la República Dominicana para mantener el Sistema Monetario en base a la Constitución de la República así como velar por el mantenimiento y control de la estabilidad y desarrollo de la economía nacional. El Banco de Reservas se creó en 1941 y el Banco Agrícola en 1945. Dentro de este entorno, en un mensaje presentado al Congreso Nacional, Trujillo dijo que la independencia y soberanía de un país no dependen solamente de su independencia política; que esta viene a ser meramente teórica si el país no ejerce al mismo tiempo su dependencia financiera y económica. (“Memorias de la Era de Trujillo. 1910-1961”. Ramón Emilio Saviñón. 2002).

 

Quizás por eso no resultarían extrañas las declaraciones del historiador Frank Moya Pons quien dijo que la historia trujillista sigue siendo revisada aún porque “no todo lo que se escribe era falso”. Admite que en la Era de Trujillo hubo una tergiversación voluntaria de la historia porque había que construir una “Historia heróica” de salvación de la patria -, en alusión al diplomático e historiador Manuel Arturo Peña Batlle (El Día, 28/11/2016). Por lo tanto hay que ver cuales textos han tergiversado la historia después de Trujillo, donde la “tergiversación” se convierte en Común Denominador o imperativo para aclarar o transparentar la historia si partimos de lo que abajo dice Roberto Cassá sobre el Estado de la Era de Trujillo.

 

Roberto Cassá, historiador y actual director del Archivo General de la Nación, se refiere al Estado de la Era de Trujillo como un asunto muy complejo y difuso, señalando lo siguiente: 1 – Trujillo completó la modernización del Estado, 2 – Concretó un Estado completamente moderno, centralizado capaz de ejecutar políticas públicas en beneficio de una orientación determinada y, especialmente, de la formación de capitales, 3 – Relación que tenía Trujillo con los grupos políticos, 4 – El papel de las Fuerzas Armaras, 5 – La visión desarrollista del Estado a través de inversión de capital, mayormente en la construcción, 6 – Uso del Estado con fines de acumulación de capital, 7 – La corrupción, y 8 – El papel estratégico en la reproducción del dominio social y político. (Diario Libre, 30/5/2016).

 

De los puntos arriba señalados, antes de aplicar el Común Denominador, podría decirse que no habría diferencia alguna entre el “Estado de la Era de Trujillo” y el “Estado Social y Democrático de Derecho” que tenemos” desde 1961 a la fecha, con las salvedades correspondientes de forma o de fondo. La misma comparación aplica a los 22 años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer tomando en cuenta los señalamientos que sobre el Estado de la Era de Trujillo hace Roberto Cassá. Sería pues un “asunto complejo y difuso” tanto el Estado de la Era de Trujillo como como todos los gobiernos que integran el Estado Social y Democrático de Derecho a partir de la muerte de Trujillo.

En sentido general, para evitar cualquier disgusto en los vericuetos de la democracia y la dictadura habría que aplicar el “Pragmatismo” como categoría de investigación para la interpretación de acontecimientos históricos que pudieran revelar contradicciones (Ref./Google: “Azar o cisne negro”); y el “Común Denominador” como herramienta de investigación para la interpretación sectorial de la historia en interregnos de distintos gobiernos. El Pragmatismo y el Común Denominador aclaran el aspecto político, económico y social para interpretar la historia, descartando hechos e inquietudes que la convierten en “conversatorio de loros” y en incógnita.

Pero como los tiempos cambian este artículo debió llamarse “Racionalización de la inversión” por el hecho de comparar el menor costo de remodelación de Samaná versus el mayor costo de remodelación de la Ciudad Colonial. Con el dinero de la Ciudad Colonial se hubieran remodelado las ciudades de todas las provincias del país en 1976 como también gran parte de Santo Domingo, incluyendo la zona colonial. El dinero sobrante se habría aplicado al desarrollo de la productividad pero ya es muy tarde para preguntar a Trujillo y Balaguer, si resulta mejor invertir en la remodelación de ciudades o en obras de infraestructura para contribuir con la productividad y el crecimiento económico junto con el sector privado (Ref./Google: “PIB 2.0 – Pacto por la Productividad”, “Teoría de la desigualdad”, “Galaxia económica”).

 

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