Historia negra de Balaguer: Los doce años

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 23 de octubre, 2020

Si aquí o en Cuba llamaran héroe a Policarpo Soler, sorprenderían a muchos sectores de opinión pública, lo mismo pasaría si le pusieran ese calificativo al calificativo matón (pistolero) Rolando Masferrer. No así, si en Cuba le llamaran apóstol de la independencia de Cuba a Carlos Manuel De Céspedes; nadie o casi se sorprendería en nuestro si comparamos Manolo Tavares Justo o a María Argentina Minerva Mirabal Reyes con Juan Pablo Duarte, ya que ese debe ser el sitial que ocuparían, inicuo seria no pensarlo así. Sorprendería en Estados Unidos quisieran llamarle a Trump padre de la democracia liberal que tanto pregona el capitalismo, pero no sorprendería, si se le llamara así a Abraham Lincoln o John F. Kennedy.

De esa manera, sorprende que a Balaguer se le siga llamando padre de la democracia, más le cabria llamarle padre de una forma peculiar de dictadura en El caribe. A Balaguer se le podría llamar padre del despotismo bonapartista caribeño, especie de una democracia muy restringida, que no merece el nombre de democracia. Precarias, muy precarias, fueron las libertades públicas en los Doce Años de Balaguer.

Balaguer fue un discípulo de Trujillo, no fue Trujillo balaguerista, Balaguer si fue trujillista. Un discípulo de Trujillo, que siguiera bien sus enseñanzas, no pude ser considerado Padre de la Democracia como han llamado a Balaguer Padre de la Democracia. La democracia implica la tolerancia a las libertades ciudadanas, y Balaguer fue intolerante a las libertades de los ciudadanos y de las ciudadanas.

Fue un gobernante muy coherente, en su estilo, con la intolerancia a las libertades políticas, la represión fue el soporte para mantenerse durante doce años en el control de poder político parodiando la democracia representativa. Habiendo sido educado como estadista en la escuela trujillista, solo tenía que ser asesorado por quienes desde lejos –pero con el poder fáctico- se oponían al liberal y popular Bosch y el PRD. Su gobierno fue una imitación burlesca de la democracia representativa.

El autor de este artículo recuerda muy bien hechos que vio durante los procesos electorales de 1970 y 1974. En el año de 1974 vio como un jeep de la policía portaba una bandera alusiva al Partido Reformista, en plenos días de campaña.

El  Dr. Joaquín Balaguer  la democracia, cuando esta no es un sistema o régimen  económico social, lo que sí es el socialismo (comunismo como prefieren llamarle algunos); la democracia es un modo de conducir el orden político en la sociedad, pero no es un régimen social. El odio visceral o animadversión que Balaguer no ocultaba sentir por el socialismo o el comunismo, odio heredado, asimilado e integrado a su cultura política, fue aprendido durante la tiranía trujillista, teniendo por gran maestro al general Rafael Leónidas Trujillo Molina.

Se puede decir que Balaguer sentía una suerte de fobia al comunismo, pero más que el temor que puede sentir por ignorancia y por la propaganda anticomunista un habitante de la zona rural al socialismo o comunismo, el temor de Balaguer residía en la posibilidad de que los opositores no lo dejaran ostentar el poder y lo desplazaran del mismo. El comunismo fue usado por él para mantenerse en el gobierno, lo que aprendió de Trujillo, como un cuco.

Para entender lo que fue Balaguer y su intolerancia, solo basta transcribir el primer párrafo del discurso que pronunciara a La Nación en febrero de 1967, reproducido integro por la edición del 5 de febrero del 1967, en la pagina 2: “Hay muchos dominicanos que todavía se pregunta, con ingenuidad digna de un cuento de hadas, si en el país existe o no una conjura comunista susceptible de poner en peligro la soberanía nacional y la seguridad del Estado.

Los documentos que la policía venezolana ocupo a Fernando Arturo De la Rosa Ruiz, secretario de Capacitación del Sindicato de la Compañía Dominicana de Teléfonos, a raíz de una detención en Venezuela el 23 de diciembre de 1965, prueban el grado de penetración a que ha llegado la labor del comunismo en la sociedad dominicana. En 5 años, gracias a una labor paciente y sistemática, el comunismo ha perforado todas las líneas de resistencia con que cuenta el país para su subsistencia como pueblo libre y como sociedad democrática.

Tenemos hoy comunistas, entrenados en Cuba, en Moscú, en la China Comunista, en todas las universidades rojas del universo y no solo en nuestras organizaciones sindicales sino   también en las escuelas, en el INDHRI, en INAPA, en la Reforma Agraria, en el Secretariado Técnico, en las universidades, en los centros de recreo, en las asociaciones deportivas y hasta en la Policía Nacional y en las propias Fuerzas Armadas. Son pocos los hogares a donde en alguna forma no haya llegado el zarpazo de la bestia roja que amenaza hoy en el mundo entero la civilización cristiana”.

Según lo dicho Balaguer hace casi 54 años, cuando apenas hacia menos de 18 meses de la firma del armisticio que puso fin a la Guerra de Abril, el comunismo era como un cáncer que había hecho metástasis y había que extirparlo, para evitar la muerte por septicemia de la sociedad. Él era el cirujano indicado para limpiar el cuerpo de la sociedad, olvidándose del favor de los constitucionalistas de permitir y tolerar su estadía en el país, se trataba de una cacería revolucionarios. El asesinato político ejecutado desde las esferas del Estado se puso a la orden del día.

Aprendió de la satrapía trujillista a usar el poder, gobernar con la fuerza, valiéndose de las fuerzas armadas, la policía, la propiedad y los recursos pecuniarios para dirigir la sociedad, pero tomando en cuenta la participación de los ciudadanos  en las decisiones importantes. Gobernar con la fuerza, sometiendo al orden por la fuerza, pero no gobernar contando con la voluntad soberana de los ciudadanos.

Por eso, Los Doce Años del balaguerismo son una página negra en los anales de la historia dominicana, con los crímenes Estado: torturas, asesinatos y desapariciones enigmáticas, para poder justificar un proceso de acumulación originaria que propicio Balaguer. No hay que ser tan vidente para poder entender. Hay quienes todavía quieren llamarle padre de la democracia.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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