Hipnosis y catalepsia

Por Alcides Pimentel Paulino viernes 9 de abril, 2021

Desde mi infancia me ha interesado la hipnosis. Se trata de un fenómeno misterioso, tanto para la Ciencia como para el público en general. Cuando investigas sobre este intrigante asunto, inevitablemente se produce una conexión con la catalepsia, los zombis, el vudú y la enfermedad conocida popularmente como “la gota”.

Según la Asociación Americana de Psicólogos (APA), “la hipnosis es un procedimiento mediante el cual un profesional de la salud sugestiona a su paciente, lo que hace que este experimente cambios en las sensaciones, percepciones, pensamientos o
comportamientos”.

La televisión, el cine, el teatro o el circo nos han acostumbrado a ver la hipnosis como algo mágico; como una técnica que permite controlar la mente de otros. ¿Se pueden llegar a cometer crímenes guiados por personas con malas intenciones?.

Todo esto es falso, es parte del espectáculo. Se trata de un engaño y un cebo para atraer espectadores. No es verdad que durante la hipnosis, el hipnotizador controle al hipnotizado. Nunca se ha conseguido que un hipnotizado realice algo en contra de su voluntad. Durante la hipnosis, la capacidad racional del paciente sigue funcionando, pero de una manera diferente.

Es mentira que se pierda el control sobre las funciones sensoriales, motoras o corporales. Aquello de que al hipnotizado se le caiga un brazo, no pare de reírse sin motivo o cacarea como una gallina, es un “tongo”. Eso de perder el control con unas palabras y despertar después, olvidando lo sucedido es pura ficción. Olvidar que alguien nos ha dado una información se llama “amnesia de fuente”.

El supuesto “trance” experimentado durante la hipnosis es concentración. Durante la hipnosis, nos
centramos en los objetivos y olvidamos lo demás.

Existen farsantes que se hacen llamar hipnoterapeutas que afirman sanar casi todo.

Son los chamanes del siglo XXI. Las terapias solo con hipnosis son falsas. Los farsantes
de la hipnosis siempre dirán que tu subconsciente no aflora a través de preguntas
tendenciosas.

El padre de la hipnosis es James Braid, que la utilizaba en el siglo XVIII. La
hipnosis es una técnica que utilizan, principalmente, psicólogos y psiquiatras para
tratar a sus pacientes.

Se creía que la hipnosis incluía un fluido magnético al que
llamaban “magnetismo animal”. La hipnosis tiene tres fases: la inducción, la fase
terapéutica y la salida.

La hipnosis existe, pero es muy diferente a lo que hacen en las películas. Se entra en
hipnosis mediante un proceso llamado “inducción hipnótica”, aunque se puede llegar
mediante la “autosugestión”. El estado hipnótico existe entre la conciencia despierta o
normal y el sueño.

Los científicos utilizan electroencefalografía para medir los estados
de conciencia a través de ondas cerebrales. Cuando una persona no está despierta, está dormida, soñando o meditando, pero mediante la hipnosis, su actividad cerebral no se corresponde con ninguno de ellos.

Durante la hipnosis se producen ondas Thetas. Las distintas ondas cerebrales se relacionan con diferentes estados de conciencia. Las gamas (conciencia), las Beta (Estado de alerta), Alfa (relajación, visualización, creatividad), Theta (meditación, intuición, memoria) y Delta (conciencia separada, sueño).

Las ondas gamma y theta pertenecen a la mente consciente durante la vigilia. Delta, la frecuencia más baja,pertenece al sueño profundo. El estado hipnótico se produce entre las ondas alfa y theta.

Se puede llegar a theta mediante la meditación profunda y los estados psicodélicos. Durante la hipnosis, el hemisferio derecho de la corteza cerebral
(asociado a la creatividad y la imaginación) se activa mientras que el hemisferio izquierdo (asociado al razonamiento lógico consciente) disminuye.
La hipnosis provoca cambios en el funcionamiento del cerebro. No todas las personas pueden ser hipnotizadas por igual, ya que tenemos diferentes estructuras cerebrales.

Unas personas son más sugestionables que otras. Existen estudios que afirman que las personas a las que no es posible someterlas a “trance hipnótico” tienen menor conectividad en las áreas asociadas al control ejecutivo (planificación, organización o memoria a corto plazo). Si una persona se niega no hay forma de hipnotizarla.

La hipnosis se consigue a través de un lenguaje permisivo y simbólico. Las palabras son
como metáforas que reconoce el inconsciente.

Esto nos recuerda que la forma de hablar (oratoria) determina en buena parte la sugestión. En la antigüedad se utilizaba
la hipnosis como canal para comunicarse con lo divino.

La hipnosis sirve para conocerse a uno mismo y centrarse en lo que hacemos. Es eficaz como terapia de tipo cognitivo conductual o psicoterapéutica. Diversos estudios afirman que la hipnosis facilita el sueño profundo. La hipnosis se ha demostrado eficaz para aliviar el dolor crónico, dolor de parto (hipnoparto), contra el tabaquismo, trastorno de estrés postraumático, obesidad, tolerar sustancias desagradables, hacer que el tiempo pase más deprisa, dar tranquilidad, seguridad, favorecer alteraciones emocionales. Mejora síntomas de ansiedad, asma, nauseas, vómitos en la
quimioterapia, fobias, estrés, depresión, trastornos del sueño.

Se ha probado su utilidad o eficacia en la cirugía y hasta en la adicción al juego. Imaginar una persona a la que de niño le repetían, “nunca serás nadie, eres un perdedor”. Es probable que esa persona no luche para progresar en la vida y se deje llevar hacia el abismo, ya que está convencido de que nunca logrará nada. Con hipnosis se puede cambiar esa aptitud.

Su utilidad como uso terapéutico está demostrada.

Para muchos profesionales de la salud, la hipnosis es una técnica que aumenta la efectividad de muchas terapias. Los parches de nicotina con hipnosis son más
efectivos.

El hecho es que la sugestión funciona dentro y fuera de la hipnosis gracias al efecto placebo. Con hipnosis se pueden reducir la cantidad de medicamentos recetados. Como decía Emile Cue, ”todo tipo de sugestión es una forma de autosugestión”. El poder lo tiene la persona, no el hipnotizador, como nos recuerda la
“ley del efecto inverso”.

Muchas personas creen que se puede hipnotizar a los animales. Según la mayoría de los científicos esto no es posible, ya que los animales no entienden el poder de la palabra. Cuando se pone un animal boca arriba, como se ha hecho con gallinas, el animal entra en estado cataléptico. Es decir, se queda inmóvil porque cree que será devorado, y cuando siente que el “supuesto” depredador se aleja, despierta y sale
corriendo para sobrevivir.

La hipnosis puede ser peligrosa, ya que puede provocar cambios en el funcionamiento del cerebro. Es un arma de doble filo. Tiene efectos secundarios. Durante la hipnosis se producen cambios psicológicos, en los que pueden quedar al descubierto temores, dudas o dolor. La hipnosis, puede introducir en los pacientes recuerdos falsos, no vividos o borrar información de este.

Se cree que el cerebro no puede distinguir entre lo fuertemente imaginado y la realidad, y esto puede verse con electroencefalogramas y resonancias magnéticas. Existen dudas cuando se hacen regresiones al pasado o a la infancia, sobre si son imaginaciones o recuerdos reales.

Lo importante no es la realidad, sino lo que el individuo recuerda. No es cierto aquello de que el hipnotizado puede quedarse dormido para siempre. El hipnotizado puede salir solo del “trance”,
pero es más efectivo o menos traumático si sale con un especialista.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando estás hipnotizado? Se reduce la actividad de la zona cerebral relacionada con la racionalidad; sobre todo relacionada con las zonas cognitivas. Se produce un aumento de las conexiones entre dos áreas cerebrales como son, la corteza dorsolateral y la ínsula. Somos menos conscientes de nuestras acciones.

La hipnosis afecta a dos elementos que normalmente se consideran un conjunto: la mente y el cerebro. La mente es como un “software”, son como las ideas, los conocimientos intangibles que están en nuestra cabeza. El cerebro, en cambio es como el “hardware”, la red de neuronas, algo tangible por donde circulan las ideas o pensamientos. Se podría decir que la hipnosis es la puerta a la mente subconsciente.

La “mente subconsciente” es como una base de datos de información almacenada que utilizamos menos en la vida cotidiana. El cerebro se rige por una norma principal: ser eficiente. Trabajar lo más rápido con el mínimo de energía posible. Es decir, que la información que recibimos en estado de vigilia se filtra y procesa para que la realidad sea más comprensible. Para que la gran cantidad de estímulos que recibimos no nos distorsionen la realidad. Imaginar una casa (mente consciente) con sótano (mente inconsciente).

En la parte principal almacenamos las cosas que utilizamos más a menudo, mientras que las cosas ocasionales las guardamos en el sótano. Las dos
partes se comunican con una escalera, que no vemos desde fuera. El psicólogo o psiquiatra sería el que nos ayuda a encontrar la escalera para llegar al sótano y
encontrar los objetos allí guardados. La información almacenada en nuestro subconsciente afecta o moldea nuestras emociones, comportamientos y patrones de
pensamiento.

La mente consciente es más racional, mientras que la mente inconsciente es más emocional.
La catalepsia se puede relacionar con la hipnosis extrema. Una forma clásica de provocar este estado es mediante las neurotoxinas que se utilizan en el vudú. En Haití, los hechiceros o brujos (bokor) fabricaban el llamado “polvo zombi” o “poudre” con cráneos exhumados, sapos y pescado podrido. Se trata de una compleja formula química que los “bokor” transmiten de padres a hijos, de maestro a discípulo.

El “polvo mágico” contiene principalmente neurotoxinas como la tetradotoxina, datura metel, datura stramonium y mucuma pruriens. La tetradotoxina se encuentra en el hígado del pez globo.

Administrado en pequeñas dosis provoca un estado de “catalepsia o muerte aparente” a las transmisiones nerviosas. La catalepsia provoca un relentizamiento del ritmo cardio respiratorio, hasta casi desaparecer. Por eso muchos familiares interpretan que la persona ha muerto. El polvo puede entrar en la piel o ingerido con los alimentos.

El “no muerto” es consciente de todo lo que ocurre pero no puede pedir auxilio. Pasado un tiempo, el bokor y sus cómplices sacan al zombi de la tumba y lo
venden como esclavo. Algunos conocerán la historia de Clervius Narcise, el zombi más conocido.

En Haití, el vudú es como una religión. De hecho el Código Penal de Haití castiga la “zombificación” en su artículo 149. Por eso en el mundo rural de Haití, mucha gente opta por enterrar a sus seres queridos cerca de sus casas, ante el temor de que los conviertan en zombis. Se suele enterrar a los difuntos boca abajo por si reviven, para que no puedan escapar escarbando. Existen teorías sobre decapitación de cadáveres para evitar que los revivan. La zombificación tiene más que ver con la química que con la magia.

Todo esto tiene una explicación científica. Algo parecido es el llamado “síndrome de Cotard”. Es un extraño trastorno que hace creer al paciente/individuo
que está muerto y que huele carne podrida.

Desde que apareció la hipnosis los avances han sido notables. En Israel, la hipnosis como espectáculo está prohibida. En EE. UU. o Australia se utiliza la hipnosis de forma regular en el ámbito sanitario. Tenemos que olvidarnos de la imagen del psicólogo con
el péndulo.

Los científicos han avanzado mucho en la comprensión cerebral a través de
imágenes basadas en electroencefalografías, aunque todavía queda mucho por
aprender.

La Ciencia es una eterna batalla entre los torpes que creen estar seguros de todo y los
críticos radicales que tienden a relativizarlo.

Por Alcides Pimentel Paulino

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