“High Life” El agujero negro de la vida

Por El Nuevo Diario viernes 18 de octubre, 2019

EL NUEVO DIARIO SANTO DOMINGO.- La directora Claire Denis asegura que la idea de su más reciente película, ‘High Life’, le llegó a la mente hace más de quince años. En una entrevista sobre el proyecto, dijo que “tenía un guion que era naturalmente en inglés, porque la historia tiene lugar en el espacio y, no sé por qué, pero para mí, la gente habla inglés, o ruso o chino, pero definitivamente no francés en el espacio”.

En ese tiempo, escribió los primeros borradores del guion y tenía en cuenta a Philip Seymour Hoffman para el papel principal. Pero con la muerte repentina de Hoffman había desistido y buscaba a otro actor anglosajón. Más tarde, su búsqueda había terminado cuando quedó cautivada por la presencia de Robert Pattinson durante el proceso de casting. Y quizás ha sido una decisión muy acertada.

Con Robert Pattinson en el rol protagónico concibe una película de ciencia ficción muy enigmática que se escapa de los convencionalismos del género y crea un personaje misterioso muy difícil de imaginar en manos de otro actor con la misma edad.

La película, que marca el debut anglosajón de Denis, me hipnotiza seriamente con la meticulosa puesta en escena y con una conceptualización que aborda temas como la paternidad vinculada al sacrificio, los enigmas de la sexualidad, la concepción de la vida y, sobre todo, la condición humana que mantiene al ser humano anclado a la supervivencia y a una autodestrucción segura.

Es agobiante, sosegada, lóbrega, propensa a la violencia más terrorífica y al erotismo retorcido. Su estilo visual posee características que elaboran un rico homenaje al cine de Tarkovsky y películas como ‘Stalker’ o ‘Solaris’.

Se ambienta en el espacio intergaláctico en futuro lejano y trata el argumento de un padre y su hija confinados en el aislamiento más absoluto de una nave espacial mientras se dirigen a un agujero negro. Y lo narra con un protagonista interpretado con cierto magnetismo por Robert Pattinson. Con Monte, junto a otros secundarios interpretados por Juliette Binoche, Mia Goth y André Benjamin, Denis emplea el racconto intrusivo y prolongado para relatar los orígenes de los personajes y el propósito de la misión, cosa que rápidamente me absorbe con las revelaciones inesperadas.

Con una narrativa que rechaza los tapujos de la linealidad, la película comienza en las profundidades del cosmos, donde seguimos a un cosmonauta llamado Monte (Robert Pattinson) que realiza tareas de mantenimiento mientras intenta calmar a un bebé que lloriquea fuertemente. Aquella bebita es la hija de Monte y se llama Willow (Scarlette Lindsey como bebé Willow; Jessie Ross como Willow adolescente). Ellos aparentemente se encuentran en dirección a un agujero negro y son los únicos supervivientes de la cuadrilla.

La película supone la primera incursión de la realizadora francesa al género de la ciencia ficción minimalista, algo que le da un giro a una filmografía que incluye títulos como ‘Viernes noche’, 35 tragos de ron’, ‘Materia Blanca’ y ‘Un bello sol interior’.

Pero sin renunciar a los ademanes de identidad que componen su estilismo y los significados que están al servicio de la abstracción vocacional, donde la deshumanización y los fluidos líquidos como el esperma y la sangre esmaltan los pasadizos de una nave espacial muy oscura.

Está estructurada con planos muy interesantes que comunican emociones diversas, una secuencia asombrosa que pone mi imaginación a volar al presenciar la espaguetificación de una astronauta que es devorada por un agujero negro y un clímax muy metafórico en el que la singularidad del agujero negro de la vida simboliza el futuro incierto de la humanidad.

Se destaca también una banda sonora que aporta estridencia a la atmósfera opresiva que se presenta en las entrañas de la nave.

Aunque me sé de memoria algunos de los mecanismos del género que emplea Denis, no deja de resultarme provocativa. Es un viaje sensorial de ciencia-ficción, uno que es existencial, lúbrico y muy estimulante.

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