Héroes anónimos

Por jueves 2 de abril, 2015

Esta Semana Santa he reflexionado sobre aquellas personas cuyas hazañas y virtudes los hacen merecedores de ser llamados héroes. Sin dudas, son muchos los héroes y mártires olvidados en la historia, estoy convencido de que no están todos los que son ni son todos los que están. Sin embargo, en esta ocasión no voy a referirme a éstos, sino a los héroes cotidianos, a los anónimos, como un homenaje a quienes trabajan en silencio…

Desde la infancia, la industria del entretenimiento nos encamina a imitar las acciones de los personajes de las tiras cómicas. No obstante, a medida que crecemos nos damos cuenta de que los verdaderos superhéroes son otros y no son tan “súper” como imaginábamos: aquel que incansablemente se levanta a trabajar se parece a “Superman”, el hombre de acero; la heroína que lucha por sacar a sus hijos adelante, es una “mujer maravilla”; el niño limpiabotas que desea cambiar su realidad para vivir a plenitud su infancia como “Spiderman”, el hombre araña, va tejiendo sueños y el guachimán que expone su vida entre las tinieblas, ilumina la noche con su “linterna verde”; el concho no tiene “batimóvil”, pero transporta a las miles de personas que tampoco poseen uno; estos son solo algunos ejemplos de millones.

La realidad supera la ficción, el tiempo corre más rápido que “Flash”, pero a diferencia de las películas no hay un botón para retroceder, solo el de seguir adelante. Aquí no hay varias vidas como en los videojuegos, tan solo una oportunidad. Para estos héroes silentes no hay estatuillas ni aplausos, tampoco muñecos que los idolatren, ni mochilas o cuadernos con sus fotos; al parecer, poseen el poder de volverse invisibles.

Los superhéroes que nos impone la sociedad enseñan que la solución para casi todos los problemas es matar al contrincante, muy lejos de la concepción de un héroe que ha de ser sublime. A quien estamos matando es al reloj; casi no hay tiempo para amar al prójimo como nos enseñó el maestro: Jesús, quién es el auténtico y más grande de los héroes.

Nos impulsa un modelo de consumo masivo y de no razonamiento, no nos permite detenernos a deleitar las grandezas ocultas en las pequeñeces del día a día. En consecuencia, se ve a los humanos como cosas, el filósofo Jürgen Habermas ha denominado este fenómeno como “la cosificación”, esto nos deshumaniza y le resta mérito a las acciones que a diario realizan los superhéroes de la vida real.

Te invito a que identifiques a los héroes de tu hogar y de tu comunidad que son los de tu país, quienes trabajan por algo más valioso que un premio y no buscan que nadie los reconozca. Quizás el material del disfraz con el que se visten para rescatar al mundo este hecho de silencio, bordado con hilos de amor. ¡Tú también eres un superhéroe! Comienza a usar tu nuevo súper poder: aprender a valorar el esfuerzo de quienes laboran en silencio.

Por: Henry Manuel Herrera Morel

henry.hm77@gmail.com

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