Héctor Santana

Por Ramón Saba jueves 25 de julio, 2019

Nació el 3 de septiembre de 1965 en Santo Domingo, capital dominicana.

Narrador, poeta, ensayista, gestor cultural y profesor. Posee una maestría en Tecnología Educativa y una licenciatura en Educación, con mención en Filosofía y letras. Labora en la Universidad Iberoamericana (UNIBE), impartiendo docencia en el área de Escritura Creativa; además de profesor de Lengua Española en el Politécnico Madre Rafael Ibarra. Ha sido coordinador del pabellón Talleres Literarios de varias Ferias Internacionales del Libro, del Taller literario Los Nadie y del Taller Literario Narradores de Santo Domingo, en estos dos últimos tiene una activa y permanente participación.

 

Héctor Santana ha publicado obras de diferentes géneros, por ejemplo, la novela “La mano de Dios”, el libro de cuentos “Hombres sin órbitas”, sobre escritura creativa “250 detonadores” y “Poesía práctica”, el académico “Por los caminos del ensayo” y las antologías “Ejercicios de Escritura Súbita” y “Los nadie”. Además de estas obras, ha dictado importantes conferencias, tales como “Junot, un domo fuera de serie” y “El mundo narrativo de Samantha Schweblin”. Sus textos aparecen en distintas antologías: “Santo Domingo No Problem”, “Summer Writing Institute Anthology in New Hampshire”, “A viva Bosch” y “En el fondo del iceberg”, entre otras.

 

Ha sido merecedor de importantes reconocimientos, entre los que podemos resaltar haber recibido el primer lugar en novela por la Universidad Central del Este; ganador del vigésimo concurso de cuentos de Radio Santa María en el año 2013 con el cuento “Ungry Young Girls”; primer lugar de Concurso para talleristas de más de 35 años en el renglón de poesía y del segundo lugar en Cuento en el 2012.

La escritora Ibeth Guzmán opina que con Héctor Santana estamos frente a una literatura que recoge el detalle de lo episódico. En ella cada segundo narrativo se vuelve presagio de lo inimaginable. El detalle se vuelve protagonista de lo sustancial, en ellos radica la llave que abrirá las puertas comprensivas del relato. Los personajes son dibujados en un estoicismo que supera los embates de la realidad avasallante que los contiene. En ellos actuar y pensar se cruzan en una línea de tiempo simultánea que los coloca siempre al borde de una casualidad siempre paradójica y contraproducente.

El poeta y escritor Valentín Amaro afirma que ya sea en poesía o narrativa, Héctor Santana es un incansable buscador de formas para inventarse y reinventarse. No todo está dicho o hecho para este alfarero de historias y de causas perdidas. Todo lo anterior se puede comprobar en su obra, rica en experimentación con la palabra, las técnicas y todo lo que tienda a hacer de la literatura un juego subversivo, único e irrepetible. Como educador y promotor literario ha realizado una inigualable labor durante décadas desde el Politécnico Madre Rafaela Ybarra, así como en los talleres literarios Los Nadie y Narradores de Santo Domingo.

En lo particular considero que Héctor Santana es uno de esos actores que protagonizan actividades sin producir mucho ruido, pero cosechando espléndidos resultados, como casi siempre sucede con los buenos educadores.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un relato corto de Héctor Santana.

Mamá echó raíz

 Mucho antes de recoger la bandeja de bollos, limpiar el porche y salir al cine, perdí tres de mis uñas por su culpa.

Mima ve todo posible. Cada cosa es la última para ella, en la que pone toda la dedicación posible. Cuando la nueva oportunidad llega, olvida los milagros de la anterior y se sumerge en su nuevo sueño. Es una panacea diluida en el fervor de la improvisación; después aparece otra y ocupa su lugar.

La semana pasada una desconocida le dijo que el excremento de gallina era la cura contra el reumatismo, por lo que en la noche, la encontré tendida sobre el sofá con las coyunturas cubiertas de mierda.

Otro día fuimos al mercado y el marchante de los caimitos y mamones, le recomendó la borra de café con maguey de bestia.

Al levantarse la encontré reclinada en una silla de guano con trapos en todas las coyunturas, repletas de la pócima.

Ayer pasó un hombre que procuraba una dirección, aunque no pudimos identificar el lugar hacia donde se dirigía, le indicó a Mima untarse keroseno, trementina y aceite quemado en las partes afectadas con reumatismo. En la tarde se tiró en la hamaca del patio. La descubrí porque la casa olía a garaje.

Por Ramón Saba

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