¡Hay que estar vivo para ver!

Por Rolando Fernández sábado 22 de febrero, 2020

Siempre recordamos ese decir, que era uno de los preferidos de nuestra extinta señora madre, queriendo significar que, por increíble que parecieran las cosas, siempre eran posibles en el tiempo venidero; y que, para ver su ocurrencia, nada más se tenía estar vivo.

Lo que ha venido pasando con el otrora Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el considerado entonces de la esperanza nacional, hoy objeto de un desprecio total por parte de la población, según lo que se percibe, por más que se quiera aparentar otra cosa en el ámbito oficial, y desde que asumió el poder en Dominicana, despeja toda duda en tal sentido.

¿Quién lo iba a creer? De seguro muy pocos dominicanos, con capacidad pensante en especial; y, menos, los llamados cursillistas aspirantes entonces, que pasaron luego a formar parte de sus filas, desde casi la fundación misma de la entidad política.

Ay maestro!, si usted pudiera ver hoy lo que ha sido de su gran obra, que coloreó de morado; como, percatarse de la deshonra póstuma a su memoria; y, de la burla a los principios que durante su trajinar en el ejercicio de la política local, tratara usted de inculcar a los que considerara ayer sus fieles discípulos. ¿Qué diría?

Sí, son esos, los que en el presente tratan de justificar sus actos indebidos, y las desobediencias al maestro ya ido de esta tierra, y líder fundador, único allí más destacado ese, entonando, a manera de estribillo musical: “¡aquellos eran otros tiempos!”; y, agregan, “las circunstancias actuales son muy diferentes”.

Evidentemente, se ha tirado por la borda, totalmente, aquello de que, «Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral», dijo Bosch en 1982.

Es obvio que, amén de poner todo eso en el olvido, desde que tomaron las riendas del poder en Dominicana, se han creído los dueños del país, estando siempre en actitud de administrarlo como si fuera una finca de su propiedad.; y, por supuesto, revestidos de una arrogancia estatal, como una prepotencia sin precedentes.

Ay maestro!, si usted pudiera ver en lo que han convertido su última creación partidarista, pincelada de acuerdo con los principios que le distinguieron en toda ocasión, los que otrora se tenían, como los eventuales gestores de la liberación nacional, y que siempre procurarían emularle tras su ausencia, además.

Por lo que se observa, a simple vista, en la actualidad aquella loable institución morada, es un antro de malos dominicanos, aprovechable, para desde allí hacerse multimillonarios un gran número de sus seudo miembros, a costa de los fondos públicos; para acoger arribistas, entreguistas, e hipotecantes de la soberanía nacional; y, para servirse “con la cuchara grande”, desde las posiciones estatales logradas por su mediación; jamás, pensándose en servir a este burlado y maltratado pueblo.

De usted poder ver esas cosas presentes, vale reiterar, de seguro se moriría nuevamente, de un “pique”, mayor que esos del ayer. También, por los deseos imposibles de satisfacer, en términos de llevar a todos aquellos malos discípulos a las cárceles del país, y despojarles al mismo tiempo de cuánto mal habido han atesorado, durante las gestiones de gobierno que han tenido a cargo.

¡Maestro!, solo le queda ya descansar en paz, como de seguro es el deseo de muchos dominicanos, que hoy extrañan su presencia terrenal.

Autor: Rolando Fernández

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