Hay que barajar las cartas de nuevo

Por Rolando Robles lunes 13 de enero, 2020

Apenas comienza el año 2020, el primero de la década, y casi siento que nos asomamos al punto de inflexión del panorama político electoral. Pero, el cambio no se está registrando en los partidos, en sus candidatos o en sus propuestas. No, eso sigue casi exactamente igual.

Lo que está evolucionando es el pensamiento de los ciudadanos, aunque mucha gente se empeña en sostener que los votantes siempre se guiarán por el crujir de sus estómagos y no por el latir de sus corazones; o mas bien, por las señales que les manda el cerebro.

Puede que mi presunción sea algo exagerada, dado el comportamiento tradicional de los votantes, pero, creo que las cosas están cambiando. No es asunto de simple optimismo. Créanme, a mi edad, ese es un lujo que no puedo darme, y mucho menos, dejar que me obnubile la mente.

El posicionamiento de los partidos, así como sus expectativas, no se han modificado seriamente, después de los hechos de octubre 6; muy a pesar de que el rompimiento de la paz interna en el PLD, presagiaba un temblor de dimensiones extremas.

Y en realidad lo hubo, pero, no sorprendió a las partes y sus efectos se aminoraron. Es que, “guerra avisada no mata soldados”, según reza el refrán y como las dos docenas de cohetes iraníes lanzados sobre las bases militares americanas, tampoco produjeron bajas personales.

El período navideño, esa especie de descanso pactado y obligado, ha sido la antesala de la confrontación municipal previa al evento de mayo, que sí va a cambiar el panorama electoral. Los resultados de febrero, mas allá del optimismo oficialista y de la negativa de otros a reconocer que ciertamente, afectará el balance en las elecciones presidenciales, son quizás, el mejor indicativo para definir si será necesario o no, el balotaje de junio.

Entre tanto, Abinader se mantiene encabezando la preferencia de los votantes, aunque, con ventaja mínima. Castillo, o mas bien Medina, sigue su ruta, al ritmo de la seguridad vial, a pesar de que la oposición insiste en decir que, él es un “bueno para nada” (?)

¡Vaya usted a saber!

Y Fernández mantiene su lucha particular por recobrar un liderazgo que se esfuma con la pérdida del “carguito”, tal y como él mismo ha dicho. Y que, por demás, desdice de los números fríos: 50% de su gente viene desde la acera de enfrente y, por tanto, su apuesta mayor ha de ser hacia afuera.

“Se rompió la taza, todo el mundo para su casa” dice el viejo dicho, pero, ¿Es tan difícil entenderlo?

Ahora, lo interesante sería establecer -con un mínimo de certidumbre- si en verdad, los dominicanos seremos capaces de sobreponernos a la ofensiva propagandística de los partidos que, en conjunto, pintan una situación tan distorsionada como absurda. El país no es un paraíso -como dicen ciertas autoridades- pero, tampoco es un infierno, según opinan los sectores de oposición.

Digamos que el PLD -por asunto de tiempo en el poder- es el responsable principal del clima de “crecimiento económico sostenido” que vive el país. Digamos también, que dicho crecimiento -a su vez y de variadas formas-  genera algún nivel de “desarrollo” y que este evento, sin dudas, gravita positivamente en la vida diaria de todos los dominicanos.

El hecho, incontrovertible, por cierto, está respaldo no sólo por la opinión de los organismos internacionales especializados sino, por la realidad de un presupuesto que, en los últimos veinte años, se ha incrementado hasta un 3,000%; y a consecuencia, una infraestructura se ha levantado, dejando en el olvido los tiempos de “concho primo”.

Pero todos sabemos que desarrollo no implica necesariamente, “bienestar social generalizado”, que debe ser la aspiración de todos los gobiernos del mundo. Y los candidatos, si pretenden jugar un papel honroso en las elecciones de mayo, deben apostar a mejorar lo existente, para completar el ciclo: Crecimiento, Desarrollo y Bienestar.

Paralelamente, hay innúmeras deficiencias. La deuda social del Estado, de los gobiernos y de los partidos con el pueblo dominicano es gigantesca y solamente con el voto responsable empezaremos a reducirla.

Aquí es donde se presentará el elemento diferenciador entre los discursos electorales del uno y de los otros. Y el pueblo está compelido a “separar la paja del trigo”. Si no lo hace, sencillamente, habrá dado “un salto al vacío”.

Yo, personalmente, apuesto a que la gente ordinaria, los ciudadanos de a pie, sabrán distinguir “promesas encantadoras” de “hechos reales”, pues, a pesar del clima de inversión de valores existente, los dominicanos aún conservan la herramienta básica del razonamiento: el sentido común.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

POR ROLANDO ROBLES

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