Hay gente … y hay gente

Por Alfredo García miércoles 11 de mayo, 2022

Las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el ánimo y dan nuevas fuerzas
-Proverbios 16:24-26

 

Hay personas que con su presencia llenan de bienestar los lugares donde habitan, impregnándolos de alegría y frescura, cual agradable fragancia primaveral.

Así como la llegada de un bebé inunda de alegría la casa, de igual forma este tipo de persona suelen llenar de paz con su mirada sincera y sonrisa pletórica, las almas que interactúan con ellas.

Saben muy bien lidiar con cualquier situación de tensión o de estrés, disipándola con su sola presencia, pues el espíritu apacible que llevan, también contagia de seguridad a los demás.

Puede decirse que son un bálsamo para el alma, ya que miran con franqueza y generan niveles de confianza sin tener que decir o hacer nada en particular, gracias a la energía limpia, cristalina y cálida que emana de su firme carácter.

Entre sus características están que suelen ser sinceros, transparentes, discretos, modestos y limpios, y cuando hablo de limpieza, me refiero a la pureza con que vienen sus palabras.

Ese tipo personas que describo terminan siendo referentes de vida, pues la sinceridad con la que se conducen, transmite confianza, ya que como los niños, no cargan miedo y viven con una libertad tan plena, que, sin saberlo, van dando lecciones de vida por doquier.

Como todo el mundo, tienen momentos difíciles, pero deciden sentirse bien en medio de los ataques y las tormentas, porque saben que los malos momentos son transitorios.

Asimismo, entienden que después de una crisis viene un refrigerio espiritual y que el momento más oscuro de la madrugada es precisamente aquel cuando va amanecer, por lo que echan mano de la paciencia para aprender de las situaciones difíciles y de la esperanza para sentir confianza en medio de la oscuridad.

Sin embargo, hay otro tipo de personas, que necesitan el viento a favor para sentirse bien, sin reparar que nunca les durará ese bienestar ya que los vientos varían incesantemente. Además, suelen ser victimas de la incertidumbre aún en bienestar pues temen que en cualquier momento les sobreventa una tormenta que se los lleve de encuentro.

De igual forma no entienden que para fortalecer el espíritu se necesita atravesar desiertos solitarios y subir cuestas empinadas, agrestes y hostiles, en aras de forjar la confianza necesaria para llegar a la felicidad.

Por ello es que valoro sobremanera y me expongo a gente que aprendió a ser feliz sin importar las circunstancias, pues entienden que la felicidad en modo alguno es la ausencia de problemas, si no, que radica en la certeza de que todo saldrá bien, aún en los momentos más aciagos, y tienen bien claro que lo mejor siempre está por venir.

-Por Alfredo García
Asesor Político

 

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