Hay gente que no quiere que tú leas

Por Gerardo Castillo Javier

La lectura de la novela Déjame que te cuente (2018) de Papo Fernández, me produjo tal deleite que sentí la necesidad de escribir un ensayo al respecto y que a esta novela no se la tragara el silencio selectivo de la crítica dominicana. Ya había leído otros trabajos del autor y le había escuchado muchas veces exponer sus puntos de vista y defender sus ideas sobre la historia, el merengue y la literatura. Hoy, he leído con fervor sus apasionados argumentos sobre la importancia de la lectura en su libro Pasión por la lectura ll y admito que me ha encantado la alegría feroz, el entusiasmo apabullante y la casi necia convicción con que los expone y procura que entendamos la urgente, inmediata, impostergable necesidad de que todos leamos, en especial tú,  joven.

La importancia de la lectura es un asunto tan manoseado como el papel de los intelectuales, el misterioso precio de los combustibles, la corrupción y sus denuncias; los viajes en yola, los luminosos apagones, la omnipresencia haitiana, la reelección o la «percepción» de la violencia. Y los docentes universitarios no se cansan de señalarlo, pues saben que existe una brecha mucho más significativa y terrible que la denominada «brecha digital», y que no es otra que la casi imposibilidad que tienen muchos estudiantes de usar la lectura como herramienta para aprender.

La importancia de la lectura está en lo que ésta implica. Quien sabe leer percibe las sutilezas y los matices del texto porque es capaz de identificar los recursos retóricos y la intención con que son usados; se da cuenta de la estructura del texto y de su contribución en la construcción progresiva del sentido; al ser capaz de encadenar los razonamientos y agotar los procesos mentales que éstos exigen vincula lo que lee con su experiencia de manera crítica, y eso le exige que domine las referencias culturales implícitas. De manera que quien sabe leer usa la lectura para aprehender la realidad de manera más íntegra y objetiva.

Sin embargo, hay gente que no quiere que tú leas. Si en verdad quienes están al frente de «la cosa pública» desean construir una sociedad incluyente ¿por qué no han orquestado una verdadera Campaña Nacional de Lectura e incorporado a miles de jóvenes al mundo extraordinario de los libros? ¿Acaso hay entre ellos alguna duda respecto a la importancia de la lectura o lo hacen para que tú no aprendas? ¿Acaso temen que la luz de los libros deje ciega a una parte importante de la población? El sarcasmo de las preguntas es ingenuo e infantil ante la crueldad de quienes tienen el deber y el poder de hacer lo necesario y permanecen indiferentes o insisten en reforzarle a la gente la idea de que la manera idónea de «ser» es «parecer».

Hay gente que no quiere que tú leas. Una Campaña Nacional de promoción  del Libro y la Lectura, organizada desde una política educativa y cultural seria, incluiría un número creciente de personas de manera permanente e induciría a elevar la calidad de la docencia. El primer efecto de una campaña de esa naturaleza es que obligaría a los profesores a ponerse a la altura de las circunstancias. Pero hay gente que no quiere que tú leas.

Del libro Rapsodias para tontos (1999), del escritor de profundas raíces sabaneteras, Médar Serrata, siempre recupero unos versos inevitables que rezan: «¿Quién es el ser que mira cuando cierro los párpados?», y sobre el rastro de luciérnaga que suscita esa pregunta, te invito a que te preguntes: ¿Quiénes y por qué temen que tú seas libre? Porque ese es el fin último de la lectura: abrirte las puertas a la libertad que solo el conocimiento de la verdad puede ofrecerte. Lo dijo Jesús, el más grande de todos los maestros: «Y conocerán la verdad y la verdad los libertará». Y ese conocimiento que nos coloca ante la verdad tiene como soporte el libro. De manera que la conclusión es inevitable: si deseas aprender tienes que leer.

Papo Fernández nos invita a su biblioteca. Comparte con nosotros la pasión, su pasión por los libros y por el conocimiento. Y quienes amamos los libros por todo lo que ello implica nos sentimos alborozados y agradecidos. Y aplaudimos la publicación de este profundo ejercicio reflexivo del autor que, sin decirlo, te dice que hay gente que no quiere que tú leas. Tal vez no queman libros, tal vez…Pero prenden en llamas las puertas que conducen a tu libertad.

Gerardo Castillo Javier

 

 

 

 

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