Haití nunca podrá fusionarse con la República Dominicana

Por Manuel Berges Hijo

¡imposible, de imposibilidad absoluta!

En respuesta al artículo publicado en FOX NEWS, órgano de líneas conservadoras de EEUU, del Señor Daniel Rodríguez quien es cofundador de Alliance for Economic Stability y profesor adjunto de Negocios Internacionales en Mercy College en Nueva York

 

Como alguien que nació y se crio en la Republica Dominicana y que conoce casi todas las islas del Caribe, estoy muy consciente de la fortaleza patriótica y el orgullo que existe en las naciones caribeñas.

Yo,  he podido visitar Haití en unas 26 ocasiones   y he visto de primera mano la miseria que satura todo ese país. El terremoto de 7.0 grados en la Escala de Richter, que sacudió a Haití hasta sus cimientos, en enero 12, del año 2010, es quizás el último de una serie de tragedias interminables.

Permítanme recomenzar con un poco de historia. Haití, una nación vecina a la República Dominicana al este de la isla de Santo Domingo o  la isla Hispaniola, fue  descubierta por Cristóbal Colón en 1492, mucho antes de lo que ahora llamamos América del Norte.

Al igual que otras naciones del Caribe, Haití experimentó su parte de agitación cuando pasó del control español al británico, holandés y, finalmente, fue tomado por los franceses.

Luchó y ganó su independencia en el siglo XIX, en el año 1804 y fue el primer pais de América en lograr su independencia en este caso de la metrópoli francesa. En 1957, el Dr. François  Duvalier fue elegido presidente del país. Durante sus primeros años, Duvalier fue conocido por sus esfuerzos humanitarios, que rápidamente desaparecieron convirtiéndose en uno de los regímenes más corruptos y represivos de la historia moderna. Bajo Duvalier se estima que 30,000 haitianos perdieron la vida. En 1964, “Papa Doc”, como se conocía entonces a Duvalier, se declaró a sí mismo “Presidente vitalicio”, y mantuvo excelentes relaciones con el Dictador dominicano Rafael Trujillo a quien temía, como el diablo a la cruz.

Duvalier, creo un grupo paramilitar o más bien una banda represiva denominada los Tonton Macoutes, con el simple propósito de hacer cumplir su voluntad mediante espionaje interno, amenazas de muerte, vudú y otras formas de intimidación y de tortura. Duvalier siempre andaba con un pequeño revolver Colt, en su mano derecha.

Después de la muerte de “Papa Doc” en 1971, su hijo, Jean-Claude, asumió el poder a los 21 años de edad y controlaba a Haití. “Baby Doc”, como se le conoció, robó cientos de millones de dólares, y entre otras adquisiciones compró autos de lujo de los de alta gama, de los que el pueblo haitiano se ufanaba señalando: “Al menos hay un haitiano que los posee, aun cuando no tengamos carreteras para su uso”.

En 1986, Baby Doc,  renunció al poder y se fue a vivir al exilio, pero no sin hundir a Haití en una mayor desesperación económica.

LA MINUSTAH. El 1 de junio de 2004 por la Resolución S/RES/1542 (2004) del Consejo de Seguridad de la ONU,  se creó la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) como sucesora de una Fuerza Multinacional Provisional (FMP) autorizada por el Consejo de Seguridad en febrero de 2004, después de que el Presidente Bertrand Aristide partiera de Haití para el exilio, en un golpe de estado que conto con apoyo del gobierno dominicano,  en el periodo posterior al conflicto armado que se extendió a varias ciudades en todo Haití.

El devastador terremoto del 12 de enero de 2010, a consecuencia del cual murieron más de 220.000 personas, según datos del “gobierno de Haití”, incluidos 96 soldados de las Naciones Unidas, supuso un duro golpe para la economía y las infraestructuras del país, ya de por sí, inestables.

El Consejo de Seguridad, en su resolución 1908 del día  19 de enero de 2010, refrendó la recomendación del Secretario General ONU, de aumentar la dotación general de la MINUSTAH con el fin de apoyar la labor inmediata para la recuperación, reconstrucción y estabilidad del país.

Ellos, junto a uniformados conformaron un  contingente de aproximadamente 7,000 efectivos militares, provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Croacia, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Honduras, Italia, Jordania, Nepal, Pakistán, Paraguay, Perú, República Dominicana, Sri Lanka y Uruguay, participaron en la fuerza MINUSTAH entre 2004 y 2017, la cual duro unos 13 años, sin estabilizar el país, ni desarmar a los grupos armados ni tampoco intentaron  poner de pie la economía del que se conoce como el Estado más pobre de América.

La Minustah fue un fracaso rotundo de la ONU. Los militares extranjeros solo anhelaban sus días de ocio, para pasarlos divertidamente en RD.

Tras la celebración de elecciones presidenciales en 2011, la MINUSTAH trabajo para supuestamente cumplir su mandato de establecer un entorno seguro y estable en el que se pudiera haber desarrollado  un proceso político, haber fortalecido  las instituciones del Gobierno de Haití, haberles apoyado en  la constitución de un estado de derecho, y haber  promovido y protegido  los derechos humanos; pero nada de eso ocurrió.

En abril de 2017 el Consejo de Seguridad decide, en su resolución S/RES/2350(2017), que la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) cierre a más tardar el 15 de octubre de 2017, para pasar a ser una Misión de mantenimiento de la paz más pequeña que ayude al Gobierno de Haití a fortalecer las instituciones del estado de derecho en el país; siga prestando apoyo a la Policía Nacional de Haití y fomente su desarrollo; y participe en tareas de vigilancia, presentación de informes y análisis de la situación de los derechos humanos.

Terremoto del 12 de enero del  2010. El terremoto de 7.0 ha llevado a un país que ya estaba profundamente desesperado, a una situación completamente desesperada. Haití, según el autor del Artículo, que ahora estoy criticando, sugiere que  Haití, tiene ahora dos opciones si quiere sobrevivir.

Es opinión de Fox News, que la primera opción para solucionar la crisis haitiana, es dejar las cosas como están, seguir con el statu quo,  significando una continuación de las políticas, o la falta de ellas, que ya han creado muchos problemas: asistencia fragmentaria en forma de ayuda de “todo el mundo”, poca aplicación del estado de derecho y poca supervisión con solo una pizca de esperanza de un futuro más brillante.

Tan pronto ocurrió el Terremoto, donde se dice que fallecieron más de 220,000 haitianos,  RD envió ayuda solidaria de todo tipo al gobierno y pueblo haitianos y especializó un Aeropuerto en la ciudad  de Barahona, para recibir la cooperación vía aérea, de las demás naciones preocupadas por la suerte de Haití,.

Opina Fox News, sin razón justificada y para ello no hay nada que lo justifique, que la segunda y más radical opción sería integrar a Haití con la República Dominicana. Algo imposible de ocurrir; algo que es imposible  de imposibilidad absoluta.

La Republica Dominicana se independizó de Haití en 1844, tras 22 años  de férrea dominación, donde se prohibió hablar el español, se cerraron las escuelas, fue cerrada la única Universidad, los sacerdotes fueron ejecutados, se cerraron las Iglesias las cuales se convirtieron en almacenes de armas y comestibles, donde se cometió el genocidio de miles de dominicanos blancos y mulatos, y aunque los haitianos se “ufanan” de que acabaron con la esclavitud, en la realidad, se mantuvo, entonces,  por amos negros.

Hoy, en sus escasas escuelas se enseña a los alumnos que el territorio oriental les pertenece y que somos una “Provincia Rebelde”; mas aun en su Himno nacional, “La Dessalinéenne”, en honor al genocida de dominicanos: El Emperador jean Jacques Dessalinne,  así se consagra, lo cual significa que ellos tienen en sus genes,  la idea de que esta tierra les pertenece.

No se puede pretender que la situación RD-Haití es similar o igual que la reunificación de Alemania Oriental y Alemania Occidental, en el absurdo sentido de que habría cuestiones estructurales, políticas y de soberanía con las que lidiar. Haití es un Estado fallido y RD no.

Haití es una nación indigente que sufre por voluntad de su propia gente, no sólo por su falta de una visión estratégica de lo que debería ser, sino también por la falta de cualquier tipo de liderazgo efectivo. Haití es una nación donde el gobierno tiene poco o ningún poder. Solo hay unas pocas personas en el gobierno haitiano, y ese número podría ser aún menor ahora, que poseen la voluntad, las habilidades y los conocimientos necesarios para la verdadera construcción de una nación.

Existe en Haití, una corrupción generalizada en todo el gobierno en todos los niveles y una tasa de desempleo que supera el 80%. Es un país en el que muchos pasan hambre todos los días y recurren a comer “pasteles de barro” hechos de tierra. La corrupción, el desempleo y sí, el hambre, existe en muchas naciones desarrolladas, e incluso en la más poderosa de todas, los EUA, pero en ninguna parte del globo terráqueo esto es tan generalizado como en Haití.

Ningún país de América tiene de vecino uno como lo tiene RD: Haití. Para que se observe la imposibilidad de fusión entre ambas naciones debe comprenderse, que el Emperador Jean Jacques Dessalinne, constituyó un gobierno despótico. Los blancos fueron exterminados y los supervivientes expulsados. Dessalines ejecutó a la mayor parte de los blancos que se quedaron en la isla. Fue asesinado a su vez por una revuelta de mulatos, el 17 de octubre de 1806, iniciando una tradición secular de enfrentamientos entre la mayoría de raza puramente negra y la minoría mulata, que usualmente se ha identificado con la clase media y las élites económicas y culturales.

Tras la muerte de Dessalines, el país se dividió en dos: un reino en el norte, controlado por el negro Henri Christophe, y una república en el sur, con el mulato Alexandre Pétion. En 1822, el presidente Jean-Pierre Boyer se dice que  “reunificó ambos estados”.

Jean Pierre Boyer,  utilizó las tropas que habían combatido entre sí para —aprovechando unas revueltas populares en la parte oriental de la isla, que habían llevado a la llamada Independencia Efímera— invadir ese territorio e incorporarlo a Haití.

Pétion a su vez, había iniciado las negociaciones con Francia para el reconocimiento de la independencia de Haití, pero este hecho no se produjo hasta el 11 de julio de 1825, cuando el rey Carlos X de Francia promulgó una orden que reconocía la independencia del país a cambio de una indemnización de 150 millones de francos; suma que sería reducida a 90 millones de francos por Luis Felipe en 1838 y que Haití luego cobró a RD.

A partir de 1838 se iniciaron las conspiraciones y revueltas en la parte española de la isla, que lo logró su independencia en 1844, con el nombre de República Dominicana. Los haitianos continuaron la guerra contra la nueva República hasta la batalla de Sabana Larga, en 1856.

Una larga sucesión de golpes de Estado tras la salida de Jean Pierre Boyer en 1843 determinó que cinco presidentes gobernaran durante los seis años siguientes; el último de ellos se hizo coronar emperador, en 1849, con el nombre de Faustino I, y conservó el poder hasta 1859.

El continuo enfrentamiento entre facciones del ejército, una élite racialmente mulata y la mayoría de la población negra, favorecido además por la instalación de comerciantes extranjeros —alemanes, estadounidenses, franceses e ingleses— que monopolizaron el comercio exterior, llevaron a un alto nivel de inestabilidad política, mientras el país no lograba salir de su estado de pobreza crónica. Así continua.

Se propone sin razón alguna,  que Haití se fusione con la República Dominicana.

Señala el autor criticado el Señor Daniel Rodríguez: “Mi propuesta es usar un enfoque de estilo empresarial muy parecido al que usan las grandes corporaciones donde el proceso de fusión saca a relucir las fortalezas y debilidades de cada compañía, y como la fusión de dos corporaciones, cada una puede analizarse para asegurar que la nueva compañía será una entidad que producirá un cambio positivo y duradero. Este nuevo estado nación, quizás llamado “República Dominicana de Haití”, puede convertirse en una nación con una población combinada de 19 millones, que podría aprovechar sus recursos naturales en colaboración y gobernar al unísono. Inevitablemente, habrá luchas de poder y peleas sobre quién obtiene qué y cómo, y quién liderará esta nueva nación, pero al igual que la fusión de las grandes corporaciones, estos problemas pueden remediarse desde el principio. Los poderes económicos de todo el mundo pueden unirse para proporcionar orientación y fondos para esta audaz iniciativa, en lugar de simplemente financiar algo que no ha logrado proporcionar ni siquiera una apariencia de retorno de la inversión.*

Continua el autor expresando: “Por supuesto, habrá críticos que ridiculicen esto como demasiada experimentación con una nación que se ha negado a aceptar el cambio, pero digo esto, que no hacer nada seguirá perpetuando un círculo vicioso en el que los haitianos solo sobrevivirán en los más pequeños. de los sentidos; mientras que otros buscarán migrar a otros lugares para encontrar una vida mejor. Ahora todos estamos abriendo nuestras billeteras y nuestros corazones a los caídos de Haití, pero lo que más necesitan ahora es que nuestro poder intelectual colectivo se involucre en una nación muy triste y desamparada con un pueblo cuya gran fe y esperanza está disminuyendo rápidamente. por un futuro lleno de un mañana mejor. Sólo se debe intentar el más radical de los enfoques. Hacer nada no es una opción. Si elegimos no hacer nada, Haití se convertirá en una nación que seguirá existiendo en una pobreza aún mayor y con mayores pérdidas. Y se convertirá en una nación poblada por las personas con más cicatrices físicas y emocionales de la tierra.

No es posible utilizar un enfoque de estilo empresarial muy parecido al que usan las grandes corporaciones donde el proceso de fusión saca a relucir las fortalezas y debilidades de cada compañía, pues se trata de dos naciones totalmente diferentes: En idiomas, culturas, costumbres, idiosincrasia, religiones, con el peor ingrediente el cual consiste en que ellos estiman, que nuestro territorio les pertenece.

Cuando los europeos, para no trabajar, importaron de África a los esclavos negros, los seleccionaron de diversas zonas tales como Dahomey, Costa de Marfil, Tanzania, Congo, etc, con el único fin de que no se entendieran entre ellos mismos, y que mantuvieran sus religiones y creencias por separado, impidiéndoles así, la aspiración, muy humana por cierto, de pertenecer a un núcleo constructivo y duradero.

Así se comprende que  la fusión de estos dos países, como si fueran dos corporaciones, es imposible pues cada una no puede analizarse para asegurar que la nueva compañía sea una entidad que producirá un cambio positivo y duradero. Al contrario, se generaría una lucha interna, peor que la de los Balkanes.

Los poderes económicos de todo el mundo no podrían unirse para proporcionar orientación y fondos para esta audaz iniciativa, pues desde el nacimiento de Haití como país libre e independiente,  no lo han hecho.

En 1949, la ONU, entendiendo que Haití ya era Estado fallido,  mediante su Resolución No. 5, instaba a las naciones miembros, a que acogieran unas 250,000 familias haitianas enteras, en sus territorios y nadie les hizo caso.

Ni las Guayanas, ni las islas del Caribe oriental pertenecientes al Commonwealth británico, aceptan haitianos en su territorio. ¿Por qué RD debe ser entonces,  la que soporte ese nación? Ni chile ni Perú han cedido sus territorios a Bolivia para permitirle una corta salida al Océano Pacifico. No habría manera de entender que la fusión entre ambos, podría proporcionar ni a uno ni a otro, ni siquiera una apariencia de retorno de una inversión en el aire, de la cual no se sabe quien seria el inversionista.

Hoy, nadie  esta abriendo sus billeteras y ninguno de nuestros corazones palpita por Haití.

Haití lo que más necesita ahora es que la Comunidad Internacional ayude a Haití, en Haití, pues no hay solución dominicana a la crisis haitiana y vale la pena que los recursos económicos de los poderosos unidos a  sus facultades  intelectuales  se involucren en apoyar una nación muy triste y desamparada con un pueblo cuya gran fe y esperanza está disminuyendo rápidamente,  por un futuro lleno de un mañana mejor.

RD, nunca puede ser el invento radical u opción de una infausta fusión entre estas dos naciones, cuando la Comunidad Internacional posee los recursos, los materiales, y la voluntad de evitar  que  Haití continúe siendo una nación que seguirá existiendo en una pobreza aún mayor y con mayores pérdidas, poblada por las personas con más cicatrices físicas y emocionales de la tierra.

Ayuden a Haití en Haití. ¡La fusión, no va.!

 

Por Manuel Berges

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