Hacia una Electrificación de la Economía

Por Jose Joaquin Bencosme Diaz lunes 3 de diciembre, 2018

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Los sistemas de energía eléctrica tuvieron su origen a finales del siglo XIX, donde se desarrolló la lucha de las corrientes entre el serbio Nikola Tesla y el norteamericano Thomas Alva Edison. Al inicio, el consumo de electricidad solo tenía lugar en aquellas zonas más pudientes de Estados Unidos, Inglaterra y otros países que estuvieron a la vanguardia del esparcimiento de este recurso tan preciado y que ha jugado un papel tan importante en el desarrollo y avance de la humanidad.

Las preocupaciones de los Estados y organismos encargados de administrar dicho sector en ese momento, era hacer de la electricidad un bien comercial y que existiera la mayor cantidad de consumidores, por lo tanto, todos se encargaban de desarrollar técnicas y métodos que hicieran eficiente su transporte. Por esto, se impuso la corriente y voltaje alterno de Tesla y hoy se construyen grandes generadores, transformadores y redes de transmisión a un alto voltaje, para reducir al máximo las pérdidas y que llegue más energía a los centros de consumo.

El negocio eléctrico en su etapa de desarrollo inicial comprendía estructuras verticalmente integradas, es decir, era una sola empresa que se encargaba de la generación de la energía, transmisión, distribución y venta de esta a los consumidores. Sin embargo, a medida que se desarrollaron las teorías económicas que hoy gobiernan los mercados globales se introdujo la competencia al sector eléctrico para lograr la máxima eficiencia en aquellas zonas del sector donde se podía competir.

Esto se logró en 1982 bajo el régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile, cuando se creó un mercado para lograr la competencia en el sector de generación, abriendo las puertas a inversiones privadas y permitiendo que el costo total de producir electricidad se redujera, porque la selección de dicho bien se hacía en base a criterios económicos y de costes. No obstante, se mantuvieron como monopolios la distribución y transmisión de la electricidad, porque la naturaleza de dichas áreas impedía que existiera eficiencia económica ante la introducción de la competencia.

Vistos los beneficios de estas acciones, numerosos países de Europa, Norteamérica y Centroamérica se abalanzaron a introducir estos cambios en sus sectores y se fue pasando de la ineficiencia económica a una gestión más adecuada de la energía eléctrica. Todas estas acciones fueron las tareas y metas que se enfrentaron en el sector eléctrico el siglo pasado.

Ahora bien, como diría el célebre poeta Mario Benedetti: “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, nos cambiaron las preguntas”. El efecto que ha provocado el consumo sin control de combustibles fósiles, tanto para el transporte como para la producción de electricidad y otros bienes, ha provocado un descontrol en el efecto natural de estabilización de la temperatura en la tierra, lo que dio lugar, a lo que todos conocemos como cambio climático.

Esto ha hecho surgir movimientos medioambientales y políticos para ayudar a revertir el efecto negativo que ya siente la humanidad por el calentamiento del planeta, y ha permitido que casi todos los países del mundo asumieran los compromisos determinados en la Cumbre del Clima en París el 2015, para evitar que alcancemos temperaturas que sobrepasen los 2 grados Celsius de las temperaturas preindustriales.

Para esto se instala alrededor del mundo mucha generación renovable a pequeña y gran escala, y se intenta cambiar el transporte en todas sus facetas, para pasar de motores de combustión interna que utilicen derivados del petróleo, a vehículos eléctricos que podamos cargar como lo hacemos con el celular o el computador, lo que se convierte entonces en un reto inminente para los gestores de las redes eléctricas.

Las energías renovables introducen alta variabilidad en la generación y los coches eléctricos serán una demanda que no se estimó cuando se construyeron las actuales redes de distribución de electricidad, por lo que se deberán empezar a hacer planes para afrontar esas complicaciones que se adhieren al sector, que son acciones que se requieren y no se pueden postergar.

La vía más expedita que se ha encontrado para reducir de manera acelerada las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, es la electrificación de la economía. En nuestros hogares, la mayoría de los elementos que utilizamos dependen de la electricidad y pronto la totalidad de los medios de transporte que utilizan los seres humanos también lo serán, significará esto la asunción y el desarrollo de nuevas formas de administrar y manejar la electricidad para quienes pertenecemos al sector.

 

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