Habrá que cambiar la palabra democracia, por “demospalos”

Por Rolando Fernández sábado 26 de octubre, 2019

¡Casi procede hacerlo así en Dominicana! El germen de los irrespetos sociales, como a todos los niveles que se verifican en este país, está en la falta de autoridad fehaciente, bajo el sistema que rige -democracia representativa -, que en realidad no funciona.  ¡A quién se representa en esta República! ¿Se observan aquí los derechos y deberes relativos pertinentes?

¡Excusa para mantenerlo! Ese se considera el menos malo, entre todos los regímenes existentes de gobierno, aunque dentro de mismo prevalezca la actividad política como una inversión bastante lucrativa – nadie va a los puestos públicos a trabajar a cambio de nada -, de acuerdo con la concepción de algunos sociólogos y politólogos destacados. Luego, hay que preservarlo; aceptar sus “maldades”, y conformarse los pueblos, por supuesto.

Como es de amplio conocimiento, el mismo ha venido siendo distorsionado impunemente por los políticos que participan dentro del ruedo nacional, y es mal asimilado por la sociedad del país en sentido general.  ¡Se han llevado de encuentro su esencia, sin reparo alguno! Y, no solo en este “solar caribeño ha ocurrido, sino también en otras latitudes.

Aquí lo que tenemos es un libertinaje marcado, y un gran desorden generalizado, donde todo el mundo quiere hacer lo que le venga en gana; los deberes ciudadanos se tiran por la borda; y, las leyes solo son aprobadas y promulgadas, para ser exhibidas en los anaqueles que adornan las oficinas de los abogados; y, cuando no, para retorcerles en favor de los que delinquen, y tienen con que pagar.

Como es obvio suponer, se tiene el agravante conexo de que, el costo político asociado a cualquier medida correctiva que se deba tomar por parte de los que gobiernan; como, la aplicación de justicia plena en esta República, son factores que bien se ponderan antes de actuar, y que atan de pies y manos a cualquier incumbente que corresponda hacerlo.

Las eventuales consecuencias relativas a derivarse, son objeto siempre de una profunda evaluación, en términos de efectos, circunstancias, y oportunidad. Frenan esos aspectos todo el accionar oficial punitivo, o enmendatorio correspondiente.

Las inobservancias a las leyes vigentes, y las normas adicionales relativas, por parte de un amplio segmento de la población, como de las mismas autoridades competentes, no se puede negar en este “solar”, en que los comportamientos humanos, y las permisividades dañosas por parte de los gobiernos, se han desbordado ya hacia lo indebido total, rayando con lo selvático esos flagelos en alto grado. ¡No cabe duda!

En consecuencia, se puede decir sin temor a equivoco, que el caos ha tocado fondo aquí a todos los niveles, y que ya el mismo, con las manos suaves de estilo que de ordinario rigen dentro del referido sistema de gobernanza, permisivo a las claras, no se podrá combatir con efectividad; que nada se va a lograr de esa manera.

Evidentemente, los males que se registran son ya bastante profundos, por lo que se necesitaría de medidas super drásticas para corregir y concienciar en el marco de esta sociedad desbordada, que bajo la llamada democracia representativa no se van a adoptar. ¡Hay que olvidarse de eso!

A los pueblos se les trata de concientizar, a través de inducir a su gente a la lectura edificante sostenida; como, de la aplicación constante de un sistema de educación cívica eficiente. Y, aquí, ninguna de esas cosas se les prevé llegar.

Lo primero es que, ya los dominicanos no leen ni periódicos, mucho menos obras de importancia. Una gran parte de estos, principalmente la juventud, que es la más llamada a velar por su futuro, dedica el tiempo a los chateos telefónicos “disparatosos”, como a la publicación de sandeces en las redes sociales, y la fuma de “juka”.

Y, segundo, a los que han venido gobernando el país, desde hace décadas, y lo hacen en la actualidad, lo que menos les conviene, es un efectivo orden ciudadano, como el respeto exigible a cuánto se entienda como regulatorio aquí.

Bastante se benefician del caos, al igual que del desorden mayúsculo esos últimos, que los aprovechan para dirigir sus andanzas cuestionables. Constituye para ellos un jugoso caldo de cultivo.

Por consiguiente, cuál sería entonces el camino obligado que se está construyendo aquí, quizás hasta de manera inconsciente por parte de algunos ciudadanos y las seudo autoridades que rigen, para pueda haber una convivencia social más apta en esta nación, acompañada de los niveles de institucionalidad, y respetos exigibles, como la aplicación imprescindible de las leyes vigentes: el de un régimen de fuerza, con democracia casi cero; y, cambiar dicho término, por el de “demospalos”, cuando así lo ameriten las circunstancias.

 

Autor: Rolando Fernández

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