Guerra de encuestas

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 18 de septiembre, 2019

Las encuestas retratan un hecho del momento. Una visión técnica sobre el apoyo o rechazo de un candidato. Es un instrumento de trabajo, que permite mantener la línea de proyección de un aspirante  a cualquier nivel.

Una encuesta está llena de zancadillas. Se manipula desde su inicio, con la selección del personal que deberá realizar los trabajos de campo. La ficha técnica puede ser una encerrona, dependiendo de hacia dónde van las preguntas, y como se valoran a las respuestas.

Pero aun así es un instrumento de trabajo, que tiene un rasgo diferente en el momento  en que se termina con el trajinar  de laboratorio, y los resultados que se dan a conocer a la opinión pública. Juega un papel estelar en la encuesta, quien contrata a la firma que la produce.

Creo y no creo en las encuestas. No estoy diciendo disparates, sino que los dos conceptos  son pertinentes. Creo en las encuestas como instrumento de trabajo, sin importar a quien den como favorito o a quien consideren perdedor. Como instrumento de trabajo político científico es una norma ideal.

A lo interno de una candidatura política, una  encuesta, maquillada o no, sirve para  limar las agruras, reedificar la senda a seguir, y erradicar todo lo que puede ser negativo. Pero no creo en las encuestas cuando son hermoseadas, para favorecer a  un candidato determinado.

De ahí que el pueblo debe ver las encuestas con pinzas. Hay mercenarios de este tipo de trabajo, que las venden al mejor postor. Hay firmas encuestadoras serias, y que en el transcurso de los años han realizado una labor con responsabilidad.

El voto en unas elecciones es un ejercicio de conciencia. Deje que las encuestas sean una labor de trabajo de los candidatos, y usted prepárese  a tomar una medida de conciencia.  El voto en unas primarias o unas elecciones es un ejercicio solitario, donde usted  se comunica con su conciencia.

Pero el hombre no debe ser  el solitario de la multitud. Es un ente social que se mueve y actúa de acuerdo a sus apetencias personales y la lucha por el bien de su comunidad. El hombre que solo le interesa lo colectivo, recibe un soplo de su yo personal.

De ahí que la verdadera encuesta es  cuando el ciudadano pasa revista a la trayectoria de vida de un ciudadano o los vaivenes de un partido. En forma objetiva, debe determina  si son aceptables o no sus acciones, si son buenas o malas. Luego de esa evaluación, debe emitir su voto.

Estas reflexiones son en torno a la guerra de encuestas que vive el país, con motivo de las primarias de los dos partidos  mayoritarios, el de la Liberación Dominicana y el Revolucionario Moderno. Acepte y rechace las encuestas, no confié en ellas plenamente y haga su propia valoración de los candidatos y escoja el que su conciencia y el bienestar social colectivo le indique. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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