Gobierno de Francisco Henríquez y Carvajal

Por Victor Elias Aquino lunes 27 de febrero, 2017

No todos los hombres que en la historia republicana han ocupado el solio presidencial se han empalagado de las mieles del poder y defraudado la confianza depositada a través de la elección popular, o de manera indirecta por designación del Congreso nacional, como ocurría usualmente a comienzos del tempestuoso siglo XX, en que los gobiernos se sucedían uno tras otro por la influencia de caudillos que ejercían liderazgo militar y político.

Recientemente, hice referencia a las difíciles circunstancias en que le tocó gobernar en forma interina al arzobispo Carlos Alejandro Nouel, quien vestido de sotana; escuchó el llamado de su pueblo para asumir la difícil situación de la República en vísperas de la primera intervención de los Estados Unidos en la República Dominicana.

Don Francisco Henríquez y Carvajal, de probidad y honradez, dorada por los rayos del sol, fue electo a unanimidad de manera interina por el Congreso el 26 de Julio de 1916. Este se hallaba en la vecina Cuba, avisó de su salida al día siguiente y ya el 31 del mismo mes presta formal juramento ante el Congreso Nacional.

Llega al poder tras la renuncia del presidente Juan Isidro Jimenes, en medio de una crisis política .

A este lado del calvario, ya había sido ocupado el vecino Haití, el 28 de julio de 1915, cuando un contingente de 330 marines desembarcaron en Por-au-Prince, bajo la autoridad de la potencia del presidentes de Estados Unidos Woodrow Wilson, con la excusa consabida, “salvaguardar los intereses de ese país.

Este hombre, culto y decente no tuvo pausas ni descansos en los ataques del presidente Wilson de pisotear la soberanía. No bien se había acomodado en la silla alfileteada, cuando recibe la notificación o reiteración de la nota número 14 del 19 de noviembre de 1915, relativa al nombramiento por parte del gobierno dominicano, pero designado por el presidente de Estados Unidos de un encargado financiero con capacidad para manejar a su antojo las rentas nacionales.

Se recuerda muy bien que, La Convención Domínico-Americana, fue firmada el 8 de febrero de 1907, en virtud de la cual Estados Unidos pasaría a administrar las aduanas de la República Dominicana.

En virtud de ese convenio, la República Dominicana se comprometió a entregar el control y administración de las aduanas al Gobierno de los Estados Unidos hasta tanto el país pagara la deuda a los acreedores estadounidenses.

Otro de los insultos, era la creación de una guardia civil comandada por un oficial norteamericano designado por el gobierno que usa la bandera de las barras y las estrellas.

Como era de esperarse, el doctor Henríquez actúa en defensa de la bandera nacional y los símbolos patrios y rechaza tales pretensiones.

Las presiones a un gobierno legítimo, llegaron a tal grado que, el receptor de las aduanas, Charles H. Bartes, publica en un diario de circulación del país que por instrucciones expresas recibidas desde La Casa Blanca no se harían las entregas a fondos por cuentas del gobierno bajo control de la hacienda pública, hasta tanto se llegara a un acuerdo sobre los términos del control de las aduanas

Era un gobierno si recursos, sacando fuerzas de las fuentes del patriotismo para poder cumplir en lo posible con los deberes del mandato. Como la ocupación no tenía éxito a través de la diplomacia formal, es que se decide implantar un gobierno militar en Santo Domingo.

El licenciado Francisco José Peinado, Secretario de Hacienda y Comercio de aquel gobierno dijo ante la comisión senatorial que vino a investigar la ocupación una frase que todavía resuena para la historia, “tuve la singular distinción de ser el único Secretario del Tesoro del mundo sin tesoro para administrar”.

Estos y otros hechos son citados en el libro Páginas Dominicanas de Historia Contemporánea, de Antonio Hoepelman, puesto en circulación por el Archivo General de la Nación que dirige el historiador, doctor Roberto Cassá.

 

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