Globalización y populismo (Segunda parte)

Por Alcides Pimentel Paulino lunes 1 de abril, 2019

Los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y el Pentágono fueron una prueba para el populismo moderno. Con la excusa de que unos terroristas fanáticos querían destruir la “civilización occidental” se creó una animadversión contra todo los musulmanes en general. Los ciudadanos deberíamos informarnos bien y leer, para que los problemas que nos plantean los políticos no sean cada vez más superficiales.

El cuarto poder, los medios de comunicación clásicos, pierden influencia en favor de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). La existencia de múltiples fuentes de información provoca que mucha gente filtre o canalice la información a través de aquellos medios que son más próximos a sus ideas y descartan los que les son contrarios. Esto provoca que una parte de la población no escuche a la otra parte. Cada sector tiene su verdad y no quiere salir de su posición de confort. Los partidos políticos siguen la misma dinámica, cuando se trata de temas polémicos o que les pueden hacer perder votos. Muchos partidos tradicionales optan por no entrar a fondo en determinadas cuestiones políticamente incorrectas. Temas en los que sí entran los partidos nuevos o pequeños.

En España, temas como la inmigración ilegal, la independencia de Cataluña o la Violencia de Género, provocan que la población se radicalice. Mientras los partidos no quieren ver que existe un problema, éste no hace más que crecer. Los partidos políticos realizan sondeos para ver qué temas puede darles votos. Si existe una parte importante de la población dispuesta a votar a un partido por un tema concreto, los demás toman nota, y se ven obligados, en función de la cantidad de votos, a modificar sus programas. Podemos estar en contra de la gran mayoría de los planteamientos de partidos radicales como Vox o Podemos, pero también es posible que algo de razón tengan en algunos de sus planteamientos.

El hecho de no querer hablar de un tema complicado, induce a que no se solucione nunca. El hecho de que los grandes partidos españoles hablen de controlar la inmigración ilegal, aunque solo sea de cara a la galería, resta fuerza al discurso de partidos como Vox. La población tiende a pensar que están trabajando en ello. El hecho de no hablar puede suponer que todo el mundo puede viajar a otro país sin problemas, y esto es falso. Es demagogia. Todos los países del mundo intentan controlar sus fronteras y organizar las migraciones. Trump es abiertamente xenófobo, de ahí su “América first” o su idea de construir un muro. Pablo Iglesias se va al otro extremo y habla de “personas que vienen a trabajar“.

Ambos saben que la inmigración es necesaria para la economía actual, y ambos son conscientes de que los inmigrantes son personas, y que por tanto necesitan sanidad, educación, vivienda, etc. Y eso quiere decir recursos. Uno es descaradamente xenófobo, al ver a los inmigrantes como a un recurso del mercado laboral (trabajadores) y el otro es demasiado “políticamente correcto” o ingenuo. La llegada de muchas personas, en poco tiempo, a un territorio, puede desequilibrar la economía de un país y derivar en problemas de convivencia e integración. Esto es lo que ocurre con la “banliue” en Francia. Los disturbios en Francia del 2005, “Crisis de la Banlieu”, evidenciaron los problemas de las migraciones internacionales y las desigualdades sociales. En la región de París, más de la mitad de la población de menos de 15 años es originaria o desendiente de padres africanos.

Mientras muchos países intentan controlar los flujos migratorios, algunas ONG’s se dedican a rescatar y llevar a los países ricos a los inmigrantes que deciden llegar a su territorio. El gobierno italiano de La Liga y el Movimiento 5 Estrella cerró sus puertos a refugiados y migrantes rescatados frente a las costas de Libia. Rescatar a personas es de humanidad, pero representa una contradicción evidente. La llegada de los inmigrantes a Italia se ha reducido un 80%. Durante el 2018, 139.000 personas llegaron a Italia por mar desde África y 58.000  a España. Algunos países prefieren pagar a Libia o Marruecos para que hagan el trabajo sucio.

Sobre la independencia de Catalunya puede que a nivel estatal exista una mayoría contraria a la independencia, pero los partidos deberían sentarse a hablar para solucionar el conflicto. Una parte dirá que la independencia no puede ser, pero se puede llegar a un mejor pacto fiscal, ya que Cataluña aporta más de lo que recibe del Estado. Pretender que todo lo que se aporta al Estado, vuelva a Cataluña, es como asumir que ya es un país independiente. La gran mayoría de los Estados-nación del mundo funcionan bajo el principio de la cohesión territorial y económica. Es decir, que las regiones más ricas ayudan a las más pobres en su desarrollo, y eso repercute en el bienestar de todo el país en su conjunto.

La violencia de género es uno de los temas más delicados de la sociedad actual. Está claro que la demagogia no ayuda a solucionar este problema. La violencia, en general, es uno de los problemas más preocupante en las sociedades modernas, basadas en la competitividad que fomenta el Capitalismo. En España, el 62% de los homicidios que se cometen son de hombre a hombre; el 28% de hombres a mujeres, el 7% de mujeres a hombres y el 3% de mujeres a mujeres. En el mundo mueren cada día muchos seres humanos a manos de otros seres humanos. Si reducimos el problema al contexto “hombre mata a mujer” estamos pervirtiendo el asunto, ya que se interpreta que cuando esto ocurre, el hombre lo hace por su relación de poder y dominio sobre la mujer. Es cierto que existen hombre maltratadores, el problema es no culpar a todos los hombres. Es como decir, que todas las personas blancas son racistas, porque tradicionalmente algunos lo hayan sido. No me parece justo, porque hay que no lo son, y puede depender de las circunstancias, de la sociedad y de fenómenos muy complejos.

No podemos decir que todos los hombres, aunque venimos de una sociedad machista tradicional, sean machistas en general. El error principal en este tipo de ideologías, convertidos en ley, es interpretar que como “todos los hombres son malos” y “las mujeres son víctimas“, cuando existe un conflicto hombre-mujer, siempre hay que creerles a ellas. Este argumento rompe la igualdad ante la ley, uno de los pilares de la democracia.

En una sociedad polarizada, “mejorar” este tipo de leyes es justo, sin hacer demagogia. Argumentar que se quiere permitir el maltrato a la mujer cuando se plantean estos temas es populismo barato. El problema es que una parte de la población se está viendo perjudicada por este tipo de leyes de dudosa justicia, obligándoles a votar a partidos que prometen solucionar estos problemas sin complejos.

Trump, por ejemplo, es claramente misógino. Iglesias recurre a un falso feminismo que solo persigue los votos electorales, disfrazado de igualdad social. Olvidar que venimos de una sociedad machista, que está ahí, aunque no nos guste a muchos, es no querer ver la realidad. Es no aceptar que los cambios requieren tiempo y consenso social para que sean aceptados como justos. Olvidan que las reivindicaciones radicales pueden generar una reacción contraria parecida. Los partidos políticos entrar en el juego de la superficialidad. Intentan convencer a los suyos, con argumentos simples.

Si comparamos los países más ricos del mundo en el 2007 con los del 2018, veremos que occidente ha crecido, pero menos que otros países en vías de desarrollo. La guerra comercial entre China y Estados Unidos tiene que ver con estos cambios. Los países que forman el G20 son casi los mismos, pero el orden ha cambiado. La pobreza ha disminuido a nivel global, pasando del 40% al 20% de la población. Estamos en una fase se reorganización económica mundial. Habría que revisar las políticas agrarias de los países ricos, que mediante subsidios  y tarifas proteccionistas impiden el desarrollo de terceros países. Una gran parte del presupuesto de la Unión Europea se emplea en subsidios agrarios, las conocidas PAC.

En el 2018, Huawei consiguió vender más teléfonos móviles que Apple en todo el mundo. EE.UU  acusa a esta empresa de haber robado la tecnología de T-Mobile, y más directamente a su directora financiera, Meng Wanzhou como chivo expiatorio. Huawei es el segundo fabricante mundial de teléfonos inteligentes por detrás de Samsung.

Los partidos de izquierda dan prioridad a la redistribución de la riqueza, ya que durante la crisis, el número de millonarios aumentó. La distribución de la riqueza debería ser un tema de Estado y no de partidos. Estas ideas son difíciles de explicar de manera suave en un mundo capitalista, egoísta y competitivo. Este es el motivo por el que la izquierda tradicional está desapareciendo, dando paso a la extrema izquierda. En países como Francia, Italia o Estados Unidos, la izquierda es casi residual electoralmente.

Subir el sueldo medio interprofesional es una medida populista. En la mayoría de los países del mundo, la clase trabajadora (asalariados) es mayoría y siempre verán con buenos ojos un aumento de sueldo. Instintivamente consideramos que ganamos poco y que los empresarios ganan mucho. No pensamos en los autónomos que también son parte de la sociedad. El problema es que los sueldos están relacionados con le economía real de los países, y subirlo un 22% puede aumentar el desempleo. Los movimientos populistas reivindican un nacionalismo de clase, enfrentados a los privilegiados disfrazados de imperialistas o capitalistas. Desde el populismo ruso, el populismo estadounidense del XIX, el cantonalismo español, el agrarismo mexicano o los carbonarios italianos, la dinámica es la misma, crear bloques.

Como afirma la tercera ley de Newton, “Por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza igual pero de sentido opuesto sobre el cuerpo que la produjo”. Aunque tengamos la impresión de que retrocedemos en derechos y libertades, en general, los avances son continuos, pero lentos. Hay que avanzar hacia la justicia social, dando tiempo a que la sociedad asimile los cambios como justos y necesarios, y que benefician al conjunto de la humanidad. Para llevar a buen puerto este objetivo, todos los radicalismos son malos. Este es el motivo por el que “El Manifiesto de los 30” critica los nacionalismos y los populismos en una Europa liberal y democratica, como afirman Bernard-Henri Levy o Milán Kundera.

La simplificación de los problemas es terreno abonado para fanatismos y radicalismos. Como nos dice Juan José Millás, la realidad está hecha de palabras, de modo que quien domina las palabras, domina la realidad. Informarnos bien nos permite entender la complicada interacción de las cosas. Sin información no hay profundidad de campo, ni matices, ni contrastes. No hay grises, todo se torna blanco o negro.

La Democracia es como un diamante en bruto que hay que ir puliendo o perfeccionando.

 

Por Alcides Pimentel Paulino

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