Fútbol femenino y populismo

Por Alcides Pimentel Paulino lunes 16 de diciembre, 2019

En la actualidad, estamos asistiendo a un cambio de paradigma a nivel mundial. La democracia, el capitalismo, la política y los patrones culturales más arraigados se están sometiendo a un revisionismo peligroso, pero necesario. Se trata de un reajuste en la maquinaria de la sociedad moderna, que en algunas ocasiones se va al extremo del populismo, amparado en “fake news” que tergiversan la realidad camuflándolas de justicia social.

Uno de los ejemplos más significativos se está produciendo en el mundo del deporte, y más concretamente, en el creciente fútbol femenino. ¿Deberían las futbolistas profesionales ganar lo mismo que los hombres? El último mundial de fútbol femenino que ganó la selección de Estados Unidos ha avivado el interesante debate que existe en el deporte profesional entre los ingresos que obtienen hombres y mujeres. El conocido como “deporte Rey” no es el más representativo para analizar esta problemática basándonos en el caso de Estados Unidos.

En el país del Tío Sam, los deportes de masas como el fútbol americano, el baloncesto, el béisbol o el hockey hielo, son principalmente masculinos, como ocurre en muchos países del mundo con el fútbol. En cambio, el fútbol en los Estados Unidos, más conocido como Soccer, es mayoritariamente femenino.

Las comparaciones son odiosas, y más cuando se intenta comparar el fútbol masculino y femenino. El equipo de fútbol masculino de Estados Unidos es mediocre, formado principalmente por jugadores de segundo nivel, mientras que el equipo femenino es potente. Lo practican muchas niñas desde el colegio a la universidad. Esta competitividad unida al bajo nivel de las selecciones mundiales, provoca que Estados Unidos sea una superpotencia en el fútbol femenino con tres campeonatos mundiales y cuatro campeonatos olímpicos.

El fútbol profesional y los clubes de fútbol funcionan como todas las empresas que se rigen por las normas del capitalismo. Su objetivo principal es ser rentables, es decir, ganar dinero. Cuando algunas personas plantean que hombres y mujeres deben ganar lo mismo demuestran su ignorancia y malicia sobre el tema. La trampa consiste en plantear el deporte profesional como si se tratase de un trabajo público, para así argumentar que si dos personas hacen el mismo trabajo, deben ganar lo mismo.

Es evidente que un doctor y una doctora deben ganar lo mismo por el mismo trabajo. Faltaría más. El problema es que no son casos comparables. Esto es hacerse trampas al solitario. Este tipo de argumento puede calar en personas que no les guste el fútbol o que no entiendan cómo funciona el deporte profesional. Todo el mundo tiene derecho a practicar el deporte que le guste, sin embargo cuando hablamos de fútbol masculino y femenino hay un abismo entre ambos difícil de superar.

Los clubes de fútbol son multinacionales que buscan generar ingresos. Según algunas fuentes, los clubes con más ingresos a nivel mundial son el Real Madrid (750,9 millones), el FC Barcelona (690,4m), el Manchester United (666m), el Bayern Múnich (629,2) y el Manchester City (568,4m). Según un estudio del “Football  Money League 2019” que elabora Deloitte de la temporada 2017/2018, los 20 clubes que tienen mayor facturación del mundo, acumularon 8.300 millones la pasada temporada, un nuevo récord histórico.

Los mayores ingresos proceden principalmente de derechos de emisión, la venta de tickets y paquetes hospitality, patrocinios, merchandising, tours al estadio y otras operaciones. En general, los jugadores mejor pagados se encuentran en los clubes que más generan. El Real Madrid, por ejemplo, estuvo tres temporadas como el más rico del mundo, desde la temporada 2014/2015 cuando conquisto tres copas de Europa consecutivas. Para el FC Barcelona, el patrocinio de la empresa japonesa Rakuten y los numerosos amistosos que disputa representan un aumento de ingresos.

Existe una clara correlación entre títulos importantes obtenidos, ingresos y jugadores destacados, más conocidos como “Cracks”. Los cracks son muy pocos en todo el mundo: Messi y Luís Suárez (FCB), Cristiano Ronaldo (Juventus), Neymar (PSG), Levandosky (Bayern Múnich) y Kylian Mbappé (PSG). El París Saint-Germain (PSG) con la contratación de Neymar y Mbappé incrementó sus ingresos entre un 12% y un 14%. Los ingresos de los clubes de la Premier League y de la Bundesliga se distribuyen más equitativamente que otras ligas; como la española.

El FC Barcelona ha llegado a ser el club con más ingresos del mundo en este 2019, según la revista Forbes. El Barça ha incrementado sus ingresos en 162 millones respecto al 2018. Ha pasado de 690  a 852 millones. Saber quien ingresa más es difícil de calcular, ya que hay muchas fuentes de ingresos, impuestos, depreciación y amortiguación.

La temporada pasada, el Manchester United y el Bayer de Múnich fueron el tercero y el cuatro en ingresos con 732 millones y 652, respectivamente. En España, Barça y Real Madrid se llevan la mayor parte del pastel de los ingresos por retrasmisión. La realidad es que la mayoría de los aficionados son de estos dos equipos y los que más pagan para ver sus partidos por “pay per view”(PPV). En la temporada 2018-2019, los mayores importes por repartos televisivos se los llevaron el Barcelona (166 millones), el Real Madrid (155) y el Atlético de Madrid (119). El cuarto, el Sevilla, bajó hasta los 80 millones.

El fútbol, como todos los deportes de masas, es un negocio. A más espectadores, mejores patrocinadores, y eso conlleva mejores instalaciones y equipamientos. En comparación con el fútbol masculino, el femenino está en la adolescencia. Todavía existen muchas jugadoras que no cobran por jugar, más o menos la mitad de las “profesionales”. Muchas otras, el 33%, cobran un sueldo que ronda los 500 euros al mes según la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). Un 49% de las jugadoras no cobra un salario fijo. El 100% de los jugadores de Primera división y Segunda división española cobran un salario fijo. Las jugadoras de fútbol femenino cobran un plus de 1.300 euros para el club ganador (54 euros por jugadora), mientras que para el ganador de la Liga masculina el premio es de 20 millones de euros.

Ante las grandes diferencias que existen entre el fútbol masculino y femenino, las jugadoras decidieron convocar una huelga para tener un “convenio colectivo“, cuyos resultados se conocerán el próximo 20 de diciembre. La mayoría de los clubes afirman que aceptar las exigencias sindicales del fútbol femenino, 12.000 euros anuales para aquellas con contrato de media jornada, les condenaría al descenso o la desaparición. El sueldo medio de las jugadoras de fútbol español es de 17.000 euros al año.

Los clubes afirman que no podrían ofrecer más de 8.000 euros de salario bruto al año, es decir, media jornada laboral. Puede que no parezcan cantidades importantes, el problema es que sobrepasan el presupuesto que manejan los clubes. Los clubes de primera femenina afirman que solo ingresan 6 millones de euros y sus gastos se dispararían en 1,6 millones. Afirman que esto supondría la desaparición de cuatro clubes de la máxima categoría, como son el Sporting de Huelva, el Madrid CFF, el Granadilla y el Logroño.

Por decirlo de una manera, el fútbol femenino se encuentra en una fase embrionaria a nivel profesional en lo que se refiere a generar sus propios ingresos. Los futbolistas masculinos de Primera División tienen garantizados, por ley, unos ingresos mínimos de 150.000 euros anuales y los de Segunda División, unos 77.500 euros. En el caso del tenis, estas diferencias se han reducido con el tiempo. De hecho, en Wimbledon, los jugadores masculinos y femeninos reciben un premio similar, 2,6 millones de euros.

La mayoría de los clubes femeninos son deficitarios, se mantienen gracias a las ayudas públicas o subvenciones. Uno de los principales problemas del fútbol femenino es que su promoción, empujadas por organizaciones feministas, ha coincidido con una fase en la que el fútbol masculino había entrado en reestructuración. Estaban “matando la gallina de los huevos de oro” con tanto partido. No tiene mucho sentido que cada día haya fútbol, sería más interesante concentrarlos en varios días y televisar aquellos partidos que sean más atractivos o que creen más afición. Las entidades o clubes independientes, las que no forman parte de un club en primera masculina, como el Granadilla, Madrid CFF, Sporting de Huelva o Logroño, son los que van a sufrir más las reivindicaciones del futbol femenino. Según el Granadilla (Tenerife), los desplazamientos cuestan unos 7.000 euros y son 15 por temporada. El presidente del Valencia femenino, Salvador Belda, afirma que cada temporada sufre unas pérdidas de entre el 30% y el 40%, y que eso es insostenible.

En otros deportes mayoritarios, fuera de las selecciones nacionales, no existen ligas femeninas profesionales, y no pasa nada. En Béisbol, fútbol americano, automovilismo o ciclismo no se producen estas reivindicaciones. En el béisbol, por ejemplo, las jugadoras que eligen hacerse profesionales tienen que elegir el “softbol”, una modalidad ligeramente diferente.

El fútbol femenino ingresa unos 6 millones de euros anuales. La Liga aporta 1,6 millones e Iberdrola, patrocinador oficial, 1,3 millones, es decir unos 80.000 euros de media por conjunto. En lo referente a los ingresos por televisión, estos se dividen entre La Liga y la Federación. 12 clubes tienen un contrato con Mediapro, por el que reciben 2,25 millones, y los cuatro restantes, más el Madrid CFF, reciben 500.000 euros. Otros ingresos son los 80.000 euros que ofrece la Asociación de Clubes a sus miembros para crear estructuras de gestión. Todas las jugadoras deben estar cotizando en el Seguridad Social. El fútbol femenino tiene todavía mucho camino por recorrer. Los presupuestos de las entidades no son públicos, ni siquiera tienen la obligación de comunicárselo a la asociación que los agrupa y los contrata, y los contratos y nuevos fichajes no pasan por ningún organismo.

El Barça destina casi 5 millones de euros a su plantilla femenina, pese a los escasos ingresos que genera la sección femenina, mientras que los clubes independientes tienen un presupuesto de menos de 500.000 euros anuales. La Liga es uno de los principales sustentos del torneo, aporta 2 millones de euros a la ACFF y otros 15,6 millones que abona a la Federación para el desarrollo del fútbol aficionado femenino y la formación de árbitros y entrenadores y el pago de la Seguridad Social de las futbolistas. La media de espectadores en directo de los partidos femeninos es de menos de 1.000 personas por encuentro.

Según los resultados del Informe Footboll Annual 2019 realizado por la consultoría independiente de valoración de marcas Brand Finance, afirma que el patrocinio de fútbol femenino está infravalorado a nivel mundial en más de 1.000 millones de dólares, es decir, 893 millones de euros. El problema es no decir en que se basan esas afirmaciones. Mas allá de agrupar el patrocinio de hombres y mujeres, en un solo paquete, no dan muchas más soluciones.

El premio para los hombres en los mundiales es de 40 millones, mientras que en el femenino es de 4 millones. El reciente Mundial de Francia femenino generó solo un 1,3% de ganancias. Saber los ingresos de jugadoras españolas importantes como Marta Torrejón, Virginia Torrecilla, Vicky Losada, Marta Corredera, María “Mapi” León, Patri Guijarro, Jenny Hermoso, Celia Jiménez, es un misterio. Irene Paredes, por ejemplo, la jugadora española con más nivel internacional no se sabe cuánto gana.

El Barcelona pagó 50.000  euros por el traspaso de María León en el 2017. Fue la primera mujer por la que se pagó un traspaso en el fútbol femenino. Aunque las jugadoras españolas no estén entre las mejores pagadas, el nivel va mejorando considerablemente. Celia Jiménez es la primera jugadora española escogida en un “draft” por la liga femenina más potente del mundo, la NWSL de Estados Unidos. Ahora pertenece al Seattle Reign FC. Hace poco la selección española femenina Sub 17ganó el mundial. España jugó su primer partido oficial en 1983.

El pasado mundial de Francia 2019 fue la segunda vez que España acudía, a pesar de tener la mejor liga masculina del mundo. En la anterior ocasión, Canadá 2015, España llegó a los cuartos de final. La selección española de Fútbol femenino ha pasado de recibir “una taza en un trofeo a un coche”. La automovilística Seat será el patrocinador de la Selección Española hasta el 2021. Se está progresando de manera lenta, pero segura. En el fútbol femenino, las diferencias entre los mejores equipos y los peores es más grande que en el masculino. El Atlético de Madrid ha ganado las tres últimas ligas femeninas con relativa facilidad. A nivel mundial pasa algo parecido, las diferencias entre las selecciones de países ricos y pobres son abismales. Para intentar incrementar la asistencia, algunos clubes, han permitido que el equipo femenino juegue en el campo masculino cuando haya desplazamientos.

La diferencia salarial entre la reciente “balón de oro” del fútbol femenino, la estadounidense Megan Rapinoe y Lionel Messi es de cerca de 126,8 millones de dólares al año. Se calcula que sus ingresos, tras patrocinadores de multinacionales como Nike y Samsung, rondan los 2 millones de euros, de los que netos son unos 168.000 dólares. Según Forbes, los jugadores de fútbol mejor pagados en el 2019, son Messi (127millones), Cristiano Ronaldo y Neymar (con ganancias entre los 100 y los 110 millones). Jugadores como Andrés Iniesta que están cerca de su retirada ganan unos 32 millones más que Ada Hegerberg.

En otras palabras, el salario de la jugadora nórdica, la mejor del mundo, representa apenas el 1,4% de lo que ingresa el genial jugador español. Hegerberg gana en un año lo que gana Leo Messi en un día. Los nombres de las mejores jugadoras del mundo son poco conocidos. Muchos de ustedes no conocerán a Ada Hegerberg, Parnille Harder, Sam Kerr, Marta Vieira Da Silva, Alex Morgan, Amandine Henry, Nikole Banecki o Abby Wambach.

Si bien es cierto que las diferencias de ingresos se pueden mejorar, tenemos que tener en cuenta que estas cifras obedecen a una realidad económica y social. ¿A qué porcentaje de mujeres les gusta el fútbol? El fútbol es un deporte mayoritariamente masculino en todo el mundo, excepto en Estados Unidos. Según la FIFA (2018) en todo el mundo 265 millones de personas juegan al fútbol, pero solo 30 millones son jugadoras.

En el fútbol, como en muchos otros deportes, el físico es fundamental. Mucha gente quiere espectáculo, intensidad, contacto. Inconscientemente, hemos exteriorizado la agresividad y la violencia en el deporte, por eso vemos normal que nuestros equipos de peleen, pero dentro de unos límites. Es violencia controlada. Querer forzar la tozuda realidad solo conducirá a perder más dinero. La diferencia entre el fútbol masculino y femenino todavía es enorme, tanto en calidad futbolística como en ingresos. La Copa del Mundo masculina se disputa desde 1930, mientras que la femenina data de 1991.

En muchas ocasiones, el fútbol femenino llama la atención por temas que no tienen exactamente nada que ver con el deporte. Rapinoe, por ejemplo, es conocida por su oposición al presidente Donald Trump; y por su activismo en el movimiento LGTBI. Afirmó que no iría a la “jodida Casa Blanca con Trump”. En el 2011, a Irán de dieron por perdido un partido de clasificación porque las jugadoras llevaban un hiyab islámico junto con trajes de cuerpo completo.

Se argumentó que dicha vestimenta infringía las reglas de juego. En el pasado era muy común criticar el fútbol femenino acusándolo de deporte de lesbianas o “marimachos”. Rapinoe es una de las jugadoras que más reclaman igualdad en relación a los jugadores masculinos. Al finalizar la última final del mundial de fútbol femenino, mundial de Francia, se escuchó en las gradas “Equal pay, equal pay” (igualdad salarial).

Una manera justa de equilibrar las diferencias es que las federaciones nacionales igualen los ingresos netos obtenidos en función de los campeonatos logrados o de las clasificaciones obtenidas. Con estas formulas las federaciones eludirían las denuncias por “discriminación salarial”. Lo que no sabemos es si los patrocinadores estarán de acuerdo. La Federación de Fútbol de EE.UU. mostró gráficos en los que se veía que la selección masculina producía el doble de beneficios y asistencia de aficionados que la femenina. El problema radica, principalmente, en los convenios de negociación colectiva.

En el caso del fútbol masculino, un jugador recibe 5.000 dólares por perder un partido amistoso, pero cuando gana a un rival mejor clasificado recibe hasta 17.625 dólares. En cambio, una jugadora recibe 1.350 dólares por un partido amistoso, pero solo si ganan. Si pierden o empatan, las jugadoras no reciben bonos. El convenio colectivo norteamericano termina a finales del 2021.

El año pasado, la FIFA duplicó el premio monetario para el mundial femenino. Pasó a ser de 30 millones, y su presidente, Gianni Infantino, afirmó que intentará duplicarlo para el 2023. En el anterior mundial de Canadá la cantidad fue de 13 millones. En el Mundial de Rusia 2018, el total de bonos del fútbol femenino, fue una fracción de los 400 millones del fútbol masculino.

En el Mundial femenino de Francia 2019 se repartieron 44 millones para los equipos participantes. En el pasado mundial de Rusia 2018, la FIFA destinó 702 millones para el fútbol masculino. En el mundial masculino existen “indemnizaciones por lesiones” que no existen en el fútbol femenino. Nada más y nada menos que 119 millones, mientras que en el fútbol femenino no existe protección en caso de maternidad.

Todo el mundo tiene derecho a practicar el deporte que quiera, el problema se presenta cuando se hacen reivindicaciones que quedan fuera de la realidad económica en que vivimos.

Las empresas tienen como objetivo principal generar dinero, sino desaparecerán como entidades. La mayor fuente de ingresos para los campeonatos mundiales lo determina la FIFA, y no la Federación estadounidense. Si el fútbol femenino no genera ingresos por sí solo, desaparecerá porque resulta deficitario. Si consigue generar ingresos, progresará. Solo el tiempo nos dará la respuesta.

Por: Alcides Pimentel Paulino

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