El furgón policial de Putin Ignacio Ortega

Por EFE Lunes 12 de Junio, 2017

EL NUEVO DIARIO, MOSCÚ, EFE.- El furgón policial de Putin está compuesto por estudiantes universitarios, opositores recalcitrantes, descontentos de mediana edad, rusos de padres africanos, un francés vestido de época que pasaba por allí y un periodista de Efe.

“La confianza del pueblo es la fuerza de la policía”, reza un cartel que cuelga a la entrada de una comisaría situada en el este de Moscú.

A ese lugar fueron trasladados más de veinte de los detenidos durante la manifestación antigubernamental celebrada hoy en la calle Tverskaya, la principal arteria de Moscú, coincidiendo con el Día de Rusia.

La marcha no estaba autorizada, pero se desarrollaba de manera pacífica hasta que las fuerzas antidisturbios decidieron convertirla en una batalla campal a base de empujones, mamporros y porrazos.

Putin, ladrón“, “Rusia sin Putin” o “Uno, dos y tres, Putin vete“, eran los cánticos que coreaban los presentes contra el presidente ruso, Vladímir Putin.

A la policía rusa, que dividió la calle en sectores para neutralizar a los manifestantes, no se lo ocurrió mejor idea que empujar y dispersar a los congregados con ayuda de las vallas metálicas.

De repente, el reportero de Efe se encontró entre dos fuegos, los antidisturbios y los manifestantes, lo que fue aprovechado por un agente para descargar toda su ira con la “maldita” prensa.

De poco sirvió el grito “Soy periodista, soy extranjero, soy español”, ya que el antidisturbios no estaba para bromas, pero, aunque le retorció el brazo, no le requisó la cámara.

Destino: un furgón policial aparcado en las inmediaciones donde ya esperaba una docena de jóvenes universitarios.

“Hola. Mamá, llama a un abogado. Estoy detenido”, ardía uno de los pocos móviles (celulares) que había en el furgón y que pasaba de mano en mano.

No había ni una pizca de miedo o inquietud en los rostros de los jóvenes, nacidos casi todos después de la caída de la Unión Soviética en 1991, por una posible condena que pudiera acarrear la expulsión de la universidad o la pérdida de un trabajo.

“Así celebramos en este país el Día de Rusia”, comentaba uno de los indignados.

Un estudiante de tercer curso de Derecho, de padre somalí, recomendaba a los detenidos no entregar a nadie el pasaporte y tener mucho cuidado con lo que se escribía en el protocolo policial.

“Sólo nos pueden detener por espacio de tres horas”, insistía, mientras otro de los arrestados elaboraba una lista de nombres y teléfonos para garantizar que se respetaban sus derechos, con ayuda de otro ruso de padre tanzano.

Uno de los primeros detenidos fue Quentin, un francés oriundo de la localidad de Versalles, a las afueras de París, que había sido invitado por el Ayuntamiento para participar en una reconstrucción histórica.

Sin hablar ni una palabra de ruso, Quentin fue el protagonista del viaje hasta la comisaría, ya que iba vestido de “sans culotte”, los partisanos de la Revolución Francesa, con gorro frigio incluido.

“Salí a respirar y un policía ruso se abalanzó sobre mí y me llevó a rastras hasta el coche”, relató resignado.

Con todo, la mayor preocupación del francés, que nunca olvidará su visita a Rusia, tanto por la detención como por la resaca de vodka que le perseguía, era no perder el avión de mañana y recuperar el sable que le quitó la policía.

“No recuerdo ni una sola vez en mi vida que vea un policía y no me entre el miedo”, comentó a Efe uno de los chicos, quien admitió que le detuvieron cuando entraba en el metro y no cuando gritaba contra el Kremlin y agitaba la bandera rusa.

Entre los detenidos el que salió peor parado fue el mayor de todos, un hombre de unos 50 años, ya que se quejaba de un fuerte dolor que casi le hizo perder el conocimiento y, cuando dijo que creía haberse roto una costilla, fue trasladado para recibir asistencia médica.

“¿Os han pegado?”, inquiría una preocupada defensora de los derechos humanos que esperaba a la salida de la comisaría.

Los dos extranjeros, el francés y el español, tuvieron más suerte que el resto de los detenidos, que fueron puestos en libertad, pero tendrán que acudir a juicio y podrían ser condenados a quince días de arresto administrativo.

“Peor era en la España de Franco“, dijo un guardia de seguridad cuando alguien le mencionó los centenares de detenidos en las protestas de hoy.