Fugas de muchos cerebros: no, no y no

Por Francisco Rafael Guzmán

Nadie puede negar que vivimos en un mundo globalizado, el que piense lo contrario sería un orate o enajenado mental. Sin embargo, aun admitiendo esa realidad, no tenemos que pensar que vivir en un mundo globalizado es más ventajoso que desventajoso, es decir, que la globalización ha traído más cosas positivas que negativas.

Si sometemos a una balanza las cosas positivas y las cosas negativas podemos pensar que las negativas tienen más peso e inclinan dicho instrumento hacia abajo.

Nada más tenemos que pensar si las pobrezas absoluta y relativa han aumentado o han bajado  en el mundo; sin duda encontraremos que han aumentado. Ha habido progreso tecnológico en el mundo, con la telefonía sin hilo, la informática, la internet, etc., pero eso no nos dice que vivimos en un situación de bienestar global.

La división internacional del trabajo ha provocado que la precariedad con que los trabajadores asalariados vende su fuerza de trabajo, la flexibilidad para el capital movilizarse e invertir donde quiera (sobre todo donde pueda explotar dicha fuerza de trabajo pagando los salarios más bajos) ha sido una realidad inexorable c, ha sido muy promovida en  la globalización de la economía.

Esto se debe a la ausencia de regulaciones que permitan a los trabajadores salarios dignos, no solo en los llamados países del Tercer Mundo, sino también en los países desarrollados.

Ahora bien, es en los países subdesarrollados donde la explotación de la fuerza de trabajo es más despiadada, por razones históricas, pero sobre todo ahora con la globalización de la economía.

En los inicios de esta se pretendía que en los países subdesarrollados desaparecía prácticamente la educación superior, lo cual se planteaba a principios de los 90 en los momentos en que el socialismo de Estado llegaba al ocaso en los países de Este Europeo; fue el tiempo en que se habló de las maquiladoras (zonas francas) y el desarrollo del turismo como opción de inversiones extranjeras para países subdesarrollados como República Dominicana, en las primeras no se elaboran los productos  en su totalidad si no fracción de cada producto en cada país uno de los diferentes países donde operan.

El llamado acuerdo de Maastricht pretendía una nueva división internacional, con la búsqueda del predominio una economía de servicios en los países eran subdesarrollados hasta ese momento, con una economía donde casi solo hubiese trabajadores de cuellos azules con bajos salarios, mientras en los países desarrollados se mantuviera una situación diferente; una hegemonía en la  industria transformativa que requiera tecnología avanzada y una mano de obra más escolarizada se pretendía que debía tenerla los países desarrollados, con muchos trabajadores de cuellos blancos en estos últimos.

Se pretendía que los gobiernos de los países subdesarrollados no invirtieran en educación superior; que cada estudiante del nivel superior financiara sus estudios, para ello el Banco Mundial y otras entidades un salterio de recetas. Sin embargo, la realidad es que no han podido acabar con la educación superior en países como el nuestro, porque no cosa no le resulta tan sencilla.

Hasta el día de hoy la educación superior privada ha sido muy promovida, sobre todo en el archicorrupto gobierno de Danilo, en el cual se promovieron universidades privadas y se vapuleo por omisión (a la universidad del Estado) a la UASD desde las instancias oficiales, iniquidad que solo podría ser explicada por un posible profundo resentimiento de alguien desde la esfera pública.

No quiero ni mencionar nombres, pero una universidad privada, tal vez la considerada más elitista,

ha sido muy promovida en los últimos días, en sus relaciones públicas internacionales. Ojala la consecuencia de esto no termine, lo que es muy probable, en la exportación de recursos humanos.

Nuestro país y otros subdesarrollados necesitan muchos recursos humanos en su territorio propio.

Necesitamos que en la UASD se forme la mayor parte de los recursos que más se necesitan en el país, en lo cual tiene que haber planificación curricular, pero el Estado tiene que darle mayor apoyo.

Ahora que existe en la UASD un grupo de personas, un núcleo académico, personas con vocación para dirigir por el buen sendero la educación superior  estatal, como requiere el país y sobre todo a partir de la presente  coyuntura con esta pandemia, crisis sanitaria y ecológica mundiales, es necesario reorientar desde dentro la UASD.

Hay que romper con todo traza del clientelismo en la academia estatal, no importa quién sea el rector, para lo cual el Consejo Universitario debe funcionar democráticamente y debe haber una mayor democracia en la elección de autoridades, con la participación estudiantil de calidad.

Necesitamos médicos que los 32,000 a 33,000 que tenemos, pero necesitamos abogados que sepan separar lo justo de lo puramente legal. Para que la UASD se reoriente mejor contamos con académicos como Rosel Fernández, Antonio Ciriaco, Leopoldo Artilles, el Dr. Canario, Bautista López, Francisco Cáceres y Francisco Antonio Acosta Pérez, entre otros.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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