Frotándose las manos y como hienas…

Por Francisco S. Cruz lunes 13 de marzo, 2017

Quizás, y como escribiera –hace poco- Mario Vargas Llosa en un artículo –“Las delaciones premiadas” (El País/ 19/02/2017)- mezcla de latigazos, frustración (motivada por el involucramiento de su amigo, el ex presidente Alejandro Toledo, en el mega-escándalo de corrupción y soborno) de esperanzas; pero, sobre todo, de una convicción histórica a largo plazo: “Algún día habrá que levantar un monumento en homenaje a la compañía brasileña Odebrecht, porque ningún Gobierno, empresa o partido político ha hecho tanto como ella en América Latina para revelar la corrupción que corroe a sus países ni, por supuesto, obrado con tanto empeño para fomentarla”. Sin duda, sentencia lapidaria que, probablemente, o quizás, se perderá en la bruma de una parranda de borrachos de variopintos linajes: de unos que aspiran -como hienas- llegar, o volver al poder; y de otros que no alcanzaron a otear, con certeza prístina ni desde su mejor referente-paradigma, la oportuna coyuntura para sentar un antes y un después.

Pero no bien el Presidente de Perú –ante el escándalo de soborno y corrupción Odebrecht- se espabilaba y actuaba frente al caso (incluso con un discurso anticorrupción durísimo ante la nación y la apertura de una investigación al ex presidente Alejandro Toledo –sindicado como beneficiario del entramado- y sin importarle que se tratase del Presidente al que sirvió como ministro), cuando de repente una procuradora ad hoc ha pedido investigar al propio Presidente Pedro Pablo Kuczynsky “sobre la presunta comisión de algún delito de persecución pública” en relación a la mención de una compañía -en la que “tuvo influencia”- en supuestas transacciones con la brasileña, sumándose a la lista de Presidentes que ya están mencionados o acusados -por terceros, filtraciones o especulaciones políticas-periodísticas- de que sus campañas fueron financiadas con dinero del entramado de soborno y corrupción que la firma Odebrecht, en complicidad con políticos y empresarios, desparramó por todo el Continente.

Sin embargo, lo más lamentable del curso político-mediático que el mega-caso Odebrecht está tomando en nuestro país (que está en lista de países salpicado, con 92 millones de dólares, según confesión pública de la misma Odebrecht, en el entramado de corrupción y soborno), no es el más saludable ni el más conveniente para, curiosamente, lo que se exige y demanda desde el seudo discurso de institucionalidad y justicia -que vocingleros de la oposición política-mediática llevan a cabo, desde los medios e filtrados en los movimientos de protesta que muchos ciudadanos –bienintencionados- vienen realizando-, pues se está descarrilando por otros derroteros: el del interés político –a corto plazo- de una oposición política variopinta (mezcla de partidos políticos, sociedad civil politizada -más bien, sociedad de peones de agencias extrajeras, que por demás, reciben su “situado”-, de empresarios agazapados mitad político y mitad perjudicados en el negocio eléctrico, periodistas e intelectuales (¡todos políticos de la “secretas”!) que más que querer y aspirar lo que pregonan (institucionalidad y dizque fin de la impunidad), andan, como hienas -encelo-heridas- tras el poder, no para institucionalizar nada (¡qué va!), pues son, en mayoría, viejos actores políticos derrotados-frustrados –entre ellos, también, corruptos- y disfrazados de redentores sociales, si no, interesados en vahear de politiquería, de ajuste de cuentas viscerales-personales-generacionales (con énfasis en el PLD y sus líderes) y de no pocas fijaciones de sueños presidenciales –los casos de: Guillermo Moreno, Minou Mirabal, Max Puig, etc.- que jamás serán posibles porque si la crisis del sistema de partidos políticos y de los líderes que lo sustenta –responsables, en parte significativa, de la degradación de la política- se hace irreversible, seguro estoy, que no serán ellos los beneficiarios del caos ni de la ingobernabilidad que, sin medir consecuencias -más que su inmediatismo político- están atizando con el solapado objetivo político-electoral de un populismo de izquierda que ya fracasó.

Frente a esos que se están frotando las manos (desde la otra acera y augurando lo peor), y las hienas que les acompañan -sedienta de odios y rencores (sobre todo, su ala periodistica-mediática e intelectual)-, sería mejor creer en un Presidente -como Danilo Medina- que ha dicho: “que no se desesperen…”, que “…hay mucha gente que quiere verme nadar en el lodo…”, o más desafiante y coherente, que “quisiera que alguien pueda probar que mi campaña fue financiada por la referida empresa y que alguien me imputara y emplazamos a cualquiera, incluso al señor que dijo eso allá”.

Ahí está el desafío (¡Adelante pues!, señores de la oposición y sus satélites mediáticos-periodísticos e intelectuales…).

Creo en el Presidente Danilo Medina -como ciudadano, como dirigente del PLD, pero, sobre todo, como critico coherente-sistemático de la corrupción pública-privada como flagelo histórico-estructural –no desde el sesgo político-partidario-coyuntural o, desde el fusilamiento mediático, alegre y gratuito-, y en todas sus modalidades, desde una militancia política que no niego, pero que tampoco ha castrado mi independencia de criterio) en su reciedumbre moral, en la obra de gobierno que viene realizando -que salta a la vista- enfocada en la agenda social acumulada, pero más que ello, creo que el país, y el propio liderazgo del Presidente, están ante una oportunidad de oro: sentar un precedente y cumplir con lo que dijo el procurador: “caiga quien caiga”, sin importar, agrego yo, partido político, cargo o investidura -por más encumbrado que este en algún poder público-, figura pública (político, líder o empresario), o que se trate de la manida e histórica cultura de que cada partido político -que pasa por el poder- termina teniendo y protegiendo a sus corruptos favoritos.

Y ello no debe ser así, pues “El que la hace que la pague”. O mejor dicho, el que se corrompió y cogió-robó cuarto o hizo transacciones -de cualquier índole- en perjuicio del erario público, y se le comprueba, en debido proceso de ley; primero, que se le confisque bienes y cuentas, y segundo, que reciba cárcel y muerte cívica-ciudadana para que jamás pueda aspirar, si quiera, a alcalde pedáneo…

Eso sería lo mínimo -de castigo y sanción-, para empezar. Pero, si termina –o terminan (si hablamos de varios o de muchos)- pudriéndose en la cárcel, sería mejor!

 

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