Fortaleza de la justicia

Por Manuel Hernández Villeta viernes 5 de julio, 2019

Este es el momento de lograr la verticalidad de la justicia. Que se imponga con todo el poder institucional. Hay jueces nuevos, hay nuevas metodologías de trabajo, hay nuevos códigos. Ahora o nunca.

A pesar de los tropezones y las murallas, el sistema judicial ha avanzado. Sigue castrado en el dominio que sobre él tienen los partidos políticos. La independencia de un juez en ocasiones se ve nublada, porque proviene de una cuota que se asignó a un grupo político.

Aun así, hay magistrados serios y responsables, que luego de su juramentación, el ejercicio de ese sacerdote está por encima de las avenencias partidistas. Es irreal pensar que en corto tiempo se terminará con las cuotas judiciales, y que estos profesionales solo serán escogidos por su hoja de servicios.

 Hay jueces prevaricadores, pero es la minoría. Desde luego,  siempre esa parte minúscula es capaz de llevar una percepción en la opinión pública de que todo está perdido. Tengo confianza en la justicia, y a pesar de sus fallas, es un poder básico del Estado que debe seguir siendo saneado, para que funcione a plenitud.

Tengo una inquietud y es torno al ministerio público que de una u otra forma se nombra por decreto del Poder Ejecutivo. El cargo de Procurador General de la República debería ser escogido por el Consejo Nacional de la Magistratura, o cualquier organismo especializado, pero no por un decreto.

Los fiscales, y el Procurador es su jefe y conductor, se reconocen como los representantes de la sociedad. Escogidos por un consejo del ministerio público y no por decreto, le ha dado nueva fuerza a esa posición.

Siempre hay la posibilidad de que un fiscal designado por decreto, vea coartada su línea de independencia. No es cosa de hoy, sino que viene de viejo. Ya en época del doctor Joaquín Balaguer había fiscales que debajo de la toga con la cual subían a estrados, estaban uniformados y a veces con botas.

Todos los dominicanos tenemos que trabajar hombro a hombro para reducir los índices de delincuencia. Es una labor que no se le puede dejar sólo a la Policía, los fiscales o los jueces. Es una acción multisectorial necesaria para que pueda dar resultados.

Si la justicia funciona, todos los otros estamentos del Estado en la lucha contra la violencia estarán en el mismo tono. Lo primero es lograr que de nuevo esa justicia se ponga la venda en los ojos, y que tenga la balanza en las manos. Así comenzaremos a transitar por la senda de la institucionalidad y el respeto. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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