Financiamiento y desigualdad

Por Luis Eduardo Díaz Franjul jueves 8 de junio, 2017

El grado de efectividad y alcance de la productividad se traduce en mayores volúmenes de bienes y servicios, mejor aún con el respaldo de obras de infraestructura para medir con mayor certeza la riqueza material de cualquier nación. En este escenario tiene su aparición y explicación lo que se conoce como clase media pues hace unos 200 años alrededor del 94% del planeta estaba empobrecido. La productividad como factor determinante, por un lado, y el nivel de empleo que surge de la riqueza material consecuencia de la productividad, por el otro, convierten la riqueza material en el “crossover” que permite el paso de clase pobre a clase media y luego a la rica hasta alcanzar el 1% del club de los más ricos del mundo. Así es la vida aunque se pinte de otro color a la hora de hablar de desigualdad y éxitos según los niveles de bienestar que tengan como hábitat la generación de riqueza material como revela el Producto Interno Bruto (PIB).

Es un esquema el crecimiento económico traducido en desarrollo económico reflejado en los niveles de bienestar pero, vuelto y repito, según el grado de eficacia y alcance de la productividad en los países pobres y en vías de desarrollo principalmente, para explicar el “crossover” de la riqueza material que evidencia el paso de un estrato social a otro (de la pobreza a la clase media o rica). Como quiera que se torne o vire estamos frente a lo que se conoce como desigualdad mundial, donde un exceso de su disparidad puede reducir el crecimiento económico y la desigualdad social. En esto último coincido con Bjorn Lomborg (Ref./Listín Diario, 31/1/2017. “Oxfam y la desigualdad: otra interpretación”).

Con o sin exceso de disparidad la desigualdad debe ser tema prioritario en todos los países para que el nivel de bienestar no se quede en el tintero a falta del debido enfoque que la combata desde propia su raíz. En la edición del periódico Hoy de fecha 21/5/17 el periodista Juan Bolívar Díaz hace una radiografía de distintos planteamientos de cinco reputados economistas dominicanos que debatían el entorno económico nacional en un panel que celebró el Grupo Corripio en fecha 19/5/17 en las instalaciones de ese periódico. Los economistas participantes fueron Ernesto Selman, Jacqueline Mora, Pedro Silverio Alvarez, José Luis Ramón y Miguel Ceara Hatton. Juan Bolívar Díaz luego añade las declaraciones de Flora Montealegre, Representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el país.

Según el periódico El Caribe de fecha 18/5/17 Flora Montealegre dijo que el país no debe seguir endeudándose para pagar intereses y debería asegurarse de que la deuda que se coja a partir de ahora sea para aportar a los niveles de inversión enfocada en el desarrollo. Aquí entraría en escena la formulación de proyectos de inversión (o de todo tipo) con rentabilidad económica y social, para no dejar cabos sueltos. Bajo este mecanismo estamos de acuerdo con un financiamiento internacional que genere riqueza para combatir la desigualdad en términos absolutos. Para avalar mi apoyo a estas consideraciones remito al lector algunas de mis publicaciones (Ref./Google: “PIB 2.0 – Pacto por la Productividad”, “Insuficiente crecimiento de la productividad”, El Estado como sector económico”, “Productividad y competitividad”, “Estado productivo o populista”, “Neoprogresismo populista y democrático”, “Teoría de la Desigualdad”, “Galaxia económica”, “PIB público y privado”, “Mi sincera respuesta al Banco Mundial” y “Ministerio de la Pobreza”, entre otros).

 

Estas publicaciones plantean la inversión o generación de riqueza de parte de los sectores público y privado para juntos combatir el desempleo y la pobreza. Se trata de un tipo de generación de riqueza para reducir la desigualdad en función del aumento del empleo, visto como punta de lanza para eliminar la desigualdad (para no perder el rumbo), como de manera clara expliqué a la Representante del BID en mi carta de fecha 18 de mayo de 2017. Hay que alertar para que muchos de los objetivos del milenio sean una realidad y no una quimera donde la desigualdad y el crecimiento económico recorren distintos caminos.

 

En los países pobres o en vías de desarrollo el término “crecimiento económico” se presta para muchas cosas. Cualquier persona o sector lo utiliza a su mejor parecer y en algunos casos como realmente es. Es un término que se ha popularizado porque encierra varios matices. Todavía dista mucho el uso término “igualdad económica” que encierra un solo matiz: la reducción o eliminación de la desigualdad de parte de los sectores público y privado donde el sector público tiene que comportarse como un sector económico como otro cualquiera para hacerle frente a la desigualdad. Se trata de un término que compromete al Estado a producir riqueza partiendo de sus propias entrañas, igual que el sector privado, si vemos la productividad como un compromiso de todos y no dentro de un enfoque difuso y variado que la perpetúe.

Las declaraciones de Flora Montealegre, aunque bien intencionadas, se enmarcan dentro de la generalidad del crecimiento económico  puro y simple. En este sentido refiero al lector el intercambio de correspondencia que sostuve con el Representante del Banco Mundial en el país, señor Alessandro Legrottaglie (Ref.&Google: “Mi sincera respuesta al Banco Mundial), si vemos financiamiento en función de la inversión productiva, lo que de cierta forma plantea la Representante del Bid, aunque en ningún momento ella menciona la palabra “desigualdad”. En lo que a mi concierne veo el financiamiento externo como un reto económico si busca la “igualdad económica” que desplace la desigualdad desde su propia raíz. La productividad hay que verla con traje propio, con o sin financiamiento. Todo depende del grado de eficacia y alcance, vuelo y repito, para evitar distorsiones que traumaticen los niveles de bienestar.que convierten en jerga el crecimiento y el desarrollo económico.

La búsqueda de soluciones a los problemas económicos y sociales se observa de manera particular en los gobiernos que hemos tenido desde el final de la Era de Trujillo. A partir de entonces resurge el “quehacer político” o “Común Denominador” que debate esas soluciones. El Común Denominador es una herramienta de investigación para la interpretación sectorial de la historia que en este caso ignora el “quehacer político”. Hasta ahora me he limitado a la solución del problema de la desigualdad mediante la generación de riqueza en búsqueda de la “igualdad económica” que beneficie a todos, viéndolo como planteamiento sostenible, siempre y cuando los horizontes de grandeza (sectores público y privado) se pongan de acuerdo para combatir la desigualdad, conscientes de que la democracia no es perfecta o como uno se la imagina, como tampoco son perfectos los sistemas de gobiernos que existen en el mundo. Lo contrario es el paraíso que se pueda pintar.

Solo me resta sugerir el uso del “Común Denominador” que sirva de base a una historia económica que tanta falta hace a la República Dominicana, para no perder de vista la relación que existe entre la historia y la economía. Por eso también sugiero el uso del “Pragmatismo” como categoría de investigación para la interpretación de acontecimientos históricos que pudieran revelar contradicciones (Ref./Google: “Azar o Cisne Negro”, “Divagaciones del Azar o Cisne Negro”), para que nuestra historia no se convierta en “conversatorio de loros”, tal y como es, con la esperanza de que no suceda lo mismo con esa historia económica que tanta falta hace al país.

Es útil la aplicación del “Pragmatismo” y el “Común Denominador” en las ciencias sociales para bien de la historia y la economía, como nueva metodología de investigación. Si se quiere para darle mayor objetividad a las ciencias sociales. Hay que construir una historia económica basada en hechos y consecuencias, no en capítulos traducidos en historias de guerras y gobiernos. Es aquí donde entra en acción el “Común Denominador” ( “deuda pública”, “política monetaria”, gasto público”, “crecimiento económico”-, para solo mencionar algunos) con el propósito de replantear el comportamiento gubernamental. De hecho hay que descartar el “quehacer político” de lo contrario se pierde la objetividad de la interpretación sectorial de la historia en todas sus dimensiones. La idea es comparar la eficacia de las ejecutorias de distintos gobiernos partiendo de uno o varios denominadores en un interregno sujeto a investigación.

 

 

 

 

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