“Figuras” versus maquinarias electorales de cara al 2024

Por Francisco S. Cruz lunes 2 de mayo, 2022

Aunque los partidos, por múltiples causales -descrédito de algunos de sus líderes, déficit de democracia interna, falta de reingeniería organizativa efectiva, sintonía partido-sociedad-gestión pública, entre otras-, están en crisis, hay, en nuestro país, ciertos “análisis” y “analistas políticos” tempranamente tendenciados, pues pretenden situar la actual correlación de fuerzas políticas-electorales en función de figuras o de liderazgos obviando el factor desgaste, descrédito y tasa de rechazo; y algo más, subestimando, a conveniencias o manipulación, el hecho de que aún los partidos tradicionales -PLD, PRSC, PRD, y, en cierta forma, el PRM- son referentes electorales unos por ser maquinarias electorales -de décadas- per se o sentimientos; y otros, por ser desprendimientos directos de los mayoritarios sin el antecedente de un trueque o una vulgar compraventa.

De ese razonamiento-deseo, se quiere traer, por los moños, la tesis de que la presente coyuntura política-electoral se está debatiendo a partir de figuras -más bien, liderazgos unipersonales-  y relegando los partidos a meras siglas en el interés, y es estrategia evidente, de querer condicionar, perceptivamente, el venidero proceso electoral -2024- a las aspiraciones de un expresidente cuya franquicia -porque no es un partido- no logra o no se proyecta como una marca-partido capaz de romper una polarización -PRM-PLD- que, aunque no definitiva, no ha sido rota, como lo logró el PLD cuando, después de 20 años de su fundación-recorrido, rompió la otrora hegemonía política-electoral PRSC-PRD, a pesar tener, como candidato y líder, a una figura de la talla y dimensión de Juan Bosch. Esa realidad fáctica -el aspecto histórico o recorrido-partido- no se puede borrar, so pena de caer en espejismo, daltonismo periodístico o ilusión óptica.

Y es que hay “analistas” políticos que están convencidos (¿?) de que crear tendencias artificiosas u ola política-electoral es algo exclusivamente de laboratorio o de crear narrativas periodísticas-mediáticas de prestidigitación o de hechicería barata. Lo más probable, de esas pretensiones, es una ola y esas no suceden dos veces corridas -ya sucedió en 2020-; y lo otro, sería echar vino viejo en odre nuevo -por más que se quiera o se empuje una figura o liderazgo, y más si se trata de una figura que ya agotó su ciclo electoral, aunque no su gravitación política, que es otra cosa-.

Por ello, somos de creencia, quizás equivocado, de que la venidera coyuntura electoral que se está configurando o definiendo, hasta ahora, se perfila como de polarización de dos bloques políticos-electorales, por múltiples razones históricas-políticas y hasta generacional (PRM-PLD). Y para más seña: entre el actual presidente y el candidato que el PLD escoja (con la condicionante de que aun las siglas-alianzas, maquinarias o partidos serán importantes). Los demás, tendrán que alinearse en uno u otro bloque que el mismo proceso ira configurando. ¡Así de sencillo…!

De modo que, tanto la periodista-analista -por demás leonelista- como el que escribe sus “reflexiones”, tendrán que replantearse sus tesis-interés y reducir el entusiasmo de sus simpatías políticas -en todo su derecho- en aras de más racionalidad científica-periodística, pues, la actual coyuntura política-electoral no se definirá en función de liderazgos unipersonales -ejemplo: Abinader-Leonel- sino de bloques de alianzas PRM-PLD. Y repetimos: la novedad, en termino de candidato presidencial, saldrá del PLD y no del PRM ni mucho menos de las siglas-feudo FP.

Otra novedad -que no aflora, pero que está latente- sería un outsider. ¿Quién lo quiere?

Por: Francisco S. Cruz

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