Feminismo y biología

Por Alcides Pimentel Paulino lunes 9 de julio, 2018

En ocasiones, las feministas, en su afán por competir con los hombres, olvidan la realidad social y de donde venimos. Se olvida que todas las mujeres no piensan igual, y que existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres que son condicionantes difíciles de evitar.

 

El feminismo es la doctrina y el movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. Es decir, es un conjunto heterogéneo de movimientos políticos, económicos, culturales y sociales, que tiene como objetivo la búsqueda de la “igualdad de derechos” entre hombres y mujeres, y eliminar la dominación y violencia de los varones sobre las mujeres; y de los roles sociales según el género. Como puede observarse la definición de “feminismo” es ambigua y confusa. Puede ser interpretada como una opresión femenina por parte del patriarcado. El problema es que las mujeres como los hombres no representan un grupo homogéneo.

 

A pesar de la globalización, el mundo evoluciona a diferentes velocidades, fruto del nivel socioeconómico de los países. Existen paises desarrollados, subdesarrollados y en vias de desarrollo. Las reivindicaciones del feminismo en Occidente, no son exactamente las mismas que los paises en vías de desarrollo. Cuando interfieren factores religiosos como ocurre en los países árabes, todo se complica más.

 

Exigir que los hombres y las muejres tengan los mismos derechos es una cuestión de justicia social. Desde este punto de vista se trata de un tema muy loable. En el tema de las “capacidades” no existe unanimidad al respecto, debido principalmente a factores biológicos. Cuando hablamos de la misma “capacidad” entramos en un terreno peligroso y controvertido. Se pretende hacer pensar que biológicamente, hombres y mujeres, son iguales. Una falacia en toda regla.

 

Los problemas del feminismo se producen cuando sus protagonistas se olvidan de la realidad social existente, tanto en el mundo, como dentro de cada sociedad en particular. Se pretende entrar en una competencia entre hombres y mujeres (la batalla de los sexos) en que lo ideal entra en conflicto con lo real, utilizando argumentos populistas para manipular a la opinión pública con lo políticamente correcto.

Las sociedades matriarcales como tales, opuestas a las patriarcales nunca han existdido, sino que se complementaban. Las feministas francesas, por ejemplo, difícilmente perseguirán los mismos objetivos que las de Arabia Saudí, donde hasta hace muy poco no podían conducir o ver un partido de fútbol.

 

El feminnismo es un movimiento social y político que se inicia en el siglo XVIII con la Revolución francesa. Existen libros como el de la autora Ana de Miguel, “Los feminismos a través de la historia” que así lo confirman.

 

La población femenina no es un grupo homogéneo en todos los países. Un ejemplo de esto es el sufragio femenino. Esto ya ocurrió a principios de siglo, cuando los movimientos sufragistas de principios del siglo XX, no podían hablar en nombre de todas las mujeres, solo de las que vivían en los países occidentales.

Finlandia (región del Imperio ruso) fue el primer país oficial en permitir el voto femenino en 1907. En verdad, el primer voto femenino de la historia se produjo en Nueva Jersey en 1776 de forma accidental. Se autorizó el primer sufragio femenino al utilizar la palabra “personas” en vez de “hombres“, pero fue rectificado y abolido en 1807.

En Inglaterra las mujeres pueden votar desde 1918, mientras que en Estados Unidos, las mujeres negras, tuvieron que esperar hasta 1967. En Inglaterra, solo podían votar las mujeres mayores de 30 años, y con muchas restricciones. En Estados Unidos, las mujeres blancas podían votar desde 1920. Una de las figuras del sufragismo fue la británica Emmeline Pankhurst. Para conseguir los objetivos feministas defendió el uso de tácticas violentas como el sabotage, el incendio de comercios, de establecimientos públicos y las agresiones a miembros destacados del Gobierno y del Parlamento.

 

La primera vez que se reconoció en España el sufragio femenino fue en la Constitución de 1931 durante la Segunda República Española. En aquella ocasión, a las mujeres, se les reconoció el sufragio pasivo. Tres mujeres fueron elegidas como candidatas: Margarita Nelken (PSOE), Clara Campoamor (Partido Republicano Radical) y Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista). Personajes como Roberto Novoa Santos (Federación Republicana Gallega) se oponía al voto femenino con estos argumentos.

A la mujer no la domina la reflexión y el espíritu crítico, sino la emoción y todo lo que tiene que ver con los sentimientos“. Argumentaba que dar el voto a las mujeres, en aquella época, sería dar el voto a la derecha y convertir España en un Estado Conservador o Teocrático. Para éste y otros políticos de su época, las mujeres eran histéricas por naturaleza, y si conseguían el voto impondrían un régimen matriarcal. Victoria Kent, una mujer de izqueirda se oponía al voto femenino al considerar que muchas mujeres españolas reforzarían a la derecha y harían fracasar la República.

 

En República Dominicana el voto femenino no se consiguió hasta 1942. En Francia, el voto se consigió en 1944. En Países tan avanzados como Suiza, el sufragio femenino no se produjo hasta 1971. La Ciudad del Vaticano es el único Estado del mundo en el que todavía no pueden votar las mujeres. Llama la atención que en España, el 63% de la población se considera feminista.

 

Hay que subrayar que los principales objetivos del movimiento feminista no han variado mucho desde principios del siglo XX. Incorporación de la mujer al mercado laboral, derecho de voto, mejora de la educación, ascender socioeconómicamente, evitar la subordinación de la mujer y terminar con la doble moral sexual. Sus logros son notorios en la educación y en el sufragio femenino. El derecho a la educación está recogido en el Pacto Internacional  de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas para eliminar la discriminación.

La idea es humanista y bien intencionda, pero choca con una realidad moldeada por el capitalismo, donde el dinero establece diferencias de clase que las buenas intenciones no pueden doblegar, a pesar de que la no discrimación esté recogida en la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 26. Según la juridisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, “la democracia no se reduce a la supremacia constante de la opinión de la mayoría, ordena un equilibrio que garantice un trato justo a las minorias y evita el abuso de la posición dominante“.

 

Aunque se intente menospreciar, existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Según la encuesta catalana de salud del 2017 realizada por la ESCA, las mujeres, en general, cuidan su salud más que los hombres a edades similares. Fuman menos, siguen una dieta más equilibrada, beben menos refrescos azucarados y toman menos alhocol. La paradoja es que a pesar de esto, la salud de las mujeres es percibida como mucho peor que la de los hombres, principalmente en salud mental y depresiones graves.

 

Uno de los campos de batalla del feminismo es la paridad en puestos directivos de las empresas. La búsqueda de la paridad en los puestos directivos entre hombres y mujeres en las grandes empresas es un tema muy complejo que no puede entenderse utilizando argumentos simplistas. En las empresas públicas se pueden aplicar leyes en busca de este objetivo, pero en el sector privado, basado en el libre mercado, y en las capacidades individuales, el tema es más difícil de conseguir. Las empresas privadas buscan a los más capacidados, sean hombres o mujeres.

 

El problema de fondo es que hombres y mujeres, diversos estudios en los paìses nórdicos lo corroboran, eligen sus carreras profesionales en función de múltiples parametros. En general, las carreras conocidas en inglés con el acronimo STEM, es decir, las relacionadas con las Ciencias, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas, son cursadas, mayoritariamente, por varones. Se trata, por lo general, de las carreras con mejores retribuciones económicas.

Las chicas, en general, suelen decantarse por disciplinas sanitarias, Humaninades, Ciencias Sociales y Jurídicas. Segùn datos del Ministerio de Educación, hay más mujeres (54%) en las universidades españolas que hombres, sin embargo, las mujeres solo representan el 25 % de los estudiantes de Ingeniería y Arquitectura. En Estados Unidos representan en 14%. En general, las notas de hombres y mujeres en estas carreras son muy similares.

 

El discurso de que el “patriarcado” impide que las mujeres opten por estas carreras es tramposo, ya que se trata de elecciones libres que se realizan en función de los gustos personales de los alumnos. Echar la culpa a los padres y a los profesores podía servir en el pasado, pero no en el presente. Se cree que los padres tenían mayores espectativas en los hijos que en las hijas. En la actualidad, en donde prima el modelo familiar de hijo único, esto es discutible. Que profesores y padres reproduzcan los roles tradicionales no explica todo el problema. De hecho, Stefan Kapferer, secretario general adjunto de la OCDE, denunció que “los profesores puntúan mejor a las chicas que a los chicos”.

Una discriminación positiva en las aulas que puede ser contraproducente. Las chicas se acostumbran a menos presión lo que les provoca más dificultad  a la hora de gestionar la frustración. Esto les hace estar menos preparadas para asimilar los fallos. Los chicos, al parecer, son más arriesgados en situaciones límites. Las mujeres prefieren carreras más sociales, mientras que los hombres prefieren carreras mejor remuneradas. A todo esto hay que añadir la falta de referentes femeninos en estas carreras. En conclusión, los hombres son más materialistas y las mujeres más sociables.

 

No es cierta aquella teoría de que las mujeres cobran menos, haciendo el mismo trabajo que los hombres. Muchas personas creen que es cierto porque se quedan en la superficialidad. Si lo analizamos a fondo, las explicaciones de esta diferencia responden a factores sociales y biológicos. A muchas mujeres se cuesta conciliar la vida laboral y la familiar. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de hijos por mujer en edad fértil ha caído a 1,31. Se trata de una de las tasas de fertilidad más bajas de la historia y del mundo. El 70% de las mujeres de 35 años en España no tienen hijos, según la Sociedad Española de Fertilidad. Precisamente, la fertilidad baja drásticamente a partir de los 35 años. Según un estudio de la Universidad de Barcelona (UB), el 25% de las mujeres nacidas en los años setenta, no serán madres. Para un 5% se trata de una decisión personal.

 

Es obvio que a muchas mujeres les cueste llegar a lo más alto, el llamado “techo de cristal“. No es una casualidad que Angela Merkel (Canciller alemana), Theresa May (Primera Ministra británica) y Emmanuel Macron (Presidente francés) no tengan hijos. Como tampoco los tienen  famosos como: Dolly Parton, Oprah Winfrey, Kylie Minogue, Helen Mirren, Condoleezza Rice, Renee Zellweger, Jennifer Aniston, Cameron Diaz, Winona Rider o Maribel Verdú.

 

Para los puestos directivos es necesaria máxima disponibilidad, algo a lo que muchos hombres están dispuestos a sacrificarse, pero que para muchas mujeres que quieren ser madres, supone un freno a su progresión sociolaboral. Si a esto le añadimos que los hombres son “físicamente” más fuertes o resistentes que las mujeres, las causas de estas desigualdades quedan en evidencia. A cuantas mujeres conoceis que trabajen 11 o 12 horas diarias? Muchos hombres lo hacen.

Esto provoca que cuando se hacen las medias que intentan explicar las desigualdades de género en relación a los ingresos, no se diga toda la verdad. Si de media los hombres trabajan más horas y con trabajos mejor remunerados, matemáticamente existirán diferencias de ingresos entre hombres y mujeres. Esto no quiere decir que se les pague menos, intencionadamente, a ellas que a ellos. En el mundo del deporte, los ingresos vienen condicionados por los aficionados, la publicidad y el merchandising. El fútbol masculino, el tenis o el baloncesto generan más ingresos que el femenino, de ahí que sería injusto pagar igual a los dos.

 

El ser humano es muy flexible. Los dos pilares básicos de los seres humanos son: sobrevivir y ser felices como meta individual  y colectiva. Existen una diferencias biológicas que nos condicionan, y que nos hacen diferentes, al resto de los animales. Estas diferencias se mantienen en la dicotomía hombre-mujer, pero entran en conflcito cuando la cultura intenta modificarlas.

El sexo en los seres humanos tiene dos funciones: reproducción y placer sexual. Un engaño frecuente en las reivindicaciones feministas se produce con el sexo. En los seres humanos, como Homo Sapiens y seres adaptables socialmente, se produce una batalla entre nuestra base biológica y la base cultural, que son los cimientos sobre los que se edifica el comportamiento humano. La base genética tarda más en adaptarse o evolucionar con el paso del tiempo que la cultural.

 

En la actualidad, niños y niñas son educados en la creencia de que pueden elegir su sexualidad, es decir, que esta no viene determinada por factores biológicos estables. Este no reconocimiento de las diferencias biológicas genera problemas a muchos jovenes; hasta el punto de hacerles dudar sobre sus preferencias sexuales. Ante esta confusión, algunos jóvenes optan por probar para saber que es lo que más les atrae. En algunos provoca depresiones.

Este rechazo de las diferencias sexuales entre hombres y mujeres genera que muchas chicas quieran comportarse como los chicos, cuando no es lo mismo biológicamente. Sobre la base biológica se han generado, desde hace siglos, unos estereotipos de género que no desaparecerán a corto plazo. Biológicamente, el hombre, como animal que es, tiene la tendencia a reproducirse con el máximo número de hembras  que le atraigan sexualmente, mientras que la mujer tenderá a buscar el “Macho Alfa” que le garantice una mejor descendencia. En nuestro caso una mejor calidad de vida, para ella y para sus hijos.

 

El hombre está “programado” genéticamente para el placer inmediato. En general, el hombre llega al orgasmo antes que la mujer. Podríamos interpretar que el hombre busca el placer momentáneo, mientras que la mujer busca un placer más estable. Si a esto le añadimos que vivimos en una sociedad egoísta, que busca sus objetivos de la manera más inmediata, nos encontraremos que las relaciones entre hombres y mujeres se tornarán más complejas.

Fruto del desface entre la biología y la cultura, cuando algunas mujeres intentan competir con los hombres en este terreno, se les vuelve en contra. El hombre, en general, buscará su placer inmediato, sin pensar en el placer de la mujer, que querará insatisfecha, y por tanto se sentirá utilizada. Este tipo de pensamiento se hace patente en redes sociales de búsqueda de pareja como Tinder. La mayoría de los hombres buscarán sexo fácil, mientras que las mujeres quieren encontrar una pareja estable. Existe una diferencia de objetivos que parte de nuestra biología.

La sexualidad femenina es más compleja que la masculina por razones fisiológicas y sociales como afirma Rosario Castaño. En la exitación intervienen los componentes hormonales. En los hombres, los niveles hormonales permanecen estables, mientras que en las mujeres fluctúan, en relación al ciclo menstrual.

Los estrógenos son hormonas sexuales esteroideas (derivadas del colesterol), de tipo femenino principalmente, producidos por los ovarios, la placenta, el embarazo y, en menores cantidades, por las glándulas adrenales. Las mujeres tienen una carga diferente de estrógenos en cada día del mes. Esta variación está relacionada con los cambios de ánimo de algunas mujeres durante el ciclo menstrual.

Tradicionalmente, la educación sexual de las mujeres ha estado orientada a satisfacer el placer sexual de los hombres. De ahí que algunas mujeres fingían los orgasmos en el pasado. Muchos hombres no se preocupaban por el placer sexual femenino, solo se enfocaban en sus orgasmos. Según las estadisticas, cerca del 30%  de mujares no tienen orgasmos regularmente con sus parejas.

A pesar del mayor respeto hacia la mujer y a la separación entre sexo y maternidad, se ha avanzado, pero estamos lejos de una igualdad real. Las mujeres dan más importancia en el sexo a los juegos preliminares y la seducción, mientras que los hombres priman más el deseo, la excitación y el orgasmo. Las mujeres tardan entre 3y 10 veces más en alcanzar el orgasmo que los hombres. Algunos expertos lo relacionan con que las mujeres deben sentirse seguras y libres de preocupaciones para exitarse. Para compensar, algunas mujeres son multiorgásmicas, mientras que es poco frecuente en los hombres.

Cultulamente se ha educado a las mujeres para que relacionen amor y sexo como parte de un todo, mientras que el hombre muede asimilarlo por separado. En realidad los dos sexos pueden hacerlo. Es muy posible que la mujer pueda actuar como los hombres en relación al sexo, si se desprende de los condocionamientos sociales. Es decir, que puede tener sexo sin relacionarlo con el amor, igual que puede hacer un hombre. Con el tiempo puede que la cultura logre igualar los objetivos vitales (como el sexo) entre hombres y mujeres, pero todavía falta mucha educación.

Vivimos en una sociedad materialista y de apariencia, por eso, los hombres más guapos, con mejores carreras, ingresos o fama, tienen más posibilidades de ligar (tener sexo) que los que no tienen nada de eso. Negar esta realidad, es querer engañarse a uno mismo. Partiendo de esta base cultural se han generado unos estereotipos de género que se concretan en que un mismo acto no es valorado de la misma manera para hombres y mujeres. Un hombre que liga mucho es valorado positivamente, es un machote, un Don Juan, mientras que cuando lo hace una mujer, es considerada como una puta o una chica fácil.

Algunos de los objetivos del feminismo se han conseguido en mayor o en menor medida, pero hay dos en los que la competitividad capitalista y las diferencias biológicas juegan un papel importante que no podemos obviar. En relación a la liberación sexual y al ascenso socioeconómico de las mujeres será difícil llegar a la deseada igualdad.

Existe, sin duda, una opresión económica, jurídica  y sexual de las mujeres en relación a los hombres, pero también psicológica. Este conflicto tiene su origen en la competitividad masculina y en el sistema capitalista que valora a las personas en relación a los bienes materiales. Este es el motivo por el que Marcuse (Marxismo y feminismo) afirmaba que el feminismo busca terminar con la docotomía hombre-mujer. Existen libros tan polémicos como “La inferioridad mental de la mujer” que buscan justificar estas teorias.

La discriminación positiva tiene que tener una base justa. Si no es así, la cuerda del consenso puede romperse. Cuando hacemos reivindicaciones sobre temas tan delicados como la convivencia entre hombres y mujeres, tenemos que tener presente que sin democracia no hay igualdad.

 

Por Alcides Pimentel Paulino

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