Federico Henríquez y Carvajal

Por Ramón Saba jueves 15 de septiembre, 2022

Nació en Santo Domingo un día como hoy, 16 de septiembre de 1848, o sea que en esta fecha estaría celebrando sus 174 años, y murió en esta misma ciudad el 4 de febrero en 1951, a los 103 años de edad. Hermano del presidente interino dominicano Francisco Henríquez y Carvajal, por tanto, cuñado de la poetisa y educadora Salomé Ureña y tío de los hermanos Frank, Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña.

 

Poeta, político, educador, periodista y orador. Discípulo de Fernando Arturo de Meriño y de Eugenio María de Hostos Fue un gran amigo del poeta y político cubano José Martí, quien le dedicara un poema denominado Versos Sencillos quien tan pronto llegaba a Santo Domingo buscaba a Federico Henríquez y Carvajal, quien a su vez escribió y leyó el panegírico a Martí. Estudió leyes y laboró en la Judicatura. Fue profesor de los colegios Central y San Luis Gonzaga, de la Escuela Normal, Preparatoria y de Bachilleres, de los institutos de Señoritas y Profesional, del Liceo Dominicano, así como de la Escuela de Derecho. También dirigió la Escuela de Bachilleres. En el 1930 fue nombrado Rector de la Universidad de Santo Domingo y en 1933 ocupó la presidencia de la Academia Dominicana de la Historia. Enfrentó con entereza la dictadura de Ulises Heureux. Durante el gobierno de su hermano Francisco, ocupó la presidencia de la Suprema Corte de Justicia, Secretario de Estado de Interior y de Relaciones Exteriores y luego de que el país fuera invadido por Estados Unidos, se negó a ocupar la presidencia de la República Dominicana.

 

 

Federico Henríquez y Carvajal fue un prolífico articulista de prensa. Creó la Sociedad La Juventud y fundó los periódicos La Opinión y El Mensajero. Dirigió las revistas Ateneo y Clío. Sus escritos aparecían en los principales medios impresos del país, sobre todo en los periódicos El Nacional, EL Teléfono, El Sufragio y El Pabellón Dominicano, entre otros; también colaboró con  los periódicos Patria (Cuba), El Cojo Ilustrado (Venezuela) y la Revista de las Antillas (Puerto Rico).

 

Su pluma se distinguió por su amor inquebrantable por la patria y por sus héroes. Su legado escritural nos regala los poemarios Juvenilia, Dolorosa, Mi álbum de sonetos, Rosa de la tarde, Guarocuya o el monólogo de Enriquillo: Leyenda quisqueyana, Del amor y del dolor, Romances históricos, El poema de la historia y Fragmento de un poema inconcluso. En cuento su obra denominada Cuentos y en teatro La hija del hebreo. Considerado por muchos como el más importante cultivador de romances históricos en nuestro país. Siempre fue distinguido con el sobrenombre de Maestro y la Universidad Federico Henríquez Carvajal (UFHEC) lleva su nombre para honrar su memoria y su legado.

 

Su bibliografía pasiva está reflejada en importantes publicaciones de renombrados escritores, entre los que podemos mencionar a Néstor Contín Aybar, Cándido Gerón, José Alcántara Almánzar, Joaquín Balaguer, Franklin Gutiérrez y Mariano Lebrón Saviñón, por sólo mencionar algunos de muchos.

 

El escritor y presidente Joaquín Balaguer calificó a Federico Henríquez y Carvajal, como un publicista incansable durante tres cuartos de siglo y estima que fue el maestro por antonomasia de varias generaciones, el cual recogió en su alma, como un himno sacro, el ideario patriótico de una generación que nació marcada con la terrible predestinación de heroísmo. Pero a pesar de haber oído las descargas de Las Carreras, los truenos de El Número y los cañonazos disparados por los ejércitos de la libertad en las Sabanas de Santomé y de El Memizo, fue hombre de pluma antes que de espada.

 

El intelectual Héctor Tineo recuerda que a los 96 años Federico Henríquez y Carvajal también escribió el soneto ¡Ave, Patria!, inspirado en el primer centenario de la Independencia Nacional. Las batallas que libró en favor de la dignidad y de la grandeza de la República, tuvieron por escenario el parlamento, la cátedra, la prensa, el libro, la tribuna. ¡Qué recia, sin embargo, la personalidad de este patriarca que se levanta sobre la perspectiva de toda una centuria como una montaña inmaculada!

 

El Poeta Nacional Pedro Mir, nos cuenta que la voz anticipadora de don Federico Henríquez y Carvajal, muestra, no solamente el amor de don Federico a Cuba, sino la formidable presión popular encaminada por el sendero de la emancipación cubana y a la cual no pudo enfrentarse el tirano sin riesgo de que las manifestaciones de solidaridad impulsaran inconteniblemente la propia causa democrática de los dominicanos. La otra lucha de don Federico fue contra el imperialismo. Ya desde los tiempos de su participación en el atrio panamericanista, cuya verdadera naturaleza no ha sido revelada ante los pueblos de la América Latina hasta estos grandes días revolucionarios, don Federico hacía manifestaciones antiimperialistas; pero fue en 1916 cuando esta postura adquirió en su vida y su obra el vigor y la dedicación que le dieron talla prócera y le conquistaron el respeto de sus contemporáneos y la admiración y el cariño de su pueblo.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un soneto de Federico Henríquez y Carvajal extraído de su obra Mi álbum de sonetos:

 

 

CAPILLA DE ARTE EN EL DIA DE SANTA CECILIA

(A María de la Torre de Auriema)

 

Con la opulencia de un dosel asirio 

la azul cortina del platón desciende;  

la araña de cristal su lustro enciende 

y el brillo emula de la luz de sirio.  

 

La virgen del milagro, en el martirio  

su viola pulsa y a la gloria asciende;  

y el aire suave con su aroma hiende  

la rosa en llamas, si la besa el lirio.  

 

Ilustra el muro la legión selecta  

que oficia en aras de armonioso arcano;  

la lira canta y su dolor olvida. 

 

En la capilla de la artista electa  

los fieles oyen la oración del piano,  

que en ellos logra renovar la vida.  

Por Ramón Saba

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