Falta de educación y salud pública en Dominicana

Por Rolando Fernández

De ignaros se reportan, cuando no sea por envidia, o conveniencias propias, los pareceres individuales, o grupales, de no reconocer las loables actitudes, como determinadas acciones fructíferas que puedan llevar cabo las demás personas; que adornen incluso, su existencia terrenal.

El solo limitarse a criticar severamente, deja mucho que desear, y pone en entredicho lo justiciero que siempre procede tener presente. ¡Cuánto de eso se observa hoy entre los hombres (general)!

Se puede inscribir en esa misma línea, el no aceptar que siempre, en todo, hay cosas buenas, como también malas. Por igual, se tiene el hecho de que, sobre el planeta Tierra, nadie es completo; qué en algo se falla; que, de alguna condición digna de ser alabada, se adolece por lo regular.

Que, con respecto a lo malo existente, y que mancha de ordinario, se debe procurar no emularlo, contrario a cuánto se debe hacer con relación a lo bueno, ¡Sí imitar esto último, en la medida de lo posible!

El filosofar en poco en ese sentido aquí, surge a colación de la panorámica execrable que se ha venido presentando en este país hace ya varios años, en relación con dos áreas públicas, que indiscutiblemente, son de extrema importancia en cualquier nación del mundo: SALUD y EDUCACION, por cuánto de esas se desprende.

En este país, no sería osado decir, que ambos sectores andan manga por hombro, como reza una máxima popular, obedeciendo todo lo negativo que en ellos se registra a causales de origen político; a los despropósitos en que ha incurrido esa clase, a partir de que el ejercicio de nuevo cuño en ese tenor, asumiera las riendas del poder entre los dominicanos.

Muy penoso se reporta en la actualidad, el tener que admitir que, no obstante, los más de cincuenta (50) años, que han transcurrido luego del derrocamiento del régimen de fuerza que otrora fuera encabezado por Rafael L. Trujillo (el  Jefe), época de gran represión, y carente de cuánto hoy se dispone, en términos tecnológicos avanzados, como material bibliográfico, universidades, colegios, escuelas, y demás espacios docentes imprescindibles para las labores de ese tipo, la educación era mucho mejor que ahora.

¡Innegables, las carencias de ese tipo en aquel entones! Ahora, de lo que no cabe duda es que, sí había durante ese gobierno institucionalidad, respeto, como calidad docente a nivel del profesorado que se tenía a la sazón.

Ese personal, debidamente supervisado por autoridades doctas, y competentes claro, que, además, bien sabían cuánto tenían entre sus manos por encomienda oficial, como los riesgos que podían correr por inobservancias, no estaba compuesto por politiqueros partidaristas, como ahora en gran parte ocurre.

Muestra de ello es que, los miembros del sindicato de profesores que se destacan actualmente en Dominicana, solo “halan” para su lado; la eficientización de la educación se deja alegremente de lado.

Por igual pasa con quienes son designados al frente de Ministerio oficial correspondiente: políticos ineptos, busca cuartos, haciendo negocios, y nada más. Los pocos aptos que han estado allí dirigiendo, después de la muerte de Trujillo, se pueden contar con los dedos de una mano, y posiblemente sobren piezas.

Según personas que vivieron aquella época, y que aún respiran, operaba en el país durante la llamada “Era de Trujillo”, el mejor sistema de educativo que se tenía en la región del Caribe, y hasta en otras latitudes del mundo. Los estuantes dominicanos eran objeto de respeto y reconocimiento en cualquier parte. En el presente salen al exterior, a pasar vergüenzas.

Que, en esa época, los bachilleres que se recibían como tales, se les consideraba igual que maestros de primera enseñanza. Sin embargo, que ahora, los que se gradúan de ese grado, no saben leer, ni escribir; y, que cuando se sigue bajando hasta los niveles inferiores dentro del esquema educativo local, ahí es que la cosa se pone seria, ¡Los muchachos son analfabetos! Se pueden contar las excepciones.

¿Y entonces, cómo puede servir la educación aquí, con la política partidarista como centro? Usándose una misión tan delicada, e importante como esa, para hacer negocios solamente.

Yéndose uno ahora al área de la salud – Trujillo, seudo democracia a posteriori, (libertinaje), también hay demasiado tela por donde cortar – en el marco de lo que intitula- ante el descalabro fehaciente tan pronunciado que se ha venido verificando en el sector desde hace algunos lustros.

Indudablemente, como producto todo de la politiquería, y cuántas actividades comerciales se han introducido en el ejercicio, fomentadas más aun, por la creación última de las famosas ARS, y la intervención en esas del sistema bancario nacional; como, la expansión de las actividades privadas relativas, que alientan las deficiencias a nivel público generadas, diríase adrede, amén de las demás cosas envueltas que favorecen la calamidad ciudadana en términos de salud.

¡Ahí Trujillo! Respecto a esa “Era”, que tantos han tratado de borrarla de la Historia Patria nuestras, por razones múltiples, sí que aplica aquella máxima que reza:  Nada es mejor que nada; sí objeto de comparación es todo”.

Luego, cuando se compara cuánto acontecía en aquel ayer, respecto de lo que ha venido registrándose en ese sector, a partir del derrocamiento de dicho régimen, y los mandatos de los políticos de nuevo cuño que han ostentados el poder en el país, las diferencias notables son abismales.

Según muchos ciudadanos que aún sobreviven, los servicios de salud cuando Trujillo, estaban asegurados en esta nación. Cualquier ciudadano podía ir en busca de asistencia médica a un centro cualquiera del área, sin importar hora del día, noche, o madrugada, y pobre del médico que se la negara; como, que al mismo tiempo no gestionara el siniestro por parte del hospital, o la clínica, de los medicamentos requeridos ¡Se valoraba entonces la salud de la gente!

¡Y ahora! Lo que más se estila es hacer negocios indiscriminados con los pacientes, clientes ya, como requerirles altas sumas de dinero de entrada, depósitos, sin importar hora factible de obtención, para proporcionar asistencia primaria, o cualquier internamiento clínico que se requiera.

Luego, cuándo eran mejor los servicios de salud para los ciudadanos de este país. ¿Puede haber comparación?

Es por ello que, con sobrada razón podría decirse, que muchos aquí se explayan, y expresan: ¡cuánta falta hace Trujillo en este país! Máxime lo hacen, cuando por obligación se tiene que recurrir a un hospital público, y se repara en la falta de atención que tiene la gente allí; los maltratos médicos; como, los descuidos, y precariedades de órdenes distintos, que a los lejos se observan.

En los centros privados, bien conocido es que, si no hay cuartos en mano, la gente se deja morir; se le desprecia. Lo económico es lo más importante para los seudo galenos; los que se les olvidó el “Juramento Hipocrático”.

Concluyendo, ¿se veían cosas como las expresadas anteriormente, con respecto a la salud, y la educación, cuando el varón de San Cristóbal, era el que mandaba en el país? “¡Bueeno!”.

La satisfacción de ambas necesidades sociales estaba asegurada. Quizás hoy se trate de justificar en parte el descalabro presente en ambos sectores, debido al crecimiento posterior de la población, qué no sería una excusa valedera, por las posibilidades a la mano de planificación factible que siempre se tienen.

De ahí que, la pregunta obvia que tantos aquí deberían hacerse es, antes de solamente inclinarse por estar criticando aquel régimen, y nada más, ¿por qué antes no era como actualmente?

Y, claro, pensar, amén de reconocer, que no todo fue malo entonces. Qué también hubo cosas buenas durante ese gobierno de fuerza, que se debió comenzar a emularlas tras la caída del mismo, y mantenerlas vigentes en esta República.

Por no hacerlo, en parte carecen hoy los dominicanos de educación y salud púbica. ¡Innegable eso, verdad!

 

Autor: Rolando Fernández

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