Fallece expelotero de Medias Rojas, Jim Piersall

Por Associated Press domingo 4 de junio, 2017

EL NUEVO DIARIO, BOSTON (AP) — El expelotero de las Grandes Ligas Jim Piersall, quien narró en un libro su lucha contra un trastorno bipolar, ha fallecido. Tenía 87 años.

Piersall murió el sábado en un centro de atención médica en Wheaton, Illinois, tras pasar enfermo los últimos meses, informaron los Medias Rojas de Boston, equipo para el que jugó el pelotero durante siete de sus 17 temporadas en las mayores.

Desde 1952, cuando se quedó permanentemente en el primer equipo de Boston, Piersall llamó la atención de los fanáticos y la prensa por su energía al jugar y por sus ocurrencias. En un juego ante los Browns de San Luis, se dedicó a emitir sonidos semejantes a los de un cerdo, y se burló del heterodoxo movimiento que hacía antes de lanzar la pelota el veterano Satchel Paige, hoy miembro del Salón de la Fama.

Pero se recuerda también a Piersall por sus intensas discusiones con los umpires. Alguna vez, cuando se le dijo que no jugaría, rompió en llanto. En otra, se trenzó a puñetazos con Billy Martin, de los Yanquis de Nueva York, en el Fenway Park, y minutos después riñó incluso con un jugador de los Medias Rojas.

“Casi todos, salvo los umpires y los Medias Rojas, pensaban que yo era divertido”, rememoró Piersall en 1955, en una autobiografía convertida después en una película estelarizada por Anthony Perkins y Karl Malden. “Mi esposa sabía que yo estaba enfermo, pero era incapaz de detener mis arranques de rabia que me llevaban a un colapso mental. Los Medias Rojas no sabían cómo encaminarme. Yo era un chico problemático”.

Piersall disputo 56 juegos en las Grandes Ligas, antes de que se le internara en un hospital psiquiátrico por lo que después se diagnosticó como un trastorno bipolar. En su libro “Fear Strikes Out”, escribió que casi no recordaba los encuentros de aquella temporada ni su estadía en la clínica.

Volvió a las mayores en 1953, y lució saludable gracias a “los tratamientos con electrochoques, a la fe, a una esposa maravillosa, a un buen médico y a varios amigos leales”, según contó.

Después, decidió contar su historia, con el objetivo de erradicar varios estereotipos sobre este padecimiento.

“Quiero que el mundo sepa que la gente como yo, que ha regresado del submundo del olvido mental, no está contaminada para siempre”, escribió.

Piersall se deslindó de la película de 1957, al afirmar que buena parte de la misma era mera ficción, y que retrataba en forma demasiado negativa a su padre.

Aunque su padecimiento nunca volvió a hundirlo en las profundidades de aquella primera temporada, se mostró gustoso de llamar la atención. Siguió conociéndole por algunas rarezas con las que complacía al público y por su temperamento explosivo.

“Probablemente, lo mejor que me ha ocurrido nunca fue volverme loco”, escribió en su segundo libro “The Truth Hurts”.

En julio de 1960, cuando jugaba por los Indios de Cleveland, se le expulsó de un encuentro por agitar los brazos desde el jardín central, a fin de distraer a Ted Williams. En septiembre de 1962, con los Senadores de Washington, se le arrestó tras subir al graderío para enfrentarse con un fanático.

En junio de 1963, con el uniforme de los Mets de Nueva York, recorrió de espaldas las bases, luego de conectar el jonrón número 100 en su carrera.

Le sobreviven su esposa Jan, nueve hijos, así como varios nietos y bisnietos.

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