Evento Adverso, el amargo recuerdo de la huelga médica

Por Roberto Lafontaine viernes 27 de octubre, 2017

Hace un año y nueve meses, incrédula, la sociedad observaba como la dirigencia médica se negaba a participar en los aprestos para orientar a la población frente al embate de la epidemia del Zika, hoy, peor aún, la misma dirigencia hace el papel de factor de riego para el fortalecimiento de la epidemia del milenio en la provisión de los servicios de salud a las personas, los Eventos Adversos.  Para tener una idea de la magnitud, basta conocer que tan solo en los Estados Unidos en un año cobró 250,000 vidas de personas por una condición patológica adquirida en el proceso de atención.

Más que conducir al colectivo médico hacia el logro de su máxima aspiración, encontrarse con el prestigio añorado, fruto del acompañamiento, mediante el ejercicio de la noble profesión, a la sociedad en la consecución de sus más nobles propósitos, los desacredita por el desconocimiento del rol que juega en el tejido social un Colegio profesional, visto como: una institución de carácter científico que vela por la consecución de los más elevados estándares de seguridad en la aplicación del conocimiento para el desarrollo de la sociedad en el campo de las ciencias al que se dediquen sus miembros, para el caso en cuestión, la Ciencia Médica.

El perfil científico está dado porque a partir de la observación de determinadas características debe revelar la presencia de un fenómeno en un contexto dado; el funcionamiento del cuerpo humano en el caso de la salud, siendo la enfermedad el fenómeno a investigar.   Su finalidad es el desarrollo social, por ser el despliegue de las facultades de los individuos en perfecto estado de salud, vinculados por intereses comunes, quienes los propician. Por lo que toda estrategia supeditada a dicho fin, en procura del reconocimiento de los individuos dedicados a dicha actividad, contará con el apoyo de la sociedad.

Al contrario, la misma sociedad repudia a todo individuo o asociación que propicie acciones contrarias a la consecución del máximo estado de bienestar de sus miembros y más aún, cuando constituyen un factor de riesgo que pudiera llevar a producir incidentes responsables de eventos adversos; vistos, dentro de la perspectiva salud-enfermedad, como el agravamiento por causa institucional del estado de salud o la adquisición de una enfermedad diferente a la que tenía el individuo al momento de procurar atención médica.

Lo propio ocurre con la estrategia de paro de la consulta externa, desarrollada por la dirigencia del Colegio Médico Dominicano para exigir el cumplimiento de reivindicaciones gremiales logradas, supuestamente,  no cumplidas por parte del Servicio Nacional de Salud.  Lineamiento de presión histórico en las lides médicas, bajo el imaginario de ejercer la máxima presión social al Estado con el menor daño a la población en su estado de salud.  Nada más falso como se puede observar en un ligero análisis.

El paciente al acudir a la consulta externa deja sus actividades cotidiana porque sabe que algo no anda bien en su cuerpo, pero no tiene el conocimiento necesario para correlacionar los síntomas presentados con la percepción de la gravedad del estado de salud.  Solo el médico tiene las capacidades para realizar lo propio, por lo que la no presencia del mismo en la consulta externa, cuando una persona necesita sus servicios, más que un riesgo se constituye en un incidente con un impacto adverso en su ya dañada salud.

El día de paro en la consulta externa, los dirigentes médicos se convierten en el obstáculo institucional para el seguimiento al desarrollo del embarazo de la mujer, por lo que la expone a no recibir la oportuna orientación para prevenir la evolución hacia una eclampsia frente a la presencia de edema en las extremidades inferiores con ganancia de peso y aparición de presión arterial elevada.  También, al no iniciar oportunamente el tratamiento de una infección en el canal vaginal la exponen a una rotura prematura de membrana, por ende, aun parto prematuro, aumentando las posibilidades de fallecimiento del niño por esta causa o por una infección neonatal.

En esos días de paro, los dirigentes colegiados promovieron el atropello del derecho a la atención oportuna de niños cuyas madres lo llevaron a consulta por observar que convulsionaban, que tienen un color azulado en la piel o que tienen un dolor abdominal inespecífico, por lo que no se efectuó diagnostico e inició plan de tratamiento a patologías tales como epilepsia, persistencia de comunicación en las cavidades del corazón o, peor aún, se retrasó la toma de decisión del tratamiento quirúrgico de una apendicitis.

Solo el profesional de la medicina tiene la capacidad para discriminar la presencia desde una intolerancia alimenticia a determinados carbohidratos como la lactosa de los alimentos derivados de la leche, de un síndrome del colon irritable, a una parasitosis o una patología benigna de los órganos abdominales o pélvicos en una persona adulta que acude a la consulta externa en procura de atención médica días después de no poder controlar con analgésicos y remedios caseros la sensación de distención acompañada o no de dolor difuso, leve y central en el vientre.

Con los mismos síntomas se pueden presentar pacientes con patologías infecciosa o cancerosa con tendencia a agravarse, hasta  poner en juego la misma vida, al no ser diagnosticada y tratada en tiempo oportuno debido al paro en la consulta externa dirigido por los dirigentes médicos, en este renglón se encuentran las apendicitis o los canceres que afectan hígado, colon, cérvix, ovarios o próstata para mencionar algunos ejemplos.  Ni que decir de los órganos torácicos cuya patología puede tener expresión sintomática  inicial en abdomen, como el infarto cardiaco o las neumonías en las bases pulmonares.

Los recursos financieros extras logrados mediante el boicot a la producción de servicios de salud en los hospitales públicos, resultan exiguos en función de lo que pudieran lograr mediante mecanismos novedosos que no afecten los procesos de producción de dichos servicios.  Además, contarían con el valor agregado de la recuperación del prestigio social, ya que no seguirían acumulando un amargo recuerdo en familiares y amigos de persona, que por haber huelga médica el día que acudieron a la consulta externa se les negó la oportunidad de un diagnóstico y tratamiento oportuno, por lo que la  enfermedad evolucionó a un nivel de agravamiento tal que puso al borde de la muerte o, peor aún, le provocó la misma a su ser querido.

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