Eugenio María de Hostos y el Hamlet de William Shakespeare

Por Miguel Cruz Tejada

Del celebrado ensayo crítico escrito por Eugenio María de Hostos sobre el Hamlet, uno de los clásicos dramas del dramaturgo inglés  William Shakespeare (1564-1616), el humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña afirma lo siguiente: «… pocos hay, entre la multitud de estudios consagrados a Shakespeare, que lo igualen en agudeza psicológica y profundidad moral». Dicho texto, titulado Hamlet (Ensayo),  fue publicado por Hostos en 1873 durante su primera estancia en Chile: de diciembre de 1871 a septiembre de 1873.

Los juicios críticos del profesor Juan Bosch, el más prominente hostosiano dominicano, andan por el mismo sendero de los de su mentor literario Henríquez Ureña:

«…desde su juventud [Hostos] ha estudiado con profunda atención toda la obra del dramaturgo inglés. En España publicó un ensayo sobre el carácter de los personajes que intervinieron en Romeo y Julieta. Ahora sigue el mismo procedimiento: hundirse en la psicología de todos los seres que se mueven en torno al Príncipe de Dinamarca; explicarlos, uno por uno. Presenta a Hamlet como un caso de exceso de razón, forma especial de debilidad, que finge la locura para hacerse fuerte».

 

Hostos, asumiendo su rol de lector crítico, inicia su ponderación en torno a la pieza dramática del inmortal dramaturgo del siguiente modo:

 

«Vamos a asistir a una revolución. Hamlet es una revolución. […] Shakespeare no crea una acción para adaptarle personajes; crea hombres, seres humanos, cuyo carácter determinado, positivo, consecuente, origina la acción. […] Más de una vez se encuentran personajes ociosos en las tragedias del autor-actor: nunca, por ocioso que sea, deja ese personaje de ser un hombre, un individuo, un carácter, ya personal, ya genérico».

 

Más adelante, todos y cada uno de los personajes de Hamlet son objeto de profundo análisis por ese erudito lector que es Eugenio María de Hostos: Moratín, Polonio, Horacio, Laertes, Claudio, Gertrudis, Ofelia, Hamlet. Al detenerse en Laertes, a quien considera «el opuesto correlativo de Hamlet», analiza así:

 

«Los contrastes de Shakespeare no son antítesis. Shakespeare sabe que el arte no demuestra, y conoce demasiado íntimamente la existencia humana, para agrupar en la escena caracteres antitéticos, que nunca o casi nunca se encuentran en la realidad. Por eso, al presentar en Laertes el opuesto correlativo de Hamlet, no busca el contraste en oposiciones radicales ni mantiene esa oposición en choque continuo, ni personifica en el uno una virtud, el vicio contrario en el otro. Los personajes de Shakespeare son hombres, y hombres dignos generalmente de Terencio. Se creen capaces del bien y del mal que hacen

los hombres, y por eso se salen de la escena para vivir en la vida que vivimos».

 

Reflexión profunda, aguda, es esta de Eugenio María de Hostos: donde había «una alma frágil despedazada por el peso de la duda» Shakespeare muestra «el alma humana sondeando los abismos de la realidad, en el tránsito de la alegría al dolor, de lo ideal a lo real, de la vida sentida a la pensada, de la vida inconsciente a la consciente». Y una de las conclusiones —casi consejo— a las que arriba el antillano ilustre es la siguiente:

 

«Los que en su vida reconozcan la fatalidad del mal, lean pensando esta tragedia, observen la revolución en los mundos, en las sociedades y en el alma individual del hombre, y si quieren padecer más que Hamlet padeció, adelantando más en la revolución del alma, pasando victoriosamente sobre el mal, saliendo triunfantes de la muerte, díganse en la conciencia: ¡Bien, mi mal!»

 

Es el BIEN uno de los valores tenidos muy en alta estima por el Ciudadano de la Inmortalidad.* En su Diario Hostos confiesa: «En cuanto concibo el bien, mi voluntad se pone en acción». Refleja Hostos en toda su ensayística critica, en toda su obra de pensamiento, su ideal ético-moral. Con éste es coherente siempre. Eso admiramos en él.

 

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*Así hemos venido llamando a Hostos desde el mes de noviembre de 2003, fecha en que dictamos la conferencia titulada «Eugenio María de Hostos: Ciudadano de la Inmortalidad» en el Hostos Community College of The CUNY, en la ciudad de New York. Fuimos invitados por ese centro académico estadounidense.

 

Por Miguel Collado

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