Estemos Claros: Sin el Estado fuerte o colapsaremos

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 3 de mayo, 2021

Hace unos meses, en medio de la pandemia, cuando me acerqué a la facultad de la UASD en la que curse mi carrera -en medio de una conversación con dos autoridades de una de las unidades académicas- me dijo el del rango más alto que si yo creía que esto iba pasar pronto. En realidad, yo no creía eso, porque aunque ni soy médico ni debo ser pedante y ni debo presumir de investigador de la medicina, sin proponérmelo, llegué a pensar que algo raro estaba pasando que ponía a los médicos (algunos de ellos) en alerta. Dije en un artículo anterior que la doctora Suero me dijo a mí que el dolor de cabeza para los médicos eran los virus. Tal vez los peores virus para poder tratarlos o curarlos a nivel biomédico o poder erradicarlos a nivel epidemiológico, son los virus que constituyen las zoonosis, es decir, enfermedades virales que provienen de animales. En último caso, las que su etiología reside en la fauna salvaje.  Ahora bien, no satanicemos a los chinos porque en sus hábitos gastronómicos ha incluido a la fauna salvaje, ya que es la nación más poblada del mundo; no debemos creer que los animales domesticados no producen enfermedades, pero el peligro mayor viene de la fauna silvestre, especialmente de nuestros parientes más cercanos: los monos, pero también de otras especies salvajes. De las especies que no han sido domesticadas debemos alejarnos lo más posible de ellas, pero los perros, gatos, caballos y las aves (pollos y patos) trasmiten enfermedades y son animales que han sido domesticados.

 

Necesitamos de un Estado fuerte, un Estado que ponga controle, un Estado que no hable tanto de las inversiones privadas, muchas de ellas dañinas al bienestar colectivo, para poder frenar la crisis ecológica y el cambio climático. Si no construimos un Estado así, esencialmente antineoliberal, colapsaremos junto con las demás formas de vida en este planeta que todavía es azul, pero que dejará de serlo si no andamos rápido. Ese Estado fuerte no puede ser un Estado que promueva tanto el turismo, porque los recursos se agotan, especialmente los que son no renovables, como los materiales de construcción de hormigón. Uno turismo muy masivo termina depredando las playas, como lo hicieron con los bosques de arbustos las cabras de Atenas. No es que no haya turismo si no que esta no sea tan masivo; además, tenemos que controlar el crecimiento de la población, porque con la explosión demográfica  ya el planeta no la aguanta más, como tampoco soporta el parque vehicular, aunque fueran eléctricos los vehículos de motor el hacinamiento en las calles de la mayoría de los países se hace y se haría insoportable, con un parque vehicular tan grande como el que ya tenemos.

 

Un Estado fuerte que ponga la casa en orden, es decir, un Estado que ponga orden en cada territorio local no puede promover alianzas público-privadas para favorecer al final a los empresarios privados. Un Estado fuerte tiene que tener un servicio de salud pública fuerte y eficiente, donde si no todos, por lo menos la mayoría de los servicios de salud sean estatales. Ese Estado tiene que poner controles en los precios y abandonar toda política de liberalización de los precios. Ese Estado debe tener la propiedad de todo el sistema bancario y tener el control de las divisas extranjeras que entran a cada país. Deberá eliminar o reducir a su mínima expresión los juegos de lotería, pero si se deja existir que sea una sola lotería y estatal. Esa modalidad de conducir el Estado debe incluir el control de las grandes empresas industriales, comerciales, agropecuarias y de servicios, para que los grandes ricos no sigan depredando la naturaleza. Ellos no han querido amarrarse sus tripas, como el reto lanzado por Allende a los ricos de Chile.

 

Ahora bien, ese tipo de Estado, que no sería ni socialista, ni de capitalismo salvaje, si no un capitalismo de Estado, pero para el mayor bienestar de los ciudadanos, para su construcción tiene que contar con una alianza de diferentes fuerzas sociales. Esas fuerzas sociales estarían integradas por sujetos de diferentes sectores, clases y capas sociales, dentro de estos quedarían excluidos los grandes propietarios vinculados al capital financiero. Entrarían en esa alianza pequeños y medianos propietarios, la intelectualidad (agremiada o no en asociaciones o colegios), la burocracia gubernamental (técnicos al servicio del Estado que hayan demostrado honestidad y pulcritud en su desempeño), profesores, estudiantes, los trabajadores asalariados, los campesinos y los aparceros.

 

Ningún acuerdo puede haber con el capital financiero, ni con industriales o comerciantes vinculados al sector financiero de la economía. No podemos hablar de lucha contra la corrupción y llegar a acuerdos con la fracción de la clase burguesa que es la que propicia la corrupción. No podemos hablar de lucha contra la corrupción y llegar a acuerdos con los empresarios privados para invertir y luego entregar las inversiones a los grandes capitalistas privados que super explotan a los trabajadores asalariados en sus empresas, sean dominicanos o haitianos, pero sobre todo a estos últimos, aunque a los dominicanos son salarios de miseria los que les pagan. En ese tipo de Estado, que propiciaría el bienestar de los ciudadanos, debe haber aumento de salario de acuerdo a la inflación cada dos años o cada año y deber haber libertad sindical, pero además salario igual al de los hombres a  las mujeres por igual trabajo.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

 

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