Estamos conviviendo con un peligro social: El intrigante

Por Ramón Antonio Veras lunes 23 de septiembre, 2019

En la sociedad dominicana se ha hecho difícil la existencia no solo porque estamos viviendo bajo el dominio de la desigualdad, sino porque, además, muchas veces nos vemos obligados a compartir con individuos que generan náuseas  y disgusto espiritual. Precisamente, asco impulsa a quien describimos: El intrigante.

I.- El intrigante se prepara para actuar

1.- El intrigante, a los fines de cumplir sus designios malévolos no procede con precipitación, sino con premeditación; hace cálculos fríos de cómo ha de ejecutar sus acciones; estudia, reflexiona para lanzarse a su tarea disociadora.

2.- Hace un retiro espiritual, un aislamiento por convivencia; de un recogimiento para la maldad, el intrigante sale listo a darle inicio a su misión disociadora. Se considera debidamente  acondicionado, presto para intrigar.

3.- El intrigante, penetra con sigilo para pasar desapercibido, como un ignorado; aparentemente sin ninguna clase de malicia, aunque tiene en su mente la ponzoña que va a tirar para que, como un tóxico  cualquiera,  surta efecto perjudicial. Se mueve con precisión hacia donde dirige sus pasos para cizañar sin desperdicios; hace acto de presencia en el lugar donde se encuentra la persona en la cual va a crear cisma.

II.- El intrigante ante quien quiere indisponer

4.- Con suma habilidad, el intrigante se acerca a quien procura influenciar con su mensaje insidioso; se expresa con suavidad, hace comentarios de “me dijeron”, “están diciendo”. Explica con exactitud la idea que quiere dejar fija en la mente de aquel que busca indisponer con su hermano, amigo o socio. Entre opiniones, afirmaciones y exclamaciones, el intrigante va ganando confianza.

5.- Moviéndose en el escenario escogido, el intrigante cautiva a la víctima intrigada, con la cual, haciéndose el bien informado, charla, comadrea y platica sobre distintos temas, pero siempre haciendo hincapié, con su perorata malsana, en la idea que quiere quede de su conferencia.

6.- A los fines de darle apariencia de sinceridad a sus expresiones, el que intriga habla pausadamente, con finura y suavidad absoluta; ni por asomo se manifiesta con aspereza, porque quiere que el que lo escucha crea que está hablando con un evangelista, un apóstol.

7.- Con palabras dulces, cubiertas de malicia venenosa, el intrigante se dirige a quien quiere indisponer con otro, como si fuera un consejero que vino a salvar a su interlocutor de una inminente trama en su contra; llegó a hacer labor de salvador, a amparar, proteger a aquel que supuestamente va a ser víctima de una maquinación.

8.- En su obra simuladora, el intrigante para lograr su objetivo combina la apariencia con la realidad; se presenta como para sincerarse, confesarse de algo no quiere le ocurra al intrigado; hace creer que llegó para desahogarse y justificar su aparente sinceridad; con su doblez, el que intriga disimula retorciendo la veracidad.

9.- El intrigante le hace cuentos a quien quiere intrincar; murmura, cuchichea para mantener el comadreo con quien  lo está oyendo de buena fe, pero ignora que está siendo víctima de la verborrea de un hablantinoso malicioso, armado de perversidad.

10.- Para lograr indignar el intrigante utiliza expresiones, supuestamente dichas por quien trata de indisponer, con el objetivo de enojar, encolerizar a quien le escucha. El que intriga es tan malvado que a la vez que pone en boca de otro lo que no ha dicho, también simula calmar, consolar al que ha indignado.

11.- El intrigante, conoce bien al que ha elegido para enemistar con otro, sabe impresionarlo, conmoverlo en su estado de ánimo; busca ponerlo nervioso, pensativo y altamente sensitivo; aturdido por la noticia alarmista recibida. Con su labor insidiosa,  hacer creer al irritado que la información que le ha servido es simplemente precautoria, para que se cuide, que lo que le ha dicho lo supo de manera confidencial y de fuente absolutamente confiable.

12.- El intrigante con sus palabras procura generar asombro; al conmocionar al intrigado, lo deja estupefacto; se siente realizado cuando horroriza, dejando pasmado, atónito  a quien sorprende con la supuesta información milagrosa.

13.- En lo adelante, el intrigante es visto bondadoso, buenazo, complaciente; como alguien que sirve para auspiciar, profetizar, proteger a quien podía haber sido lesionado. Con la maldad, la intriga, el instigador sale como bienhechor, un valedor, en lugar de lo que es, un perseguidor, hostigador y perverso.

14.- La trama urdida por el intrigante surte siempre sus efectos, porque de cualquier forma sale beneficiado con su intervención; si no consigue indisponer por completo, por lo menos siembra la duda, crea indecisión, pone a titubear a quien tenía confianza, ha logrado malquistar.

III.- El intrigante está presente aquí, entre nosotros

15.- Sin mucho esfuerzo se comprende que para germinar, para que pueda brotar un árbol tiene que estar sembrado en un terreno adecuado a su especie, de lo contrario no puede florecer, su nacimiento es imposible. Lo mismo se puede decir del intrigante.

16.- Para una persona desarrollar condiciones que la hagan fomentadora de odios, rencores, desavenencias, desamor, hostilidad, etc., tiene que haberse formado en un ambiente propicio a taras sociales que desdicen del buen proceder de los seres humanos.

17.- Precisamente, la sociedad dominicana de hoy es la ideal, la sublime para que un engendro del mal, como lo es el intrigante, pueda sentar reales, establecerse tranquilamente, apoltronarse para disociar, desunir, enemistar y de toda forma apartar.

18.- En nuestro medio está firme el intrigante, porque ha encontrado un campo propicio para sus operaciones infernales; las travesuras que hace se aceptan con normalidad porque otros disfrutan los actos de intrigas como si se tratara de algo cultural. Hay que ser un depravado para alimentar intrigas. Cada día abundan aquí los chanchulleros que hacen fina labor insidiosa indisponiendo a quienes se habían mantenido unidos con afectos.

19.- El chisme, la discordia, el antagonismo y otros vicios que utiliza el intrigante para desunir y enemistar, son de uso corriente en la reunión de personas. En nuestro medio el intrigante tiene un amplio campo de acción por la diversidad de grupos sociales, económicos y políticos que intervienen en las diferentes áreas de la vida nacional.

IV.- El intrigante en la politiquería dominicana

20.- El intrigante, en el accionar politiquero dominicano tiene un campo ideal para poner en práctica sus perversidades, porque la politiquería se nutre de la intriga y la chismografía; y aquel que sabe chismotear se hace indispensable.

21.- En las organizaciones politiqueras del sistema sobresale quien mejor maneja la intriga, poniendo de por medio comentarios malintencionados para reducir a los contrarios, es decir, el chismerío como arma para generar divisionismo.

22.- El intrigante, con sus truchimanerías se mueve con agilidad cuando procura obtener un cargo en el gobierno; pone a circular rumores con relación a quien ocupa el puesto que desea; merodea hasta por el Palacio Nacional, huroneando informaciones; si no le da resultado rumorear, se inventa la emisión de un Decreto supuestamente emitido por el Poder Ejecutivo.

23.- El  intrigante, sus estratagemas en el mundo político dominicano las utiliza para lograr algún beneficio económico; dirige su mente a majaretear algo del presupuesto nacional, sin importarle que lo califiquen de trasechador vulgar, o un muérgano indecente.

24.- Cualquier persona decente debe sentirse asqueada del accionar politiquero dominicano que descansa en el intrigante, porque este es chismoso, insidioso, perverso, disociador, confabulador, maniobrero, pura y simplemente, es una afrenta para toda organización política que lo acoja en su seno, o gobierno que lo nombra en un cargo.

25.- Con todo pesar hay que reconocer que el intrigante se ha convertido en una gran pieza dentro del tablero político dominicano, porque el medio social actual hace posible su permanencia y desarrollo. Apoyarse en el que intriga para lograr objetivos politiqueros convierte al patrocinador en un sujeto de orilla, de baja estofa.

 Reflexiones finales

a.- El nivel de descomposición de una sociedad puede medirse por la aceptación o rechazo que tenga el intrigante; acoger a quien se ocupa de intrigar, desdice mucho de quien lo admite. Donde la intriga tiene espacio las personas de bien nada buscan, porque el intrigante, como el fraude, lo corrompe todo.

b.- Son muchos los vínculos de amistad que se han roto por la labor de zapa de un intrigante. Por tanto, la experiencia nos debe enseñar que el que intriga, el disociador no es persona de fiar;  de su garganta solo salen palabras preñadas de veneno para indisponer, malquistar, generar desavenencia donde imperaba cariño, amistad y unión.

c.- Debemos mantenernos en tensión, con plena lucidez y agilidad mental para no llegar a ser víctima de las maniobras del intrigante. Con el más mínimo descuido, el que intriga aguijonea, motiva la separación, el rompimiento de relaciones cordiales y sinceras.

d.- Si el intrigante se dispone poner en tensión para sacar algún provecho personal por medio de la insidia, lo logra, aunque para tal fin se convierta en un majaretero impenitente, con sus malas mañas indispone, y logra insoportables inquinas.

e.- Nadie puede esperar que el intrigante va a actuar en forma arrogante o con guapeza. Él se presenta gracioso, garboso y con apariencia de agraciado, pero en ese estudiado comedimiento está envuelta su cualidad esencial de zorro para hacer función de escisión;  cuantas veces la intriga, procede con sigilo, mayor interés tiene de indisponer.

f.- Aunque el intrigante se presenta haciéndose el loco, aparentemente desentendido, en el fondo de su alma subyace el fin que persigue con su actitud, simula que es un guanajo, cuando en realidad es tremendo avivato, listo y altamente sagaz como promotor del divisionismo, de la discordia entre personas.

g.- De las diabluras de los intrigantes deben cuidarse las personas que practican la lealtad, porque están expuestas a ser sorprendidas ingenuamente por los instigadores lambisqueros, que adulando confunden al más avispado. El más despabilado cae ante el disociador que se vende como zángano.

h.- El que maquina, el intrigante acciona para obtener algo para sí, o lesionar a otro. En su conjura siempre está de por medio el interés de sorprender la buena fe mediante el enredo, haciendo trapisondas.

i.- La hostilidad lograda por el intrigante, entre quienes se profesaban total afecto y mantenían afinidad, satisface al disociador, conseguir rivalidad entre los que solo había mutua adhesión.

j.- Ninguna persona con mente limpia y sana tiene espacio en su cerebro para maquinar; urdir alegremente acciones para sembrar cizaña entre individuos que han mantenido vínculos fraternos; maniobrar para alcanzar la desunión y el odio, es obra de perversos.

k.- La niñez dominicana debe ser orientada, en hogares y centros educativos, en el sentido de que es algo nefasto para su correcta formación cívica y ciudadana, anidar las ideas del intrigante, entre ellos embaucar, disociar, enemistar, intrincar, urdir, tramar, tergiversar y maquinar, y otras que solo sirven para crear enigma, desconfianza, duda, desunión, odio, desavenencia y todo lo que entraña mala cizaña.

l.- Para comenzar a higienizar la sociedad dominicana se impone que mujeres y hombres de bien unan voluntades orientadas a marginar por completo a los intrigantes de toda actividad; en la medida que se arrincona a los disociadores, la confianza mutua se mantiene libre de intrigas, tramas y artimañas.

Por: Ramón Antonio Veras

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