Espiral de Sangre

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 4 de enero, 2017

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La violencia es un signo degradado de la más baja estratificación de la conducta humana. La sangre arranca y nunca se sabe dónde termina. Si es cierto, la violencia atrae la violencia. El que hace del crimen y el atropello su vida diaria, morirá por medio de las mismas armas.

En la sociedad dominicana la violencia es indetenible. Poco importa que sea cometida por un desconocido social, o que el ejecutante sea un neo-artista de las redes sociales. El que atenta contra la vida, es un criminal que debe pagar por sus pecados.

Cierto es que la única forma de probar la plena culpabilidad de un acusado es mediante el juicio oral, público y contradictorio. El intercambio de disparos no garantiza la presentación en los tribunales, aunque si puede ser un severo castigo por las faltas cometidas.

Es difícil determinar cuándo se da un simple intercambio de disparos, o si ocurre el enfrentamiento entre perseguidores y perseguidos. Siempre habrá diferentes versiones, pero en definitiva de lo que se trata es de qué la sociedad cobre la afrenta social de los que han derramado sangre inocente.

Estar detenida una persona acusada de la comisión de robos y crímenes, no indica necesariamente que este va a dar a conocer los apoyos y complejidades que tenía a su entorno. El Código Penal es bien claro de que a nadie se le puede obligar a declarar, y mucho menos si esa declaración puede ser utilizada en su contra.

La policía en muchas ocasiones comete excesos y en los intercambios de disparos da demostraciones de que hay muchos agentes gatillos alegres. No se olvide que esos mismos policías son los que tienen que enfrentar a criminales despiadados que se ufanan de su valor y que desafían a las autoridades a que vayan a detenerlos porque no se entregan.

Hay que respetar la vida del acusado que se entrega. Ni un pelo de su cabeza debe ser tocado y su condena o absolución dependerá de un tribunal y el juicio público que se le siga. Bien, si ese rebelde de las leyes enfrenta a las autoridades, nunca se podría pensar que se le va a invitar a cenar, sino que se le responderá con el mismo poder de fuego que accione.

La violencia tiene que ser atajada, prevenida, mejorando las condiciones generales de vida de la población dominicana. Es hora de que todos vayan a la raíz del problema. Un país de exclusiones sociales, de máxima pobreza, de impunidades, de ladrones de cuello blanco que son intocables, lleva necesariamente hacia la desintegración social.

La única forma de evitar que la violencia se convierta en un círculo permanente de sangre, es llevar a cabo acciones sociales, terminar con la impunidad, hacer florecer una justicia independiente, y lo más difícil, que los dominicanos tengan fe y esperanza en segmentos institucionales carcomidos, podridos y que necesitan ser remozados de los pies a la cabeza o echados al zafacón. ¡Ay!, se me acabó la tinta.