Esfuerzo por contener migraciones aumenta violencia en Libia

Por Associated Press jueves 5 de octubre, 2017

EL NUEVO DIARIO, EL CAIRO (AP) — Todo empezó cuando combatientes libios a los que Italia les pagaba para que contuviesen a los migrantes que intentan llegar a Europa interceptó a un grupo de traficantes de personas en alta mar. Eso generó una confrontación armada entre milicias rivales por el control de una ciudad costera que duró semanas y dejó decenas de muertos.

El baño de sangre en la ciudad de Sabratha es una de las consecuencias inesperadas de los esfuerzos europeos por frenar el flujo de migrantes que procuran llegar a Europa a través de Libia y el Mediterráneo. E ilustra la facilidad con que los enfrentamientos pueden escalar en medio del caos reinante en esta nación africana, donde hay tres gobiernos y el poder real a menudo recae en milicias locales.

La batalla que empezó en Sabratha se ha expandido e incorporado a otras agrupaciones, como la de Jalifa Hifter, un caudillo que controla la parte oriental de Libia y se opone al débil gobierno reconocido internacionalmente con sede en Trípoli, encabezado por Fayez Serraj. Hifter pareciera estar tratando de ganar presencia en la parte occidental del país.

Miles de familias escaparon de Sabratha, según la Media Luna Roja y autoridades locales. Los combates hacen peligrar las valiosas ruinas antiguas de la ciudad, con restos de una urbe romana de hace 1.800 años. En una ocasión una milicia sitió a otra que se atrincheró adentro de las ruinas. Hay fotos que muestran al menos un monumento con impactos de bala.

“Esta es una guerra que empezaron traficantes de personas y se transformó en un enfrentamiento ideológico y político”, sostuvo al-Tahar al-Gharabili, jefe del Consejo Militar de Sabratha, que responde al gobierno de Serraj.

En los últimos meses Italia comenzó a enviar dinero y apoyo logístico a dos de las principales milicias de Sabratha que se comprometieron a dejar de participar en el tráfico humano y, por el contrario, impedirlo. El acuerdo se hizo a través del gobierno de Serraj y las dos milicias –al-Ammu y la Brigada 48– entregaron sus armas a las fuerzas de seguridad.

Esto redujo significativamente el flujo de migrantes desde Sabratha, una ciudad de la parte occidental de Libia que era el principal punto de partida de las embarcaciones que transportan migrantes africanos a Europa.

Pero el acuerdo fue muy criticado. Muchos temieron que el apoyo económico y material de Italia enriquecería a las milicias y las haría más fuertes. Además, cambió el equilibrio de fuerzas en Sabratha, desatando las iras de otras milicias de la zona.

Al-Gharabili dice que el conflicto empezó el mes pasado, cuando una unidad de al-Ammu se enfrentó con traficantes y frustró la partida de varias embarcaciones con migrantes.

Cientos de migrantes quedaron varados y los traficantes estaban desesperados por sacarlos de allí. “Hasta que la situación explotó”, dijo al-Gharabili.

Una fuerza aliada a la milicia al-Wadi disparó contra elementos de al-Ammu, matando a uno e hiriendo a varios más.

Desde entonces han muerto al menos 93 personas, incluidas ocho civiles, en combates que han seccionado la ciudad, según Essam Karrark, director de la Federación de la Sociedad Civil de Sabratha.

Los combates de los últimos días han sido más intensos que los de la guerra civil del 2011, de acuerdo con al-Gharabili. Hospitales, hoteles y viviendas han sido dañados.

Los principales enfrentamientos son entre al-Ammu y la Brigada 48 por un lado y al-Wadi y sus aliados del otro.

Bashir Ibrahim, portavoz de al-Ammu, reconoce que el acuerdo con Italia fue uno de los detonantes. “Sin duda, es una de las razones”, señaló.

Un vocero de al-Ammu, Hussein al-Alagi, sostuvo que el acuerdo con Italia es algo “desastroso” que favorece a “un puñado de delincuentes y terroristas”.

Hifter decidió apoyar a los enemigos de al-Ammu.

El caudillo es respaldado por un parlamento que funciona en la parte oriental del país, opuesto al gobierno de Serraj, y ha hablado de trasladarse al occidente. Dice que es el único que puede frenar la migración.

La violencia plantea dudas en torno a la estrategia de Europa de usar milicias locales para frenar la migración.

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