¿Es la cruz un símbolo cristiano? (2)

Por Enrique Aquino Acosta

En el artículo anterior se citaron  los nombres de pueblos no cristianos que usaron la cruz siglos antes de la Era Cristina  y  se explicó el significado de algunas de las enseñanzas que impartió Jesús sobre ella.

Esta vez, se recalcarán aún más esas valiosas enseñanzas y  se referirá  la actitud que asumieron los apóstoles y los miembros de la Iglesia Cristina Primitiva frente al símbolo de la cruz  y  la importancia  que tiene su legado espiritual para la comunidad cristiana actualmente.

Como se explicó anteriormente, la cruz fue un símbolo pagano ajeno al cristianismo, aunque algunos crean  y enseñen  lo contrario. La  invención  del referido símbolo se atribuye a la reina babilónica Semiramis, quien fuera esposa de Nimrod, el hijo de Cus y biznieto de Noé, a quien la  Biblia llama “el primer poderoso de la tierra”(Gen 10:8)

De ahí que, la cruz fuera llevada desde Babilonia a Caldea, Asiria, Persia, Palestina, Egipto, Grecia, La India, China, África, Méjico y  posteriormente a Roma. Estos pueblos la usaban como símbolo místico religioso y como instrumento de castigo.

Por cierto, a esto último obedeció que las autoridades romanas lo utilizaran contra Jesús, siendo inocente y que obligaran a Simón de Sirene a cargarla, mientras Jesús la llevaba sobre sus hombros (Marcos 15:21)

Dentro de las enseñanzas que impartió Jesús no faltaron las que se relacionan con el amor que sus discípulos y  seguidores debían manifestarles.  Por eso, les dijo que “tomaran su cruz”, si verdaderamente deseaban ser tales, lo que implicaba morir a deseos carnales y a los del mundo:lujuria, borracheras,ganancias deshonestas, vanagloria y otros (Mateo 10:38 y Lucas 14:27)

También debían  cumplir los  mandamientos de Dios. Posiblemente, Jesús se refería a que no mintieran ni adoraran ídolos o dioses ajenos, como hace mucha gente en nuestro país (Exodo 20)

Para tales fines, Jesús había llamado y  escogido a sus apóstoles, a quienes capacitó para que predicaran y enseñaran el mensaje del Evangelio. Además, les dio poder y  autoridad  para que sanaran los enfermos, para que echaran fuera a los demonios y para que ayudaran a  la gente a liberarse de la condenación eterna  y  heredaran el Reino de los Cielos.

Las enseñanzas de Jesús fueron acogidas como buenas y validas por los apóstoles.  Particularmente, acogieron y obedecieron las que se relacionan con la cruz y por eso no la  veneraban, no la adoraban ni la honraban durante la celebración del culto cristiano.  Tampoco la portaban en el cuello, en los vestidos, en la frente ni la usaron como medio de protección o de buena suerte.

En lugar de ello, se interesaron en  predicar,  escribir y  exhortar a la comunidad de creyentes a valorar el espíritu de sacrificio, tormento, dolor, sufrimiento y muerte que experimentó Jesús sobre la Cruz. Hicieron énfasis en el valor espiritual que tiene la sangre de Jesús  para borrar nuestros pecados y pagar el castigo que la pasada, presente y futura humanidad merece por ellos.

También hay que destacar la disposición que mostraron los apóstoles en cuanto a  morir a los deseos de la carne, a los del mundo y  sufrir oposición y persecución para que la causa del Evangelio siguiera adelante y triunfara (Hch 10:11,11:26)

Por todo ello, vieron la cruz como símbolo de maldición, afrenta, vergüenza, sacrificio, dolor, sufrimiento y muerte.  Sin embargo, se gozaban en que Jesús muriera sobre ella para borrar y perdonar los pecados de ellos y  de cualquier persona que acepte y crea en sus propósitos redentores (1Co. 1:17-18)

Finalmente se examina la actitud que asumieron los miembros de la Iglesia Cristiana Primitiva frente a la cruz. Estos valoraron la humillación, vergüenza,  oprobio, dolor, angustia, sufrimiento y   muerte que experimentó Jesús sobre  la Cruz.

Además, se identificaron con el propósito redentor de Jesús, valoraron la sangre que derramó para pagar el precio de los pecados  de ellos y del resto de la humanidad, creyeron en  su resurrección  y  se  gozaban  de  que  Jesús reinara de nuevo  en el trono de su Padre (Heb.12:2)

La Biblia no señala que los miembros de la Iglesia Cristiana Primitiva veneraran, poseyeran,  adoraran, honraran o tuvieron la cruz como símbolo cristiano ni que la tuvieran como  medio de protección, de buena suerte ni que la llevaran colgada sobre el cuello o pintada en los vestidos eclesiásticos.

En lugar de ello, dieron importancia al propósito redentor que nuestro Señor Jesucristo cumplió sobre la cruz  y  lo tuvieran  como  autor y consumador de su fe.

Precisamente, esa debe ser la actitud que deben asumir las  diferentes denominaciones cristianas. Deben ser fieles a las enseñanzas que impartieron Jesús y sus apóstoles, en particular, a las que se relacionan con la cruz.

Los miembros de las diferentes denominaciones cristianas deben crucificar y hacer morir los deseos carnales  y los del mundo, si verdaderamente desean vivir como seguidores y discípulos de Jesucristo.

Los miembros de las diferentes denominaciones cristianas deben mantener comunión permanente con Jesucristo, mediante el estudio profundo de su Santa Palabra,  la oración, la alabanza y la adoración. Esos deben ser los fundamentos de unidad de la Iglesia del Señor.

También necesitamos guardar los mandamientos de Dios y regocijarnos en la resurrección  de Jesús. Necesitamos abandonar las prácticas pagano-religiosas para que se cumplan las promesas  de Jesús en nuestra vida.  Necesitamos amar a Dios en espíritu y en verdad. Necesitamos dar importancia a los propósitos redentores de Jesús.

Por eso, no debemos  venerar, adorar ni honrar el símbolo pagano de la cruz durante la celebración del culto cristiano. En lugar de eso, debemos honrar y glorificar el glorioso nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en nuestros hogares, en las escuelas, en las universidades, en las oficinas gubernamentales y en nuestra comunidad.

Por Enrique Aquino Acosta

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