¿Es Kósovo un proyecto fallido de países occidentales?

Por Vladimir Zaemsky martes 30 de octubre, 2018

El conflicto étnico en Kósovo, que tiene profundas raíces históricas, pasó su punto culminante a finales del siglo XX cuando los choques entre separatistas kósovo-albaneses y el Ejército de Yugoslavia se transformaron en una confrontación armada. Después del operativo aéreo de la OTAN contra la República Federativa de Yugoslavia, Belgrado se vio obligado a aceptar el paso de la Provincia bajo el mandato provisional de la ONU cuyo papel central en liquidar el conflicto fue establecido por la Resolución 1244 (aprobada el día 10 de junio de 1999). Conforme a este documento ha sido desplegada la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kósovo (UNMIK) encabezada por el Representante Especial del Secretario General de la ONU (a partir de agosto de 2015 – el afgano Zahir Tanin). La declaración unilateral de independencia de dicha Provincia tuvo lugar el día 17 de febrero de 2008.

Lamentablemente, el diálogo entre Belgrado y Pristina (31 sesiones en total, la última, el 1 de febrero de 2017) prácticamente ha dejado de funcionar. El trabajo en temas sustantivos no se mantiene. Los organismos ejecutivos en Pristina, que antes proporcionaban apoyo técnico a las negociaciones, han sido disueltos.

Va transcurriendo el quinto año sin que se haga nada para cumplir el acuerdo clave sobre la creación de la Comunidad de Municipios Serbios de Kósovo (CMSK), municipios norteños de la Provincia poblados por serbios. Por más señas, Pristina está cínicamente saboteando el proceso. Por ejemplo, en el programa del nuevo “gobierno” de Ramush Haradinaj se dice que la CMSK fue pautada para el año 2021, paralelamente con la “transformación” de las Fuerzas de Seguridad de Kósovo en unas verdaderas Fuerzas Armadas. Causa perplejidad la calma con que los mediadores occidentales observan la falsificación.

Los patrocinadores occidentales de Kósovo cabildean activamente la revisión del horario trimestral y el formato establecido de las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Kósovo, buscando transformar la UNMIK en una misión política con escasa financiación y un mandato disminuido.

En las actuales circunstancias consideramos inoportunos y nocivos tales discursos. La situación en la Provincia no es proclive a las decisiones de éste tenor. Por el contrario, hay que empezar la cooperación constructiva con la ONU. A pesar de funcionar con recursos mínimos la Misión en Kósovo juega el papel clave y sigue siendo un instrumento indispensable del control internacional al resolver los objetivos de normalizar la situación conforme la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU que mantiene su pleno vigor.

Tampoco hay fundamento para revisar la práctica de brindar información trimestral sobre la situación en Kósovo al Consejo de Seguridad como lo requiere la situación y el imperativo de una supervisión eficaz.

Dan pena los intentos del “Primer Ministro” Ramush Haradinaj de socavar el diálogo con Belgrado al atraer a los EE.UU. como “tercera parte”. Según la información disponible los EE.UU. quieren “meter cuña” en el diálogo entre Belgrado y Pristina lo cual va en contra del mandato de la Asamblea General de la ONU. Los líderes kósovo-albaneses regularmente apoyan en público tal maniobra. El vicepresidente norteamericano Mike Pence y la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Federica Mogherini han creado con estos fines un mecanismo especial de consultas. Washington y Bruselas presionan a Serbia para que reconozca la independencia de Kósovo a cambio de su ingreso a la Unión Europea.

Como resultado de las negociaciones con Vladimir Putin el día 19 de diciembre de 2017, el Presidente de Serbia Aleksandar Vučić declaró que en tal escenario Belgrado demandaría la incorporación de Rusia al diálogo como contrapeso simétrico.

Consideramos irresponsable y peligroso para la estabilidad en los Balcanes y en el continente, persistir en el tema de transformar las Fuerzas de Seguridad de Kósovo en “Fuerzas Armadas” (con un doble aumento de la plantilla) a contrapelo con la posición de Belgrado y de los serbios en Kósovo. Tal triquiñuela transgrede la Resolución 1244 del CS de la ONU que sólo permite la permanencia en la Provincia de agrupaciones multinacionales bajo estricto control internacional.

La ausencia de un verdadero orden legal en Kósovo convierte estas tierras en una especie de “zona gris” en Europa abierta a las bandas islamistas que la utilizan para fines de reclutamiento e instrucción de combatientes. La “caza” de miembros menores de tales bandas que realizan las fuerzas del orden público no resuelve el problema como tal.

Según los medios de comunicación europeos, Kósovo mantiene la tercera posición en Europa por el número de efectivos suministrados al “Estado Islámico”: cerca de 340 personas de un total de 1.8 millones de Kósovo-albaneses. El informe del Departamento de Estado norteamericano sobre el terrorismo, publicado el día 2 de junio de 2016, así como él de la ONG “Instituto Americano de Paz”, de diciembre de 2016, contiene números similares.

De acuerdo con los datos de la OSCE, para julio de 2017, en Siria e Iraq había 139 militantes terroristas de Kósovo. Y según informa la inteligencia serbia, para septiembre del mismo año, 315 personas procedentes de Kósovo (algunos ya han vuelto a los Balcanes) habían participado o siguieron participando en las acciones bélicas en Siria e Iraq como partidarios de EIIL o “Frente al-Nusra”. En la mayoría de los casos el reclutamiento se realiza en las regiones sureñas y sudestes de Kósovo, donde el nivel de vida es muy bajo, el desempleo es alto y el 60% de la población son jóvenes. Se observa una tendencia de rechazo a la educación escolar sustituida por el estudio del Corán. Hay células de EIIL a lo largo de la frontera entre Kósovo y Macedonia.

Esperamos que el Tribunal Especial para Kósovo en La Haya destinado a investigar los crímenes cometidos por miembros del Ejército de Liberación de Kósovo empiece, en breve, su trabajo práctico y que no repita las falencias del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. No obstante, tras su lanzamiento el pasado mes de julio ni una sola acusación ha sido formulada. Partimos de que la labor de esta instancia debe ser en sumo grado transparente.

En Kósovo se sigue oprimiendo a la Iglesia Ortodoxa serbia. A pesar de que todas las instancias, incluyendo las judiciales, comprobaron la pertenencia del terreno colindante al monasterio Visoki Dechani (objeto del patrimonio universal de la UNESCO), las autoridades municipales se niegan a cumplir la resolución. Los albaneses de Kósovo han impuesto un bloqueo económico a la Iglesia serbia, privándola de su propiedad y recursos. Tales pasos reafirman la incapacidad de Pristina de construir una sociedad multiétnica en Kósovo.

El proceso de formación del “gobierno” de Kósovo, en septiembre de 2017, es una ilustración muy característica de la profundidad de degradación y radicalización de este “Estado”. La mayoría votó por el criminal de guerra – Ramush Haradinaj (el régimen de persecución judicial contra él permanece en vigor) y el ultranacionalista Kurti, adepto de la idea de creación de la “Gran Albania”.

Todo ello pone de manifiesto que Kósovo no es un Estado de pleno valor, sino que constituye una fuente de inestabilidad preñada de peligros de una reactivación del conflicto étnico y confesional en los Balcanes y el deterioro del sistema de estabilidad regional.

A pesar de la inestabilidad política en Kósovo, vemos que la Provincia con el apoyo de sus “patrocinadores” externos, pretende hacerse miembro de organizaciones multilaterales, incluyendo la ONU. En especial ello ocurre cuando el depositario de tratados constituyentes es uno de los países que reconocen la condición jurídica de Kósovo. Consideramos tales prácticas impropias ya que en el marco del diálogo entre Belgrado y Pristina, en 2012, se especificaron las modalidades concretas de participación de Kósovo en organismos supranacionales de nivel regional.

Además, el carácter artificial del estatismo de Kósovo lo confirma la anulación de reconocimiento de soberanía de la “República de Kósovo” por parte de Surinam, Guinea Bissau y San Tome y Príncipe. Tal hecho pone de manifiesto que cada vez son más los Estados que toman conciencia de lo pernicioso que es tomar decisiones precipitadas sobre el reconocimiento de la independencia de entidades territoriales autoproclamadas de forma unilateral y con violación de normas del derecho internacional.

En tal sentido, es importante destacar que incluso dentro de la UE no hay consenso en cuanto a la independencia de Kósovo. Grecia, Chipre, España, Eslovaquia y Rumania no están de acuerdo con la proclamación unilateral de su “independencia”. Rusia tampoco reconoce la soberanía de esta entidad territorial.

La separación de Kósovo del Estado serbio se realizó de manera unilateral, sin haberse celebrado un plebiscito y asegurado la representación serbia. Bastó sólo una resolución del “parlamento” que ignoró las normas fundamentales del derecho internacional y la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU.

La posición de Rusia acerca de Kósovo sigue siendo inmutable, ya que se basa en el derecho internacional, reflejado en la mencionada Resolución. Partimos de que el problema de Kósovo puede ser arreglado únicamente por la vía política, mediante un diálogo entre las partes involucradas. Rusia apoyará cualquier solución pacífica que sea aceptable para Belgrado y Pristina.

POR VLADIMIR ZAEMSKY

*El autor es embajador de Rusia en Venezuela, e itinerante para RD y Haití.

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