Es ahora nuestro momento, hijos del altísimo

Por Rafael Beltré

En verdad manifiesto mi voz de alerta por el actual estado cosas que están sucediendo a los moradores de la tierra. El engaño como eje transversal del príncipe de las tinieblas, la confusión sutil como estrategia y la preparación gradual de la sociedad, para el surgimiento del hombre de iniquidad, ya comienza a desbordarse, y martillan en mi mente la advertencia dada por el Hijo del Hombre: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24, 4), miren que sí, cuanto lo están.

Con la pandemia vimos morir un sistema injusto, la caída de una bestia y vemos nacer otra bestia más horrorosa. El mundo se detuvo a razón del miedo a morir, cuando es la muerte el más normal de los eventos. Si de muertes hablamos, podemos hacer una lista importante de muertos por el covid-19, aquí va: Murió la libertad, sin autopsia; murieron los médicos y en su lugar, la OMS; con la agonía de la libertad, se nos fue la “democracia”; los políticos murieron también o se destaparon, pasaron a revelarse como los nuevos capos; otra clase aniquilada por el covid-19, la periodística, incursionaron en el vedetismo; y por si todo esto fuera poca cosa, la constitución paso a ser el samba de los grupos de poder, y una larga lista de muertes, que desde entonces el luto no termina.

Y aun seguimos aquí, los que fuimos llamados a constituirnos en testimonio del Cristo viviente. Y como está de moda hacer fila para jugar a la ruleta rusa, sin que a nadie le importe, pues los verdaderos Hijos de Dios dispuestos a morir, para vivir, siguiendo las huellas del humilde carpintero de galilea, cuando nos dijo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y el evangelio, la salvará” (Marcos 8, 35).

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin (Mateo 24, 14). “Párense ahí”, dirán ustedes, los del ejercito del príncipe de la potestad de los aires, el rey sobre todos los hijos de la soberbia, “ya el evangelio se predicó en todo el mundo”, para nada, ¿creen que nuestro Padre, que es Dios de justicia, le confiaría las buenas nuevas a los sensuales que aparecieron luego de Cristo y sus apóstoles? (Judas 1, 19). Satanás sabe que jugo sucio, tal como lo expresó el apóstol de los gentiles: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros, lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño”. (Hechos 20, 29).

El mensaje del mesías Jesús, fue intervenido nueva vez, pero el día esta bien avanzado, y los que pretenden burlarse del Eterno, se equivocan, sus Hijos están aquí, un tanto confundidos, porque sabían que el verdadero Evangelio los despertaría y harían su misión. Por eso, en medio de la confusión claman al cielo, al Dios de Justicia: ¡Abba! ¡Abba! “Y el me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apocalipsis 10, 11). Se esta cumpliendo cada letra hasta las tildes. El espíritu de la profecía se mueve raudo y tocará el corazón de sus escogidos, “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para ser predicado a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apocalipsis 14, 6).

Todos los Hijos del Padre Celestial estamos advertidos, sabíamos de todas estas cosas que nos están acaeciendo, nos fuimos preparando para este día, y ahora lo que viene es la manifestación gloriosa de La Fuerza Divina: “Porque el anhelo ardiente la creación es el aguardar la manifestación de los Hijos de Dios” (Romanos 8, 19).  Se proclamará el verdadero evangelio de Dios el Hijo, el Verbo hecho carne, a quien nos predicaron con el nombre de Jesús, pero cuidado: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engaño a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11, 3-4).

Estando el evangelio verdadero en nuestras manos, por revelación del Espíritu de Verdad emanado del Verbo Divino, hecho carne, hoy retenido por las serpientes, que aun gobiernan en nuestro tiempo, sepan que la Diestra de Poder, de nuestro Padre Creador, de los cielos y de la tierra, y todo cuanto habita en ellos, se hará sentir como nunca antes lo ha hecho, y sus escogidos despiertos, glorificaran al Padre en el cielo: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en Poder” (1 Corintios 4, 20). Lo sentirán en sus huesos y en su sangre, con grandes prodigios y señales en los cielos, muchos serán sanados, para arrepentimiento, perdón de pecados y vida eterna, por gracia del Eterno hecho Hijo.

 

Por Rafael Guillen Beltre

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