Entre el colapso de la economía global o la pandemia de coronavirus. ¿Cuál es peor? Los dos pueden ser fatales

Por José A. Mañaná sábado 28 de marzo, 2020

El colapso del modelo económico global y moderno que conocemos es muy predecible, el capitalismo, sin regla, sin freno y sin control, ha sufrido un duro golpe. Todo ello, a consecuencia de la propagación del coronavirus por todo el mundo. De ahí que los principales índices de medición de la economía estadounidense, como por ejemplo el Dow Jones Industrial, Nasdaq y el Standard & Poor (S&P 500), han perdido más de un 30% de su valor en las últimas tres semanas.

Los principales mercados de valores de los Estados Unidos, Europa y Asia, se han desplomado, sin señales de recuperación o que se vea un fin a su caída. Todos los sectores de la economía nacional e internacional están siendo afectados drásticamente. Tanto es así, que se desplomó el precio del petróleo y sus derivados, así como las acciones en el sector turismo, las grandes cadenas de restaurantes, entretenimientos, franquicias deportivas, manufactura, zonas francas, textilerías, viajes, real estate, transportación, alimentos y bebidas, tecnología, comunicación, etc., todo esto también ha venido cayendo.

Estamos retornando a la era de la depresión de 1929. Muy pocas industrias o negocios podrán sobrevivir 30, 60, 90 días o un año sin operaciones. La gran mayoría de los pequeños y medianos negocios no tendrán liquidez y se irán a la quiebra, ya que estos operan con muy poco margen y/o muchas veces dependiendo de líneas de créditos para cubrir las operaciones del día a día. De manera que este esquema, inhabilita a los pequeños empresarios para prepararse para una emergencia o una crisis que ya la tenemos en encima.

La base de la empresa son sus empleados, no obstante, estos no tienen reservas financieras suficiente para aguantar 30, 90 días o un año sin cobrar. Viven de cheque a cheque, de salario a salario.

La tasa del desempleo y de la inflación subirán; mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) y el Índice de Confianza del Consumidor (CPI) bajarán, creando una espiral hacia el fondo.

Los dueños de casas, sacarán sus ganancias para financiar su estilo de vida, hacer sus pagos y poner comida en sus mesas, pero cuando este dinero se acabe, la perderán al banco al no poder cumplir con sus compromisos mensuales y no contar con ahorros u otras fuentes de ingresos. Esto fue lo que pasó en el 2008, al caer el mercado de bienes raíces, las casas valían menos de lo que se le debía al banco. Este escenario obligó al propietario a entregar la vivienda al banco, dando al traste con la bancarrota, pues con ello se perdió el patrimonio, el crédito, se gastó el dinero y no quedó nada.  Y así se desplomará el crédito personal de la gente, ya que no podrán cumplir con los compromisos de pagos de los carros, de renta o de su hipoteca, así como de las tarjetas de créditos, los celulares caros, etc.

El 1% de la población se atribuyó el 90% de la riqueza mundial y, en vez de invertirlo, lo ha gastado en vida de opulencia y desperdicios. Los poderosos, se hicieron dueño de todo y no dejaron nada para el otro. Ahora tenemos una población de mayoría pobre o muy pobre, sin ahorros, sin esperanzas e incapaz de aguantar un golpe como el que se avecina.

A mediados del siglo pasado, las monedas de los países tenían sus reservas en oro, controlaban el presupuesto con disciplina y se mantenían retirados de operar en déficit fiscal. En el nuevo orden económico mundial, todo es basado en la especulación del mercado de valores, deudas incontrolables y constante déficit fiscal. Es una economía ficticia, de riqueza en papeles y nada más. Es por ello que, ante una crisis, la sociedad completa se va al abismo.

En 2003, Disney Corporation abortó una huelga, cuando sus empleados exigían un aumento de sueldo de un .95 de centavos de dólar y, en negociación con el sindicato de trabajadores, solamente acordaron conceder un aumento de .50 centavos de dólar, sobre la base de que no había suficientes ganancias ese año para tal aumento. Sin embargo, ese mismo año, el CEO, Mike Eisner, sólo se llevó $84 millones en salarios y bonos de compensación.

Más todavía, el actual CEO de Disney, Robert Iger, obtuvo en 2019 un total de $65 millones en su paquete de salarios y compensaciones. Los demás miembros de la junta de directores también corrieron con jugosos paquetes de compensación.  Esta repartición invertida, es lo que pasa con la gran mayoría de las empresas en todos los sectores de la economía nacional, no importa que sea una grande, mediana o una pequeña empresa. Los empleados son muy mal pagados, reciben mínimo o cero beneficios suplementarios y muy poca protección laboral, mientras que los jerarcas de las compañías (CEO, CFO, COO, etc.) se aseguran en sus contratos todas las protecciones y beneficios posibles y se llevan todo como depredadores sin límites, como aves de rapiña.

Mientras se desarrolla este escenario, en contrario, tenemos la creación de una desigualdad social asombrosa a nivel global. Esto así, porque en una empresa de mil empleados, el CEO y sus aliados, a veces un grupo de diez directores o managers, se quedan con el 90% de las ganancias y los beneficios que esta produce, mientras que el restante10% es lo único que se reparte de manera injusta en el modelo de ” Cheap Labor” o mano de obra barata entre los otros 990 empleados.

La jornada laboral en Estados Unidos es de 40 horas a la semana y el salario promedio de un empleado en la Florida oscila entre $10.00 a $15.00 la hora. Si asumimos un salario medio de $12.00 por hora, un empleado se gana $480 a la semana, $2,080 al mes o $24,960 al año. Si al salario anual le sacan 22% para cubrir el impuesto sobre la renta (income tax) y fondo para su retiro y servicio médico cuando se retire  los 65 años de edad (medicare), este empleado se queda con un neto de $20,384, si su esposa trabaja y gana lo mismo, esta familia trae a la casa un ingreso neto de $40,768, un problema muy serio, cuando el presupuesto familiar para cubrir un costo de vida mínimamente aceptable en Estados Unidos sobrepasa los $60,000 dólares al año.

Veamos el promedio de gastos mensuales de una familia donde los dos trabajan tiempo completo, con salario medio y gastos básicos, sin lujos ni extras, a saber:

Un apartamento de dos dormitorios en la Florida cuesta un promedio de $1,400 a $1,600 mensuales ($1,500 X12=$18,000), financiamiento de dos vehículos con seguro full, gasolina y costo de peaje para los dos vehículos. Esto suma un gasto mensual de ($1,600 X12=$19,200), luz, agua, cable TV, internet y celulares ($600 X12=$7,200), seguro médico y de vida ($200 x 12=$2,400), 1 visita semanal al supermercado cada una de $150.00 , ($650 X12=$7,800) comida y entrenamiento fuera de la casa por semana ($400 x12=$4,800); la escuela de los hijos hasta High School o bachillerato es gratis, pero una vez llegaron al college o la universidad, ya cuesta mucho dinero.

Todo esto suma un gasto fijo al año impostergable de $59,400, sin incluir los gastos misceláneos que salen del bolsillo familiar diario. Y es que, en tiempos normales, esa familia está trayendo a casa $40,000 dólares y está operando con un déficit de ingreso anual de unos $20,000. Entonces, la pregunta que nos queda es ¿Cómo se manejarían estas familias  cuando pierdan uno de esos empleos, y esos $40,000 ya no estén disponibles?

El beneficio de unemployment o desempleo no es para todos y aquellos que califiquen, solo recibirán un promedio de 60% de su ingreso por seis meses y nada más. Así las cosas ¿Cómo se supone que la empresa y sus empleados esperarían 90 días o más sin ingreso, sin ahorro y sin certeza de cuánto esto pueda durar?

La gran depresión del 1929, registró una tasa de desempleo de 25% y todos los bancos

y compañías de inversión colapsaron. El programa conocido como el “New Deal” de Franklin Delano Roosevelt trajo en 1933 un poco de alivio, pero en realidad la crisis  terminó en 1939 con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la economía de la guerra. Un periodo muy largo, de mucha miseria, incertidumbre y de mucho dolor.

Ante la situación actual, le temo mucho más al efecto dominó, que trae consigo un colapso de la economía global que, al efecto temporario del coronavirus, el cual, si todos cooperamos y rompemos su cadena de transmisión, se va y es historia. No obstante, me preocupa más el daño colateral a una economía mundial al borde del precipicio. El virus COVID-19 entra a tu cuerpo y en dos semanas se va, siempre que tu organismo se encuentre preparado para su llegada, pero un colapso duradero de la economía global y una economía deficiente y deficitaria, su efecto dura más tiempo y sus secuelas son más dañinas, trayendo consigo  el pánico,  la ansiedad, la incertidumbre, la hambruna, la pobreza, la delincuencia, el suicidio masivo y caos en la sociedad.  Ya vivimos esa historia, procuremos no repetirla.

Soy una persona muy positiva y creo en el futuro, pero dicen que el pesimista es simplemente un optimista con experiencia, solo espero estar equivocado. Esperemos lo mejor, pero preparémonos para lo peor.

Por José A. Mananá

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