Entender la naturaleza Y repensar el desarrollo

Por Nelson Reyes Estrella

La naturaleza es maravillosa y el pensamiento humano impresionante, el cuerpo es la extensión más perfecta de esta y como lógica natural hay que pensar en métodos de convivencia hombre-naturaleza y la planificación es el camino.

Vivimos en una sociedad muy compleja por la infoxicación a que somos sometidos a través de las redes de comunicación y el gran dilema es distinguir lo cierto de lo ficticio, por esto, aprovechamos estos momentos convulsos para analizar los fenómenos naturales que atemorizan y provocan graves daños a las poblaciones humanas, pero que son la expresión del curso natural del planeta.

Es erróneo pensar que estos fenómenos son producto del cambio climático, siempre han existidos, aun cuando no se hablaba de cambio climático y calentamiento global, no obstante, en la actualidad se han hecho más recurrente y provocan mayores daños y esto lo estimula el cambio climático y una incorrecta planificación del desarrollo económico y social.

Hace unos días dialogaba con un amigo y me decía que la ciencia no ha avanzado en el estudio de estos fenómenos, y preguntaba ¿por qué la ciencia no ha desarrollado la capacidad de disminuir la fuerza de los huracanes?, le explicaba que estos fenómenos son una necesidad de la naturaleza y la recurrencia de la actualidad es un mensaje contundente para repensar y planificar de forma estratégica los asentamientos humanos, respetando los espacios de los demás organismos y otros espacios naturales.

Por ejemplo, si el cuerpo se calienta por encima de los 37 grados (fiebre) y no se atiende a tiempo se convierte en un problema complejo, convulsiona y hasta explota, esto mismo representan los fenómenos naturales, huracanes terremotos, son expresiones de la naturaleza ante la acumulación de energía.

Continuaba explicándole, la naturaleza está organizada de forma estratégica, si observa los bosques y las montañas, además de los productos para la alimentación, el aire y la madera que nos proporcionan de forma directa, son importantes para protegernos de los huracanes, en tal caso, a la hora de establecernos en algún lugar debemos respetar los áreas que les corresponden a estos; solo hay que analizar la cantidad de personas que se establecen en las riberas de los ríos, y es aquí, donde casi siempre, se sufren los daños a causas de los huracanes.

En el caso de los terremotos, son a causas de las fallas tectónicas y la acumulación de energía del planeta, a diferencia de los huracanes, no sabemos exactamente cuándo van a ocurrir, pero sabemos cuáles zonas son más propensas a impactar, aun conociendo esto, se permiten grandes construcciones y después nos lamentamos por los incuantificables daños que resultan cuando impactan.

Sin dudas, la naturaleza es inteligente, estos y otros fenómenos son forma de evacuar la energía acumulada, la presión a que es sometida o el proceso de evolución y transformación natural; los sabemos y aún seguimos con prácticas abusivas que terminan en tragedia.

Es urgente comprender el papel que juegan los sismos y los huracanes y estudiarlos desde una perspectiva científica- social, de atención al medio ambiente que permita repensar el desarrollo y entender la naturaleza.

Con una población que pasa de los 7,569 millones de habitantes, asentadas en lugares inapropiados, es una tarea difícil, pero no debemos escatimar esfuerzo con la mirada hacia el futuro, para recuperar la resiliencia del planeta y organizarlo en torno a los espacios estratégicos que nos quedan; no tenemos otras alternativas, la planificación es la base, si queremos evitar que las consecuencias sean peores a lo que ocurre en México, Puerto Rico y las islas del caribe que hoy sufren los embates de estos fenómenos.

Finalmente, la mayor inversión que se puede hacer es en la arquitectura humana, basándola en la educación constante, la planificación del crecimiento económico con desarrollo humano, y donde la prioridad sea utilizar de forma estratégicas los espacios y recursos vitales, entendiendo que somos viajeros temporales de un planeta que nos han prestado.

Tememos que aprender a disfrutar sin hacer daños, necesitamos cuidar nuestras montañas, los bosques, los ríos, los animales y todos los demás seres vivos y no vivos que coexisten con nosotros los humanos, que, sin dudas, somos el centro del universo.

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