Enseñanzas puntuales del coronavirus

Por Carlos McCoy jueves 16 de abril, 2020

Una de las enseñanzas que nos está dejando la pandemia del coronavirus es, la perentoria necesidad de tener pueblos educados, cultos y en consecuencia ¡Ordenados!

Aunque, hay veces que ese orden, independientemente de la educación, se tiene que implementar ejerciendo algunas medidas drásticas.

No creemos que se deba llegar a los extremos del fusilamiento, como en Corea del norte, al ahorcamiento como en Irán o a la ejecución sumaria como en Filipinas, pero tampoco se puede permitir el libertinaje, con ropaje de democracia, de los Estados Unidos de América.

Los países que hasta ahora han podido controlar con mayor eficacia el brote de coronavirus, han sido aquellos con una arraigada cultura de respeto a sus gobernantes y al orden establecido, pero, además, donde se ha recortado un poco la mentada democracia y se ha ensanchado, en esa misma proporción, el estricto cumplimiento de las ordenanzas y el respeto a las autoridades.

Para mejor ilustración de estas afirmaciones, vamos a poner como ejemplos a las tres grandes potencias del globo; China, donde se originó el virus y la nación con mayor población mundial.  Rusia, el país con más amplio territorio del mundo y los Estados Unidos de América, cuna de la democracia.

La población de Rusia y China combinadas es cuatro veces y media mayor que la de los Estados Unidos de América, sin embargo, este último país tiene seis veces más casos registrados de coronavirus y ocho veces más muertes por culpa de esa pandemia.

Solo una ciudad de los Estados Unidos, New York, tiene más casos y más muertes, por el coronavirus, que la mayoría de los países del mundo.

¿Cuál es la razón de esta gran diferencia?  Creemos que hay varias razones, pero nosotros nos vamos a enfocar en la que catalogamos como una de las más importantes, y esta es, el miedo de las autoridades, en la democracia, a las imposiciones.

En esta gran nación del norte, el balance entre los derechos y los deberes se ha deslizado tanto, que ha llegado al punto donde la gran mayoría reclama, pero no cumple.

Todos alegamos derechos, pero muy pocos cumplimos deberes. En muchos casos hasta ponemos nuestras propias reglas y si aparece alguna autoridad que trata de hacernos cumplir el orden establecido, de inmediato se oyen voces llamándolos abusadores.

Al punto, que, en esta ciudad de New York, la policía tiene miedo de hacer su labor, pues una pequeña equivocación en el protocolo y el oficial policial puede, no solo perder su trabajo, sino hasta ir a la cárcel.

Así no se puede.

Donde no hay orden y disciplina hay caos.

Esto se aplica muy bien a los que sucede en la República Dominicana.

La magnífica organización que era el Partido de la Liberación Dominicana, con sus métodos de trabajo y su disciplina, hubiera sido una maquinaria formidable para organizar las ayudas que el gobierno le está suministrando a la población.  No solo de alimentos, sino también en la distribución de los materiales necesarios para paliar esta pandemia, como son las mascarillas, los guantes, los desinfectantes de manos, etc.

Con locales de Comités Intermedios distribuidos en la mayoría de los barrios de todos los municipios del país, como tenía el PLD y una membresía de soldados obedientes, valientes, y disciplinados, ese trabajo se hubiera hecho mucho más rápido y eficaz.

Pero, desgraciadamente, hubo un punto de no retorno en la institución morada y fue cuando se decidió transformarla, de un partido político, en una maquinaria electoral.

Ahí están las consecuencias.

 

Por Carlos McCoy

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