Enfrentemos la violencia

Por Manuel Hernández Villeta

El grave problema estructural de los partidos dominicanos, es que solo actúan  como  maquinarias electorales. Los grupos políticos únicamente encienden los motores cuando se está muy próximo a un torneo electoral.

Salen a las calles con un listado de promesas, la mayoría de las cuales después se olvidan. Un partido meramente electoralista puede ganar o perder  unas elecciones, pero no se sintoniza con los mejores intereses del pueblo.

Tomando apuntes de  donde se encuentra el nicho de la mayoría de los dominicanos, los partidos tienen que ir  para ganar unos comicios al corazón de la exclusión, donde residen los desempleados, los marginados, los analfabetos, los que venden su dolor y frustraciones  sociales por un pollo frito.

Utilizada en forma demagógica durante la campaña, y olvidada con el triunfo, esa masa silenciosa sólo desea tener un día de comida, un techo donde cobijarse de las lluvias y el viento y algún trabajito donde aportar su fuerza física.

Mantener la exclusión de estos sectores también enhebra un grave problema social. La mayoría de los delincuentes callejeros provienen de esa mezcolanza donde no hay estudio, ni trabajo, ni presente, ni futuro. No llegan a rebeldes sin causa, sólo son víctimas de circunstancias sociales que se mueven por el instinto.

Ahora se habla de atajar a la delincuencia  y hasta de importar programas anti-violencia que hace una década dieron resultados en Nueva York. Una receta hecha a la medida de otra realidad social e histórica no va a ser garantía de que generará un milagro  en el país. La delincuencia no solo se enfrenta con el plomo, sino que también tiene que manifestarse la tarea comunitaria  de por medio.

Cuando se habla de que  los grados de violencia  van aumentando, hay que seguir a diario como está el costo de la vida, la deserción escolar, la falta de empleos, la caída de los negocios informales, la inestabilidad de las madres solteras y lio difícil que es insertarse en el primer empleo.

La lucha contra la delincuencia tiene que ser enfocada desde diversos ángulos. En el país los llamados intercambios de disparos, no han podido controlar los brotes de violencia, tampoco las penas correccionales  ampliadas, ni las cárceles-reformatorios para adolescentes.

Se puede detener a la delincuencia con medidas puntales, integrando a la comunidad; con  mayor inteligencia de  los servicios policiales; hacer más justos e investigativos a los fiscales, y comprendiendo que la cárcel no regenera, sino que se exhibe  como  la universidad de la delincuencia.

Hay que ir al corazón de donde se forma la carne de presidio, para  aplicar  acciones que sirvan de apoyo al puño de hierro, a la macana y a los tiros. Es un trabajo  a largo plazo, que se debe comenzar desde hoy.  No darán resultados efectivos acciones mediáticas, que podrían ser abandonadas y olvidadas, como si se las llevara el viento. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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