Encender  la fragua social

Por Manuel Hernández Villeta

El inicio de la etapa final del año es de alegría y de dolores. Es tener la valentía y la independencia de pasar revista a lo que ha sucedido en los pasados doce meses. Es el momento de encender la fragua para que se comiencen a forjar los cambios.

En un país cargado de problemas que no tienen soluciones a la vista, las hojas del almanaque pasan y la mayoría no lo percibe. Comenzar a llegar al fin de año no pone fin a  los problemas, sino, que por el contrario, los aumenta.

Se necesitan acciones casi heroicas para sacar al país de la crisis donde se encuentra. No hay que buscar culpables ahora mismo, sino tener soluciones a mano. Una pena que el intento de diálogo nacional parece que naufragó víctima de las desavenencias partidistas.

El desempleo crece, las desigualdades sociales se amplían, la delincuencia amenaza con doblar las rodillas de los ciudadanos, la educación se empantana en la burocracia, la pandemia lleva a su etapa más difícil y dolorosa a los programas sanitarios, y los políticos con las encuestas en las manos se creen los dueños del país.

La principal tarea de todos debe ser que los dominicanos  tengan confianza en sus instituciones. El sistema funciona a empujones, y la ciudadanía ve con pesimismo como trabajan lo que deben ser las columnas fundamentales de nuestro desarrollo e institucionalidad. Hay que limpiar el camino de los escollos innecesarios y molestosos, y pensar que lo más importante es el futuro nacional.

Todas las instituciones tienen que ser remozadas y adecuadas a los nuevos tiempos. La justicia necesita que se convierta en realidad su independencia. Hay que enviar un proyecto de ley al Congreso Nacional donde quede marcada la independencia de la justicia.

Pueden haber buenas intenciones, pero mientras los procuradores y los fiscales dependan de un decreto, no puede haber independencia total. El que designa tiene siempre áreas de sugerencias y de mando. Tiene que darse el siguiente paso, y es la independencia judicial mediante la creación de una ley.

Pero sobre todo, la justicia dominicana tiene que  sentar la base de la confianza, que es fundamental para erradicar a la delincuencia y la corrupción. La fortalece de todo el entorno de la justicia,  será garantía de que en un estado de consecuencias en  el país se acabarían los atropellos, los abusos y los robos.

Sencillamente es hora de prender la fragua y esperar  que purifique y ilumine el destino nacional.  Aunque se mantenga la diversidad, y se respeten las ideas contrapuestas, tiene que darse la unidad nacional para el necesario renacer y forjar  los   cambios impostergables. !Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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