En Punta Cana han creado mecanismos para frenar los sargazos y preservar el atractivo turístico

Por Ling Almánzar jueves 7 de octubre, 2021

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El Grupo Puntacana ha presentado los resultados de la batalla que ha librado contra el sargazo en las fabulosas playas del Este, y lo ha hecho después de haber estudiado ese fenómeno que contamina los atractivos turísticos y aleja a los visitantes.

Su vicepresidente, el señor Jake Kheel, se encargó de compartir la experiencia de “La lucha contra el sargazo en Punta Cana”, a través de una detallada exposición realizada en el Barna Management School. Esta escuela de negocios se basa en el estudio científico de casos para la buena gerencia, cuidando el triple eje de lo empresarial, lo social y lo medioambiental.

Según Kheel, el Grupo ha logrado crear mecanismos efectivos, originales y sostenibles contra el sargazo. El principal de esos mecanismos ha sido la creación de barreras flotantes que son ancladas en el mar para evitar que los sargazos invadan las playas. Funcionan, así, como una gran muralla marítima para contener al intruso material.

Se han tendido ya casi 4 kilómetros de ese cordón acuático; las barreras, de fabricación propia, reciben mantenimiento permanente. En la labor de recogida, mantenimiento y desecho final participan expescadores y otras personas de la misma comunidad. Por cierto, los copiosos sargazos van a parar a zonas donde, actualmente, se hacen experimentos con ellos para ver qué manejo se le puede dar.

Los efectos del fenómeno son catastróficos. Los sargazos afean y contaminan el ambiente, irritan los ojos, despiden un olor nauseabundo, espantan a los turistas y amenazan seriamente a la flora y la fauna marinas. Peces y corales son azotados por los intrusos.

El problema es recurrente: aparece y reaparece cada cierto tiempo. En realidad era desconocido hasta hace una década. Todo comenzó en 2011, cuando los sargazos invadieron las playas del Este y ahuyentaron a inversionistas y visitantes. Kheel fue a Texas para ver esa experiencia extranjera y evaluar su factibilidad en el país. Encontró allí que los sargazos no se podían frenar en alta mar, porque se consideraban un hábitat flotante. Eso quería decir que eran seres vivos, mecidos por las olas, en pleno mar. Esperaban que coparan la costa y entonces se recogían.

Pero Kheel y ese genio del turismo que es Frank Rainieri, emprendieron una aventura y se arriesgaron tendiendo una barrera en el mar, para evitar la penetración de los invasores. Así, la acción rápida y contundente del Grupo Puntacana resolvió el problema, pero esto era solo temporal: dos años después, en 2013, regresó la plaga.

Esta vez, como la anterior, el costo fue muy alto: tuvieron que traer maquinarias, excavadoras y confeccionar mallas, así como poner botes en marcha y accionar maquinarias. Captaron el apoyo oficial y eso les facilitó las labores. La alfombra de sargazos fue retirada a tiempo y evitó males peores. Sin embargo, el Grupo y su Fundación sufrieron un proceso de caídas y recaídas. Se usaron rastrillos artesanales y probaron barreras flotantes que resultaron inútiles: el viento y el oleaje las debilitaban y permitían el paso del incordio. Además, algunas mallas o redes eran un tanto pequeñas e insuficientes. En fin, esos métodos rudimentarios sacaban arena y la maltrataban, y se revelaron como esfuerzos más bien experimentales e infructuosos.

La experiencia fue aleccionadora y creativa. Se inventó una barcaza para recolectar los sargazos, y un solo bote recogió casi 130 metros cúbicos en un solo día. Han aprendido a convivir con el problema, manejándolo cada día en un aprendizaje permanente.

En todo caso, lo vivido le demostró a Kheel que el Gobierno es muchas veces más lento que el sector empresarial. Se necesitan relaciones público-privadas para hacer inversiones.

El Grupo Puntacana tiene un comité de investigaciones que estudia casos y busca experiencias extranjeras para incorporarlas a su acervo.

Origen y perspectiva

No se sabe realmente el origen de los sargazos, pero sí se sabe que describen un círculo por el Atlántico, el oeste de África y el río Amazonas, hasta invadir las costas del Caribe. La temporada crítica va de abril a noviembre. Los estudios apuntan a que se ha creado un nuevo Mar de los Sargazos en el corazón del Caribe.

Ahora, de forma inédita están llegando a Las Terrenas, Barahona y otras partes del país. El material es exuberante y dispara las alarmas turísticas. Algunos turistas cancelan sus vuelos de destino cuando ven la invasión. Algunos inversionistas y socios de negocios se han quejado de la situación, descontentos por la peste ecológica.

Pero Punta Cana está alerta y sigue trabajando. Kheel dice que están dispuestos a compartir la experiencia con otras zonas del país, y llama a estar alertas ante lo que pudiera venir después de los sargazos.

Una solución global

Paola Rainieri, pasada presidenta de la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes (Asonahores), se muestra satisfecha por los resultados logrados, y apunta que el turismo representa cerca del 20 por ciento del PIB.

“El turismo somos todos, tiene que importarnos a todos”, expresa.

Ella está convencida de que una empresa no solo debe ser rentable, sino que debe proteger a su gente y al medio ambiente.

Rainieri indica que el Gobierno está haciendo esfuerzos y ha mantenido los fondos dispuestos por la Administración anterior, a fin de buscar una solución global a la problemática.

Por cierto, señala que el Gobierno y el sector empresarial se comprometieron a poner mitad y mitad de los fondos para esa solución general.

Los empresarios deben unirse y comunicarse más y mejor.

Rosa Rijo, experta en materia medioambiental y asesora del Ministerio de la Presidencia, ha trabajado en programas como “Rivera Verde” y “Rescate Ozama” para sanear el río. Esas iniciativas han recibido aportes internacionales.

Ella piensa que se deben fomentar las alianzas público-privadas, unir esfuerzos y desarrollar alternativas propias y efectivas.-

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