En dominicana. es norma, seguir tirando piedras a la luna

Por Rolando Fernández

Por los caminos que hasta ahora va este país, evidenciándose más de lo mismo cada vez, y teniéndose que afrontar situaciones tales como: pisoteo a la soberanía nacional; contratación de deuda externa hasta el tope; una prensa compuesta por mercaderes de información, más que todo: y, las falsas promesas de los políticos embaucadores, de esos que dicen con fervor, vamos a hacer, para nunca realizar nada.

Además, verificándose una inseguridad ciudadana a granel; la corrupción generalizada de estilo, a todo “galope”, como siempre, acompañada de una impunidad fehaciente; y, las prácticas deleznables de los ricos explotadores nuestros, queriendo ser más poderosos siempre.

Para completar el escenario preocupante, con una sociedad que luce robotizada casi por completo, con toda su atención puesta en hablar “basuras” por un celular, salvo aquellos ciudadanos que lo usan como herramienta necesaria, dentro de sus ejercicios profesionales.

También, donde además esta ´presente, el escuchar, como bailar reguetón, música urbana, etc., amén de “juquear”  sin control, teniéndose  en adición a esas prácticas, la moda de drogarse a cualquier hora. Obvio que, con esos “telones de fondo” descritos entre nosotros, ¿qué se puede esperar entonces?,

Aquí nunca se va a resolver nada, por más intenciones que se trate de vender a la ciudadanía; y, cuando en realidad las haya, el agenciar las enmiendas requeridas, será como estar tirándole piedras a la luna; sin que esta sea una forma pesimista de apreciación.

Máxime, tal es la consideración, al momento de pensarse en el Congreso Nacional, tan mal conformado, que aquí se tiene, compuesto por ineptos y títeres en su mayoría; De otro lado, con un Poder Judicial, cuestionado en grado sumo, sin imparcialidad real. ¡Qué mutual tan poco esperanzadora!

Por estar el trabajo de esas instancias, en connotada tela juicio, y siendo parte del sistema imperante, ¡las imposibilidades!, respecto de encaminar las acciones correctivas de lugar, para bien de esta sociedad, en términos generales, se infiere, están más que a la vista

Tal sería el resultado esperado, infructuoso, mientras se continúe con la misma forma de gobierno que rige en Dominicana, siempre en el marco de la mal llamada democracia representativa, en la que toda cosecha, normalmente, es para un grupo selecto de políticos, y empresarios aprovechadores, sin importar que al resto del pueblo se lo siga llevando el mismo diablo, como dice la gente

Cuando se escucha hablar a determinados políticos, y comunicadores nuestros, no corporativos, y mucho menos de los llamados “bocinas pagadas”, independientes aquellos por completo, abordando y analizando determinadas ocurrencias nacionales de órdenes diferentes, de esas que le rompen un ojo a cualquiera, como dice la población, y que de ordinario se dan en esta República, se tiene que reparar con mucha atención, y reflexionar sosegadamente sobre los contenidos expresados.

Y es que, a partir de los mismos se pueden advertir con facilidad los derroteros inciertos hacia los cuales está siendo dirigido este país   por todos estos políticos y politiqueros de nuevo cuño, con el patrocinio de los poderosos grupos económicos que los catapultan.

En ese tenor, más que obvio se reporta, que por displicente que sea cualquier ciudadano local, una seria preocupación constante habrá de asaltarle, debido a ciertos pronostico que se hacen.

Sí, vale reiterar que, todo es con el consentimiento de los inversionistas, seudo líderes solapados, que se destacan dentro del sistema de partidos políticos que se gasta la nación, bajo la denominada democracia representativa, que de eso no tiene nada, y en la que solo priman los intereses particulares, como grupales, importando muy poco la sociedad en sentido general, vale la recalcar, usada esta solo como tonta útil, para provecho en los sufragios electorales que se celebran cada cuatrienio.

Por las actitudes y las ejecutorias que analizan y describen esos profesionales independentes señalados, que hacen opinión publica imparcial, se advierte que, el referido sistema de partidos políticos entre los dominicanos tiene que estar a punto de colapsar; sino es que ya lo ha hecho, pues de más es sabido que, los mismos no son más que empresas disfrazadas, para hacer jugosos negocios desde allí.

Tantas burlas, despropósitos, y robos a las claras de un amplio grupo de estos políticos sin conciencia que aquí se tienen, ya merecen reacciones sociales enmendatorias de consideración, por parte de este pueblo estrangulado, que ha venido haciendo silencio desde hace años ¡No se puede estar esperando más!

Las circunstancias perjudiciales para la población de esta sociedad, por décadas, están induciendo a procurar un cambio de sistema gubernamental, desde el cual se piense más en nuestra gente; en las mejorías de vida, que amerita la forma de subsistencia humana nuestra, y que viene siendo golpeada sin control alguno. De otro lado, en cuanto se refiere al respeto debido, y salvaguarda de la soberanía nacional, un activo republicano más valioso.

También, en evitar cuánto sea posible, la afectación derivada del galopante endeudamiento condicionante con el exterior, ya que la nación está siendo hipotecada, o vendida con lentitud, a los prestamistas en el extranjero. ¡Hay que reducirlo significativamente!

¡Lamentable tener que así pensar! Pero, los males extremos que vienen “respirando” los dominicanos, encabezados por la corrupción estatal rampante; los enriquecimientos ilícitos, y burlones después; la inseguridad ciudadana; el descalabro institucional evidente; y, la descomposición social extrema, casi generalizada, entre un sinnúmero más de “flagelos”, cabe la reiteración, no dejan espacio, a no ser para otro tipo de gobierno:  un nuevo régimen de fuerza, encabezado por un dictador con una mentalidad avanzada, que venga a procurar los correctivos republicanos que ya urgen aquí.

Hace más de cinco (5) décadas esta nación padeció de un régimen totalitario agresivo, y hasta criminal, según algunos conocedores de la época, que si bien es cierto dejó algunos tristes recuerdos, no menos cierto es que, no todas sus ejecutorias fueron malas. De igual manera, se pinceló aquel periodo patrio, con acciones que bien debieron conservarse hasta los tiempos presentes.

Hubo de ambas cosas, como en la generalidad de los casos. Claro, desde entonces, solo se ha estado destacando, por conveniencias obvias, cuánto malo se hiciera a la sazón. Jamás hablar, y menos emular lo loable que se tuviera en aquel tramo de nuestra historia patria, inolvidable. aunque siempre lo hayan querido borrar del “mapa” interno.

Incluso, los factores de recordación a copiar que fueron dejados, con respecto a ese último espacio histórico republicano, los buenos claro está, se ha procurado borrarlos de las mentes de los dominicanos, para que nadie los recuerde, y pueda exigir emulación alguna. La mejor muestra, en parte, son los bienes de orden material, con perfiles históricos innegables. ¡Los han hecho desaparecer!, obras que pudieron incluso servir para exhibiciones de orden turístico.

Según afirman algunos estudiosos de la historia patria perteneciente a muchos de los países que han tenido regímenes dictatoriales por años, que luego de que los mismos han sido derrocados, se dan razones a lo interno de aquellos, que motivan de nuevo el regreso de una mano fuerte que los dirija.

Que están entre esas, amén de otras: los deterioros sociales a posteriori; y, los descalabros institucionales que se producen, como consecuencia de una democracia mal concebida, reportándose esa como puro libertinaje más bien.  “Se puede hacer lo que venga en gana”. Así se comienza a pensar de inmediato: libertad para todo; pero, sin deberes ciudadanos que cumplir. ¡“Qué bien!”

El retorno a lo “impuesto” nuevamente, la fuerza, para buscar enmendar y reponer el orden perdido, se convierte en algo obligatorio, casi inevitable por completo, por más que lo quieran impedir los poderes y sectores poderosos, que se estén beneficiando abiertamente de los despropósitos estatales, aunque afecten sobremanera a la población.

Cuánto se puede asociar lo que ha estado ocurriendo en Dominicana, en relación con lo expresado, después que se produjera la caída del régimen encabezado por Rafael L. Trujillo, hace más de cinco décadas.

La dictadura del “Jefe”, como se le llamaba, sentó precedentes locales, de orden, respeto, e institucionalidad, según personas bien conocedoras de la época, aunque tantos hoy lo quieran negar. Pero, ¡se hace imposible hacerlo!, frente a las realidades concretas de descalabro a todos los niveles, que golpean a este país desde hace ya varios lustros.

¿Qué resulta chocante? Evidentemente, el hecho de que, muchas personas del presente, que están bastante empapadas de los males que desde hace tiempo vienen acogotando a esta sociedad; que los analizan, al tiempo de criticarlos. y que bien pueden comparar lo actual, con relación a lo otrora acontecido, cuando Trujillo, hacen mutis en ese orden.

Y, cuando tienen que referirse por alguna razón a aquel régimen, lo hacen de manera despectiva, y hasta acremente retaliatoria.  Nada de reconocer méritos atribuibles, como “emulables”, es lo que más que se evidencia.

Penosa actitud esa, ya que, según el parecer de connotados pensadores, qué no dejan de tener razón, a los fines de poder formarse los juicios más certeros posibles sobre cualquier particular, se debe tener siempre presente que: “nada es bueno ni malo; sino, que todo debe ser objeto de comparación”.

Ahora, siguiendo con el previsible retorno de un nuevo dictador al lugar en que ya estuvo, el tiempo que se tiene como promedio para el regreso de los gobiernos de fuerza que se han tenido con anterioridad, es un periodo que ronda entre los 43 y 45 años después, según los investigadores a ese respecto, lo cual significa que ya aquí estamos pasados hace rato, por lo que en cualquier momento se puede repetir ese patrón en esta República caribeña.

Por consiguiente, “¡Ojo al Cristo!”, partidos del sistema. Su preponderancia podría estar llegando al final; pues todas las condiciones en esta República están dadas, para que las botas vuelvan a reinar entre los dominicanos; ya que, la otra forma de concienciar a la gente, ¡qué son los libros!, resultaría bien difícil en este país, donde ya las personas no quiere ni siquiera leer periódicos.

Como se advierte, por cuánto se ha expresado, y el cansancio poblacional aquí presente, es muy notorio que, solo hacen falta los hombres que estén dispuestos a calzar las botas pesadas de estilo dictatorial, para dirigir una empresa de tal naturaleza, a los fines de que se acabe con la corrupción estatal; se imponga el respeto debido; y, se retorne a la institucionalidad necesaria en esta República.

 

Autor: Rolando Fernández

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