Emmanuel Macron: ¿Democracia o Dictadura Constitucional en Francia? ¿Por qué allá sí y aquí no?

Por Francisco S. Cruz martes 20 de junio, 2017

 No sé adónde meterán la cara ni cómo explicarán los que desde el 2012, entre ellos, la oposición –PRM-, sus bocinas mediáticas e intelectuales –o más bien, políticos de la “secreta”-, el hecho cierto del fenómeno político Emmanuel Macron y su partido La República en Marcha que, según sondeos preliminares, acaba de barrer –de nuevo- en las elecciones legislativas en Francia -este pasado domingo 18 de junio de 2018-. Esto, si recordamos el rabioso discurso que la oposición y sus personeros mediáticos han venido enarbolando respecto a que, vivimos en una supuesta “Dictadura Constitucional”, desde que el PLD llegó -de nuevo- al poder en el 2004; pero, con más énfasis e irracionalidad, a raíz de las dos últimas victorias electorales del PLD y el Presidente Danilo Medina –que, dicho sea de paso, rompió el record histórico-político-electoral que había impuesto, justamente, el Prof. Juan Bosch en diciembre de 1962, logrando casi un 62% de los votos en mayo-2016-.

Una simple ojeada al ciclón batatero que ha significado el fenómeno político-electoral Emmanuel Macron y su movimiento La República en Marcha, arroja, según un cable de la agencia EFE, el siguiente estrago-pela, de la que no se salvó ninguno de los viejos partidos franceses que, dicho sea de paso, al ritmo que van, y al parecer, agotarán la misma ruta catastrófica de Copei y Acción Democrática de Venezuela, veamos: El movimiento La República en Marcha (del Presidente Macron), obtuvo entre 355 y 425 diputados; los conservadores, entre 97 y 130; los socialistas, entre 27 y 49; la ultraderecha, entre 4 y 8; y, finalmente, la izquierda radical, entre 10 y 30 diputados. Tal sumatoria, refleja el descalabro y banca rota política-electoral de todo un espectro político-ideológico que, desde 1958, o quizás antes: desde 1945, venía hegemonizando, detentando y protagonizando la lucha por el poder en Francia.

Una primera lectura, de tal fenómeno –desde una perspectiva global- nos refiere, sin apelación, a la tesis que el politólogo-sociólogo Moisés Naím ha plasmado en su libro El fin del poder, en el sentido de que, cada vez más los actores políticos y fácticos tradicionales vienen perdiendo el poder y que éste, a su vez, cada vez más va en una pendiente de descentralización-fragmentación  (o lo que él define como “micropoderes”): y no pocas veces en las mejores manos; sino en las de: “…delincuentes, terroristas, insurgentes, piratas informáticos, traficantes, falsificadores y ciberdelincuentes”. Completa el anterior fenómeno-cuadro en el que, increíblemente, son los viejos actores políticos –partidos y líderes- los que van a la saga de la referida tendencia global –que exige cambio de paradigmas, es decir, de visión y abordaje, en el ejercicio de la actividad política y el ejercicio del poder- llevándose la peor parte.

Sin embargo y volviendo al meollo del asunto (la mayoría absoluta legislativa que ha logrado el actual Presidente de Francia), hay una pregunta que se cae de la mata -dirigida a la oposición y a sus papagayos mediáticos-, y es esta: ¿qué es ahora Francia con la mayoría legislativa que ha logrado Emmanuel Macron: una Democracia o una Dictadura Constitucional?

Me imagino que, si son coherentes –la oposición y sus bocinas mediáticas e intelectual- con su discurso-consigna, la que ha venido levantado por casi 5 años, sobre que en el país existe una “Dictadura Constitucional”, estarán contestes en convenir que Francia con Emmanuel Macron también ha entrado a ese club? O más elemental y directo: que Francia ha involucionado en término democrático y político-electoral, ¿o no?

Ahí le dejo la tarea, pero, mientras tanto, vamos a darle una ayudita a los amigos de la oposición y su periférica mediática-intelectual: qué tal si les proponemos a Emmanuel Macron que, para que haya Democracia en Francia, le regale 50 diputados a los socialistas; 30 a la derecha, 25 a la izquierda radical; y 20 a los ultraconservadores. Y así, Francia volvería, con semejante ejercicio democrático-equitativo (¿o pendejismo político?), a ser democrática.

Tal ejercicio de pendejismo político lo entenderíamos; pero, dudamos mucho que, Emmanuel Macron y su movimiento La Republica en Marcha, quieran ceder, de buenas ganas, lo que el pueblo francés –con baja abstención o no-; pero, en elecciones libérrimas-, le concedió. De modo que, el mito-mentira del pendejimo político-electoral, no funciona ni en la Europa desarrollada como tampoco en El Caribe subdesarrollado; y mucho menos funcionó cuando los dirigentes perredeístas –ahora perremeístas- alcanzaron mayoría legislativa –en 1998- e impusieron JCE, jueces, Cámara de cuentas, y demás instancias de poder y control absoluto (con los resultados que todos sabemos y que la historia registra).

Dejémonos, pues, de cuentos chinos que, como dice el refrán, “A quien le dan pan, que llore”.

 

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