Emigración y realidad en República Dominicana

Por Maximo Sanchez

Somos inmigrantes en EEUU, país que nos ha acogido; en el 2001, después del fatídico 11 de septiembre, decidimos emigrar de nuestro suelo patrio, cuando los indicios de una economía conducida como un vehículo sin frenos cuesta abajo, nos predecía los difíciles momentos que viviría nuestro país en el gobierno del expresidente Hipólito Mejía.

Lamentablemente tuvimos razón; más de un millón de dominicanos fueron arrojados a los límites de la pobreza extrema, y muchos no aguantaron las precariedades y sucumbieron a las enfermedades, a la muerte repentina y a los suicidios.

Los supermercados y establecimientos de expendio de productos de primera necesidad, se les cambió el nombre por “casas del terror” por los altos precios de sus productos; y la quiebra de miles de negocios pequeños y grandes estuvo a la orden del día.

Y por supuesto, esta hecatombe económica provocó una ola migratoria, que todavía no ha sido cuantificada; pero, que a casi dos décadas de haberse producido se puede apreciar, la calidad y la cantidad de los emigrados, en el incremento de las divisas aportadas por la diáspora a la economía de la República Dominicana a partir de aquellos años.

Las olas migratorias pueden obedecer a diferentes razones; pero la principal, es la aspiración de los núcleos migratorios a mejores niveles existenciales, en esencia, a una mejor calidad de vida. Don Juan Bosch definió el fenómeno de un modo muy simple, cuando dijo: “Las personas siempre emigran de los lugares con economías más deprimidas, hacia las regiones más productivas.”

Aunque no se les esté dando un trato publicitario de primer orden, en los últimos meses hemos tenido un incremento en los intentos de los dominicanos de emigrar, sea esto legalmente, o de manera ilegal, poniendo en riesgo sus vidas o su libertad.

El 10 de diciembre del año pasado, hace apenas 7 meses, murieron 11 dominicanos en un fatal accidente, que cobró unas 55 víctimas en Chiapas Méjico; en el pasado mes de mayo, 11 personas más fallecieron en las aguas del mar caribe, tratando de alcanzar las costas puertorriqueñas, y decenas fueron rescatadas del naufragio por la Guardia Costera de EEUU.

Una crónica noticiosa de EFE fechada en San Juan, Puerto Rico, el 29 de este mes de junio que acaba de terminar, nos dice que la Guardia Costera estadounidense interceptó una embarcación con 54 migrantes dominicanos y 4 haitianos en aguas puertorriqueñas.

Y así, si seguimos escudriñando las páginas interiores de los diarios, nos vamos a percatar de un incremento crítico de los intentos ilegales de los ciudadanos dominicanos por abandonar el País; claro ningún medio de prensa se ocupará de averiguar, si hay un incremento entre los migrantes legales con acceso a dejar el suelo dominicano.

En definitiva, el dominicano pierde la esperanza de una vida mejor en su propio suelo; buscando una salida desesperada en aventurados viajes ilegales, que nadie es capaz de predecir el fin que tendrán.

Mientras esto sucede, el gobierno encabezado por el Lic. Luis Abinader, sigue un impertérrito rumbo de promesas de campaña, ahora afilando espada para una reelección a dos años de distancia, en la que tienen fe solo sus funcionarios.

Es muy lastimoso, que el Mandatario no vea la realidad del país, mientras disfruta su sueño idílico. Él, debe entender que ningún dominicano escaparía del paraíso que él pinta, si este fuera una certeza.

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