Emelda Ramos

Por Ramón Saba jueves 1 de febrero, 2018

Nació el 16 de septiembre de 1948, en San José, municipio Salcedo, de la hoy provincia Hermanas Mirabal. Su nombre completo es Ana Emelda Ramos Concepción.

Poeta, narradora, investigadora, ensayista y educadora. Originalmente partió hacia Santo Domingo  (1966) para ingresar al Colegio Universitario en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), pero un año después, decidió seguir su vocación de maestra, ingresando a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), para estudiar Educación, Mención Filosofía y Letras.  En 1970 comenzó a enseñar en el Liceo Secundario Emiliano Tejera de Salcedo,  a trabajar como gestora cultural y a asumir su labor creadora. En 1980, obtiene beca para el Seminario Mundial de Educación en Fontenay-So-Bois, en París, Francia. Estudió Bibliotecología en la Universidad Católica Madre y Maestra (1981-1982) y en la Universidad Mundial (1984-1986). Ha laborado como directora de la Escuela de Lenguas Modernas de la Universidad Católica Nordestana (UCNE).

Emelda Ramos posee un importante haber bibliográfico, integrado por varios géneros literarios, cuyos títulos a saber son: “El despojo, o por los trillos de la leyenda” (novela); “De oro, botijas y amor” (cuento); “Angelario urbano” (cuento); “Los oficios y placeres de Miralvalle” (cuento); “Ochenta cuentos de oro” (cuento); “Delia Quesada, pionera de la dramaturgia infantil” (ensayo); “Antología de cuentistas dominicanas, Siglo XX” (antología);  “Voces infantiles cuentan: tradiciones y leyendas puertoplateñas” (ensayo); “Retratos-crónicas: Aida Cartagena, Hilma Contreras, Juan Bosch, al aguafuerte”, “El cuaderno de la rosa” (literatura infantil); “El último Aon (literatura infantil) y El Quijote de las auyamas (literatura infantil). También ha incursionado en la mini ficción. Parte de la valiosa producción literaria de Emelda Ramos, específicamente sus leyendas y tradiciones sobre costumbres campesinas criollas, aparecen en importantes antologías nacionales e  internacionales, las que han sido traducidas al inglés, italiano, y al braille.

Emelda Ramos ha sido reconocida y premiada en múltiples ocasiones, siendo los más relevantes haber obtenido el  primer lugar en el concurso literario del Ateneo Hermanas Mirabal, de Salcedo, en el año 1983, por su novela “El despojo, o por los trillos de la leyenda”; En 2004, la Secretaría de Estado de Educación le otorgó la distinción Salomé Ureña por su contribución a la Educación y Cultura Dominicana;  en 2009, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Recinto Santiago), le concedió distinción al mérito Virgilio Díaz Grullón, por sus cualidades y aportes a la narrativa dominicana; en mini ficción obtuvo menciones en los primeros concursos Ciudad del Ozama, 2010 y 2011; en México, 2012, el de Nanocuentos de fantasmas y mutantes y en 2014 recibió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades, otorgado por el Consejo Académico de la Universidad Católica Nordestana (UCNE).

La poeta Dulce Ureña recuerda perfectamente el quehacer y el andar de quien fuera su maestra de arte dramático, en séptimo curso de la secundaria: Emelda Ramos. Su decisión y sus estímulos, junto al de otros maestros salcedenses, sembraron el ella el interés por el arte, que luego germinó y dio sus frutos. Auscultada entre sueños, ideas, soles y esperanzas, era evidente en Emelda Ramos el atrevimiento de quien ve detrás de los andamios, lo que otros obvian. Con un corazón luchador y abatido que, si bien se busca, también se encuentra. Como escritora, Emelda hoy, vuelve a vivir en cada letra, su verdadera esencia.

 Finalmente el escritor y médico Pedro Camilo nos dice que recuerda a Emelda Ramos con mucha gratitud. Le agradece las primeras orientaciones, cuando en el año 1980, empezó a escribir cuentos. Entonces Emelda era una reconocida educadora que ejercía su vocación magisterial en el liceo de Salcedo. En esa época ella estaba dedicada a investigar el realismo maravilloso. A la sazón, escribió “Por los trillos de la leyenda”, cuyo personaje central es “Caco e’ Nima”, un muerto que aparecía en los predios de Ojo de Agua.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un cuento de Emelda Ramos:

“Nueva York, mi primer octubre”

(Angelario urbano)

 Últimos éramos en el vagón del subway. De pie yo, él sentado enfrente, solo nos separaba el instrumento que, en su estuche humaniforme, sostenía entre las rodillas y que, al compararlo con mi estatura, supe que era un violonchelo de 3/8.

Él siguió el curso de mi mirada, sonrió y tocó en el bolsillo de su gabardina beige un programa, acaso un destino: Carnegie Hall—. Conciertos de Otoño.Yo no sonrío, pero toco en mi bolso de leather mi tarjeta de residencia falsa.

Gestos automáticos de quien aborda un tren como este que, atestado de gente, arranca como de pique y en el traqueteo entreabre mi abrigo…Ahora es él quien me mira -minifalda café, muslos canela—. Una y otra vez me mira, golosamente me mira y su sonrisa, a despecho de la bella, breve barba, me convence: ambos tenemos pocos años, más de veinte, distintas lenguas, mares y cielos atrás, horizontes en clave de sueños y un hondo mundo de temores.

Los míos, debo ocultar que llegan al terror cada vez que abordo esta subterránea, siniestra, nube de fierro, de la cual nadie me advirtió que dependería para sobrevivir en la urbe de las urbes…Ni qué hablar del otro pánico, el de andar con nombre arrendado por un tiempo y el espanto de que en cualquier momento algún fatal me reconozca y me llame por el mío, el que allende el mar quedó ahorcado en el diploma que cuelga en la pared de la vieja casa, el nombre del que debo olvidarme desde hoy, desde que pague y recoja en la oficina del abogado mi nueva falsamente verdadera identidad.

 

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