El voto popular

Por Manuel Hernández Villeta martes 30 de junio, 2020
El único camino viable para  alcanzar el poder, es el voto popular. Cualquier otra acción que ponga en peligro el derecho del ciudadano a escoger y ser electo, es un tremendismo, impropio de una era civilizada.

En el país en muchas ocasiones se violentó el orden institucional, se echaron las elecciones al zafacón y se hicieron farsas donde se trataba de mantener en el poder a gobiernos impopulares y dictatoriales.

Un claro ejemplo es la dictadura de Rafael L. Trujillo Molina, que hacia una fiesta malsana de las elecciones, donde participaba un solo partido, y a los ciudadanos se les obligaba a seleccionar a un títere del tirano.

Las libertades públicas de que goza hoy el país no han sido un regalo de nadie, sino de la lucha constante de mujeres y hombres que abonaron con sus restos el árbol de la democracia.

No se olvide que la revolución de abril del 1965 fue uno de los efectos colaterales del golpe de Estado de 1963. La unión de civiles y militares dio paso al grito de retorno a la constitucionalidad sin elecciones, que termino en la lucha armada.

Los norteamericanos  intervinieron en la República Dominicana por segunda ocasión, para evitar el triunfo de los constitucionalistas. Luego se cayó en la etapa de los llamados doce años de los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer.

Con miras a las ya próximas elecciones presidenciales y congresuales, es necesario evitar caer en la crisis política. No se cuenta ahora con los mediadores tradicionales que eviten los enfrentamientos  y las explosiones sociales.

Ya  se encuentran retirados el Cardenal  Nicolás de Jesús López Rodríguez y monseñor Agripino Núñez Collado, pero han surgido las altas cortes. En vez de los pleitos callejeros, estos tribunales son los encargados de conocer todas las instancias  en torno a posibles irregularidades electorales.

Lo que se debe garantizar para estas elecciones, es que haya una Junta Central Electoral fuerte y poderosa, que pueda lidiar con las presiones, y que actué con imparcialidad y objetividad. Los integrantes de la JCE pueden realizar ese trabajo, a pesar de  fallas anteriores.

No hay ninguna otra organización, nacional o internacional,  con capacidad y derechos constitucionales, para organizar las votaciones y proclamar a los ganadores. Vamos a dar respaldo a los jueces electorales para hagan su trabajo. Luego  pasemos revista a cómo se desarrolló el proceso. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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